Colombia: en la peligrosa ruta hacia la ‘tierra prometida’

Colombia: en la peligrosa ruta hacia la ‘tierra prometida’

23 de junio del 2014

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Para salir de Ecuador necesita unos 100 dólares. Ya gastó lo más, no se va a asustar con lo menos, ¿verdad? No me va a decir que salió de Cuba para quedarse acá o para pasear por Quito y volver al avión. Ponga mucha atención, si se equivoca lo deportan. Sale de Quito a las 6 de la mañana hacia Ipiales. El pasaje le cuesta 50 dólares y el viaje no es muy largo; unas cinco o seis horas.

En Ipiales, que ya es Colombia, se queda en este hostal, que ya le doy la dirección, y ahí le cobran unos 17 dólares. Tiene que ser en el que le digo porque queda ahí pegadito al terminal. Ya instaladito llama a Miguel*. Es el primer coyote que se encontrará en este paseo hasta arriba.

Miguel lo contacta con el transporte que lo llevará de Ipiales a Medellín. Usted le da 30 dólares porque él le consigue rebaja del pasaje que cuesta 40 de los verdes. Si tiene pasta de sobra, paga los 40 dólares, pero no se vaya a montar al bus dentro del terminal. Lo mejor es que Miguel hable con el chofer para que lo recoja afuera. Hay mucho policía pendiente, y si lo descubren, se le acabó el viaje.

Si se encuentra con más migrantes ni de vainas vayan juntos al terminal. Aborden el bus como si no se conocieran. El viaje desde Ipiales a Medellín es largo. 20 horas más o menos. Lleve agua y comida ligera como galletas de dulce y de sal, chocolates, pan, atún… Y si al caso lo llegan a detener a las afueras del terminal de Pasto, porque ya ha pasado, con unos 50 dólares arregla a la policía. Ahí es también recomendable la mano mágica de Miguel. Él ya habrá alertado al chofer sobre su historia, y hará que usted lo espere en un lugar a las afueras del terminal para que no pase por el retén. Amigo, tiene que confiar en él.

Llegará a Medellín en la siguiente mañana. Busca un taxi que lo lleve a la terminal del norte. Va a la ventanilla que venda pasajes para Necoclí. Alista 30 dólares, que ya habrá cambiado por pesos, y los regatea para que lo lleven por menos. Si coge el bus de la madrugada estará llegando al medio día. Buena hora.

No todo está ganado aún, amigo. Antes de Necoclí, en Turbo, puede haber un retén fuerte, aunque a veces no está. Si lo cogen tiene que bregar a sobornar a los policías. Ellos no ponen problema si le pasa en su mano unos 50 de los grandes. ¡Ay!, se me pasaba: ni de fundas olvide llamar desde Medellín a Leonardo*. Acá le anoto su número. En cualquier minutero le marca; eso le vale algunas monedas. Él lo esperará en Necoclí a las 12 del día, lo lleva un hospedaje en un rancho y por la estadía le saca unos 300 dólares. Pídale rebaja; Leonardo no es jodido.

Él también le ubica el lanchero, que cobra 350 dólares por todo el viaje por mar. En esas pangas caben varios migrantes; les sale barato el paseo si entre todos lo pagan. Leonardo trabaja con el Mono*, el tipo que negocia con los paras y la guerrilla porque cuando ellos se enteran de algún lugar por donde salen cubanos, les piden a los lancheros una vacuna. Eso pasa en Buenaventura. También en Turbo, pero en Necoclí casi no se ve. Por eso lo estoy mandando para allá. Le voy a contar un secreto: si llega a Sapzurro o Capurganá, usted habrá coronado gran parte del viaje. Entre Necoclí y Sapzurro hay tres horas de viaje; es un poco mamón si el oleaje está duro.

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Entre enero de 2012 y enero de 2014, las autoridades migratorias colombianas han identificado 1.256 casos de ciudadanos extranjeros que, de forma irregular, atraviesan nuestro territorio en busca del sueño americano.

Colombia es país de tránsito por excelencia para cubanos, chinos, nepalíes, bangladesíes, somalíes, keniatas, etíopes, indios, libaneses y ecuatorianos que se arriesgan a la suerte de traficantes de personas con tal de llegar al otro lado del Rio Bravo.

Los cubanos han sido identificados como el grupo migratorio que más utiliza nuestro territorio en su ruta hacia los Estados Unidos. Desde 2012, al menos 598 ciudadanos disidentes del régimen castrista han tratado de cruzar, sin éxito, por Colombia hacia Centroamérica.

Sergio Bueno, director de Migración Colombia, explica que los migrantes irregulares, a quienes identifica como víctimas, cuando son cubanos tratan de llegar desde Brasil, las Guayanas o Ecuador a través de organizaciones delincuenciales que les cobran entre 8 mil y 10 dólares por garantizar su llegada a Miami, donde con solo llegar ya son tratados como refugiados.

Tan costosa y peligrosa travesía implica que un ciudadano cubano deba vender todas sus propiedades en la isla, ahorrar por mucho tiempo y hacer trabajos clandestinos, pues el sistema económico le impediría contar con esa suma como lo puede conseguir un ciudadano de otro país del globo. En la mayoría de los casos, los migrantes firman cheques en blanco con sus ‘coyotes’, quienes después les cobran con esclavitud, prostitución o trabajos forzados su favor de pasar al coloso del norte.

“Los migrantes son víctimas de organizaciones que se dedican a explotarlos y que buscan simplemente pasarlos por territorio colombiano. En 2007 se empieza a notar ese fenómeno, que se incrementa en 2010 debido a la flexibilización de otros países frente a sus restricciones migratorias”, explica Bueno sobre el tráfico ilegal de personas que en casi su totalidad solo quieren recomenzar su vida el Norteamérica.

Migración Colombia es un muy joven organismo de la Cancillería. Empezó a operar en 2012 a partir de la supresión del DAS, y varios de los funcionarios que se encargaban de asuntos migratorios pasaron a la nueva entidad. A su llegada encontraron varios vientos en contra para evitar el masivo tránsito de ciudadanos asiáticos, africanos y algunos latinoamericanos por Colombia hacia el norte. Por ejemplo, en 2007 Colombia había eximido de visa a los ciudadanos chinos, lo que detonó la llegada de muchos de ellos para después embarcarse en un viaje ilegal por el continente. Unos tres meses después la medida fue reversada por dicha situación.

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En 2008 fue Ecuador el que eliminó las visas para ingresar a su país, como una de las políticas de Rafael Correa a favor de la integración de su nación al mundo. Al ver que la llegada de ciudadanos irregulares se incrementó, Quito decidió imponer restricciones de ingreso a personas de ciertas nacionalidades.

Aunque en 2012 se atajó el flujo de ilegales por nuestro país, el incremento de migrantes cubanos se hizo evidente. La mayoría viaja de La Habana a Quito. Allí ya se contactan con el jefe ‘coyote’ quien les explica el tramo hasta Estados Unidos. La historia que usted leerá a través de este reportaje de KienyKe.com es el testimonio dado a las autoridades por uno de esos traficantes de personas, quien describió paso a paso las indicaciones que daba a los inmigrantes cubanos que arriesgan su vida por el que ellos consideran un paraíso.

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Sapzurro está pegadito a Panamá. Solo hay una montaña que los separa. Cuando llegue allá, usted reconocerá a un peladito de unos 15 años que le indicará el sendero para subir la loma. Es empinada, y con el calor del día se hace insufrible. Son como 40 minutos a paso lento, haciendo estaciones por ahí cuando se sienta asfixiado. Con agüita resiste más. Arriba hay un puesto de control en el que solo le piden esta cédula. No hable mucho para que no le sientan un acento raro. Solo pase la cédula, descanse un rato ahí, y comience a bajar.

Usted llegará a La Miel. Buscará transporte para salir a Puerto Obaldía y ahí se queda un rato. Disfrute el paisaje, es bonito. Mientras tanto llama a reservar un vuelo a Ciudad de Panamá. Este contacto le ayudará a conseguirlo. Es baratico, como 80 o 90 dólares. No se me amañe mucho en Puerto Obaldía, que si hay paisajes y mujeres lindas, también todo le va a salir muy caro. Cuatro dólares un almuerzo bien feíto. 10 dólares el más baratico hostal donde nomás hay luz de seis de la tarde a seis de la mañana.

Cuando coja avioneta a ‘Panama City’ no se asuste en los controles de papeles que le pidan. En 30 minutos máximo lo dejarán seguir. Usted sale del aeropuerto y a la derecha, en la acera del frente, coge un bus hasta el terminal. Allá usted mismito busca un transporte que lo deje en cualquier pueblo de la frontera con Costa Rica, y le vale unos 17 o 20 dólares.

Pasar a Costa Rica es muy sencillo. No se vaya a dejar embolatar, amigo. Paso Canoas es la población más aconsejable. Espera a que inmigración de Panamá le abra las puertas formalmente y si se hacen los difíciles, pues se pasa por donde hay unos restaurantes y tiendas, una trocha corta y ahí está: una avenida medio descuidadita que ya es nica.

En Costa Rica hay una oficina de extranjería que atiende desde las 9 de la mañana. Presenta su pasaporte, identificación cubana y listo. Hágale ojitos a la chica de inmigración, porque a veces dicen que la cita para legalizar su tránsito se la expiden hasta dentro de tres días. Ni de locura les vaya a pelear, porque le pueden hacer esperar hasta una semana. Pilas que en Costa Rica ya hay cambio de hora.

Esa legalización es pan comido. Luego coge un bus a San José, la capital, por el que le cobrarán 16 dólares. Son casi 10 horas de viaje. Es mejor que salga madrugado.

Ya en San José no se ponga a perder tiempo. Vaya a la terminal de transporte y busque la ventanilla Deldu, que son los que van a Peñas Blancas, o sea la frontera con Nicaragua. El riesgo en Costa Rica es por un pueblo llamado La Cruz. Ahí sí que paran buses y hacen revisiones. No hable por el camino para que no le sientan el tonito extraño; si por alguna razón lo paran y le piden papeles, diga que va de paso hacia Nicaragua, donde algún familiar o de turismo. No es tan fregado convencerlos. A veces le retienen el pasaporte, y por eso debe andar con las copias que le pasé bien escondiditas. Si todo sale bien en la frontera puede llamar a Mario*.

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De los 1.256 migrantes ‘pillados’ en nuestro territorio, 952 iban viajando por tierra, 241 pretendían pasar a Panamá por mar y 283 evadiendo controles en los aeropuertos. De acuerdo con Sergio Bueno, el director de Migración Colombia, el ingreso a Colombia se evidencia en las fronteras de Ecuador con Nariño, también en el sur entre Brasil y el Amazonas, en las costas del Pacífico que incluyen a Cauca, Valle del Cauca y Chocó, y la frontera que conecta a Norte de Santander con Venezuela.

La mayor ruta migratoria es por el occidente. Grupos humanos ingresan por Nariño y se encaminan hacia el norte hasta Medellín. Allí vuelven a tomar camino, puede ser por selva o por carretera, hasta el Urabá antioqueño.

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Las modalidades varían de acuerdo a la capacidad criminal de los ‘coyotes’. Algunos los acompañan en rutas terrestres por carreteras seguras, en las vías convencionales, que conducen hasta las fronteras en el norte de Chocó. El riesgo evidente es caer en manos de autoridades migratorias. Muchas otras veces son aventurados a tomar camino por las selvas de noroccidente, atravesando ocultamente el agreste Darién.  Se enfrentan entonces a ambientes extremos, peligrosos animales y hasta delincuentes armados que podrían atracarlos, secuestrarlos o asesinarlos.

“Hay coyotes en cada país. Cada coyote es líder en su territorio y están en comunicación entre ellos. Por eso la labor migratoria debe estar articulada entre varios países. Con nuestros aliados hemos desarrollado la Red Iberoamericana de Autoridades Migratorias y nos intercambiamos información para que caigan las redes”, asevera el funcionario.

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 Mario trabaja como conductor y es taxista. Conoce carros para acarreos y es un coyote que se limita a hacer lo que le pidan. Si quiere irse de turista por Nicaragua, él lo contacta y lo hace. Si lo que quiere es pasar rápido a Honduras, esa es su especialidad. Él sabe los movimientos de los agentes migratorios y evitará que lo cojan a usted. Si se deja agarrar, lo devuelven para Costa Rica; no les gusta dejar que pasen inmigrantes hacia tierra gringa. El transporte allá sale muy barato, como entre 5 o 10 dólares, pero tienes que dejarle algo a Mario. Le aseguro que con él llega sano y salvo a Guasaule, a un paso de Honduras.

Mario lo contacta con alguien en Honduras que lo llevará por bus a la frontera con México por 60 dólares y le permitirá descansar un rato por sumas económicas también. Si de pronto él arma un grupo grande, les sale más barato el pasaje.

Usted en Honduras tiene que decir que va de tránsito. Mire que ese país es un alivio porque tiene acuerdos migratorios con Estados Unidos para dejar de libre tránsito a los cubanos. Si creen que usted quiere quedarse allá, lo deportan o le exprimen una buena cantidad de plata. No haga la maña.

A Tegucigalpa usted dura unas siete horas de camino. Ahí mismito lo embarcan en flota hasta Aguas Calientes, en frontera con Guatemala. En Guatemala no ponen tampoco problema fronterizo, y en el peor de los casos en algún reten lo bajan y le toca caminar otro poquito y pagar otro bus. En Guatemala, como en México, encuentra casas de migrantes donde le dan comida y hospedaje gratis hasta por tres días. Muchas son iglesias. Puede hablar con otros migrantes que le contaran las rutas que ellos hicieron y se dará cuenta que la que yo le doy es la mejor.

Usted, amigo, tiene la bendición de ser cubano. Le abre muchas puertas y no le ponen tanto problema las autoridades migratorias. Aunque hay riesgos por deportación, desde que usted pase la línea del río Bravo, ya puede sentirse gringo. En Estados Unidos, ojalá por Florida, usted es el que manda gracias a su identificación cubana. Le dan residencia temporal y dolaritos para que coma en McDonald’s. Acuérdese que los cubanos, cuando entran a Miami así sean ilegales, son tratados como refugiados gracias a la rabia que le tienen a Castro en la Casa Blanca. Usted se volvería una víctima allá; lo cuidarían, le dan comidita y los primeros meses hasta lo afilian al sistema de salud mientras le enseñan como tener estatus migratorio. Ese premiecito se lo gana si es capaz de soportar las semanas de viaje que le esperan.

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A pesar de contar con 35 puestos de control en aeropuertos y terminales marítimas, fluviales y terrestres, Migración Colombia encuentra cada vez más rincones dentro de las fronteras porosas que se escapan de su ojo vigilante.

KienyKe.com visitó puertos en Turbo (Antioquia), Capurganá y Sapzurro (Chocó), donde evidenció que, a pesar de la presencia de los agentes migratorios, es muy fácil que lanchas de pasajeros evadan los controles y hagan desembarcar a sus traficados en zonas selváticas, por donde pueden caminar un par de horas y llegar sin dificultad a la frontera con Panamá.

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Este medio digital también comprobó que en el puesto de control fronterizo hay presencia de agentes tanto colombianos como panameños. La vigilancia es compleja en este lugar, pero descuida la amplitud de las montañas o del mismo mar por el que a diario pasan turistas en al menos una panga (embarcación de transporte rápido marítimo) cada 15 minutos.

“Colombia ha avanzado con sus países vecinos en asegurar las zonas de integración fronteriza donde hay libre movilidad. Lógicamente, hemos venido proyectando una infraestructura que nos permita generar mayor control en zonas porosas. La infraestructura que hay son centros nacionales de atención donde hay flexibilidad de movilidad, lo que no implica que no haya posibles zonas vulnerables”, indicó.

La mayoría de víctimas son llevadas por caminos clandestinos hacia Panamá. Otros son dotados con documentación falsa y, aunque logren evadir algunos controles transitorios, casi siempre son detenidos en verificaciones de puestos de control migratorios.

Además de los riesgos de seguridad, los migrantes se enfrentan a un peligro potencial: ser estafados. Hay viajes que son sumamente costosos, como la ruta china que cuesta hasta 60 mil dólares para llegar a Estados Unidos.

Muchas veces los engañan y los dejan a su suerte en terrenos agrestes hasta que, si tienen fortuna, son encontrados por autoridades migratorias. Hay casos de familias enteras, con menores o adultos mayores, que hacen largos viajes de semanas desde Asia o África, que lo dejaron todo, la riqueza que tenían en sus tierras por otra tierra prometida, pocas veces alcanzable y casi siempre tan peligrosa, que hasta les cuesta la vida.

Twitter: @david_baracaldo

*Las identidades de los coyotes fueron reemplazadas por nombres ficticios.