Moravia: el barrio que floreció sobre una montaña de basura

Moravia: el barrio que floreció sobre una montaña de basura

7 de Diciembre del 2014

En pleno centro de la segunda ciudad más importante de Colombia se alza un barrio construido sobre incontadas toneladas de basura.

Los desperdicios fueron tantos que acumulados formaron una montaña. Sobre ella también se construyeron viviendas.

Sus zigzagueantes calles forman senderos estrechos y errantes, que de repente se convierten en laberintos sin salida. Las casas son altas pero angostas; tienen tres o cuatro pisos y en cada una pueden vivir más de cinco familias.

Moravia es un barrio de Medellín que ocupa unas 42 hectáreas. En él viven más de 37 mil habitantes y se reconoce como la comunidad más densamente poblada de Colombia, la segunda en ese ranking de Latinoamérica y solo comparable con bastos conturbados de Brasil y China.

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En los años 50, cuentan sus pobladores, el terreno actual del barrio solo era de potreros atravesados por el Río Medellín. Zona apetecida por los paisas para sus dominicales paseos de olla, y sendero por el que transitaba el antiguo tren. Crecían frondosos palos de mango, mora y otros frutales que daban sombra a quienes disfrutaban su picnic.

En 1956 se registraron las primeras construcciones fundadoras del barrio, a orillas del tren y del río. Entonces nació Moravia.

La mayoría de terrenos era propiedad de las élites locales. Pero al ver las oleadas poblacionales, de incontables desplazados y ciudadanos marginados, los ricos prefirieron mudarse al sur, a lo que hoy es El Poblado, y abandonar este sector a las industrias y las muchedumbres.

Esa decisión sería definitiva cuando en los 80 se acentuó la influencia de las guerrillas del M19 en Medellín, y el narcotráfico lanzó sus garras sobre los pobres del conturbado.

La ciudad crecía hacía el sur. Para entonces, en la zona de Moravia se formó un botadero de basuras que era alimentado por los desperdicios de Medellín y los diez pueblos que hoy rodean el área metropolitana del Aburrá.

En 1977 un decreto graduó al lugar como botadero municipal, hasta cuando no hubo más espacio para seguir contaminando. El 14 de abril de 1984, recuerdan los vecinos de Moravia, la alcaldía de Medellín puso fin al uso del lugar como relleno sanitario y lo reemplazó por la Curva de Rodas, en la autopista que comunica a la capital de Antioquia con Bogotá.

Antes de seleccionar la nueva cloaca, algunos políticos estuvieron a punto de mover solo algunos metros la ubicación del basurero, y por poco inauguran un nuevo relleno en la zona que hoy ocupa la Comuna 5.

Lo que quedaba de basurero estaba siendo invadido por miles de personas que llegaban a la ciudad víctimas del desplazamiento, inicialmente el causado por la violencia bipartidista. Encontraban una mina de oro, en vez de un morro de suciedad. Estaba muy cerca del centro de Medellín, y consideraban que sobre las sobras de sus vecinos paisas había ropas por reutilizar, comida que aún sabía bien, chatarra para construir sus ranchos, y algunas piezas de valor que por accidente terminaron en las bolsas negras.

Moravia, Medellín

Calles de Moravia, justo el día en que jugaba en Medellín el Atlético Nacional.

Las gentes de la ruralidad antioqueña, miles de desplazados del Chocó, el Valle del Cauca y Cauca, y algunos de Medellín que por los azares de la vida quedaron en la calle, se fueron acercando a los terrenos que tenían debajo cantidades de desechos industriales y del hogar. Al encontrar zonas sólidas, armaron sus ranchitos.

Los más afortunados encontraron morada en las faldas de la montaña de basura, a orillas del río. Muchos otros se confiaron en la solidez de la fétida colina, y empezaron a sellarla con tierra hasta sentirla suficientemente compacta para clavar las latas y maderas que les servirían de paredes, puertas y columnas de sus hogares.

La montaña alcanzó a tener 4.265 familias viviendo sobre ella. Las viejas imágenes la muestran como una de las favelas de Brasil, solo que más compacta y amontonada.

Orley Mazo, uno de los líderes comunitarios de Moravia quien lleva 25 años viviendo allí, asegura que su barrio consiguió estar habitado hasta por 45 mil personas. La gran mayoría vivían del reciclaje y la economía informal. Los que se colonizaron en las laderas sostuvieron sus superviviencia con chatarra y lo que encontraban en sus fortuitas excavaciones.

Quienes se asentaron en las partes bajas, abrieron comercios y hoy mantienen uno de los pasajes a los que el resto de Medellín reconoce como mercado de las pulgas, puestos de cachivaches y cacharrería.

Moravia, Medellín

Restos de viviendas que han sido desalojadas de la montaña de basura en Moravia.

“El nuestro es el mejor barrio de Medellín. Tenemos una ubicación estratégica, en medio de la famosa Avenida Carabobo, la vía Medellín-Bogotá, y la carrera 57. Aunque nuestra densidad poblacional es de 12 habitantes por metro cuadrado, y el barrio está sobre las basuras del Aburrá, en realidad lo que nosotros encontramos hace varios años fue un morro de oro, que luego se superpobló. Pero fuimos una de las poblaciones donde el reciclaje comenzó en Colombia como sustento de vida. Y tenemos una historia rica en cultura y mística”, dice Orley.

El barrio al que quiso Pablo Escobar

En la parte más céntrica del barrio, a donde pocos llegan por azar, se encuentra una gran cancha de fútbol, hoy encerrada y mejorada con pasto sintético. Es uno de los tesoros de Moravia. Fue un potrero de nadie y de todos a la vez.

Le armaron arcos con palos y se encontraban los ‘combos’ de diferentes rincones del barrio para jugar un ‘chico’ en el único terreno amplio, donde el balón podía rodar sin tropiezos.

A mediados de los 80, quien sería el mayor ‘narco’ de la historia global, Pablo Escobar Gaviria, arrancaba una campaña popular para conseguir una silla en el Congreso de la República y escogió a Moravia como uno de sus caballos de batalla.

Les arregló la cancha de fútbol; le puso alumbrado y arcos. Propuso un plan de vivienda para las familias que sufrían el más alto riesgo por vivir sobre la montaña y les gestionó el alcantarillado.

Hoy todos sus habitantes reconocen el legado del ‘Capo’, pero son tímidos al referirse a este; se sienten estigmatizados, y quieren opacar el lugar común por el que muchos en Medellín los reconocen.

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Duván Londoño, antropólogo y vecino de la Comuna 4 (a la que pertenece Moravia), recuerda que el barrio quiso tanto a Escobar que varios de sus habitantes tienen en sus altares fotografías del ‘Patrón’. “Hay una historia muy recordada, y es que Escobar estaba incómodo y molesto por la situación que sufrían las familia en el morro. Así que empezó la construcción de un proyecto de vivienda, con plata de él. Pero cuando mataron a Rodrigo Lara Bonilla (1984), esa misma noche se esparció el rumor de que Pablo lo había mandado matar. Entonces mucha gente de Moravia salió de sus ranchos a ocupar el nuevo barrio que él les estaba construyendo, para cuidarlo y defenderlo de quienes querían vengar la muerte de Lara quemando las nuevas obras de Escobar”, recuerda.

Moravia, Medellín

El barrio tiene una gran cantidad de niños, todos con acceso a educación básica.

El legado del capo es apreciado por los lugareños. Pero luego de arreglar la cancha, y ante la intempestiva mezcla de múltiples culturas, fue incontenible que en tan pequeño barrio se presentaran varias guerras entre grupos por diversas motivaciones. Las principales fueron control territorial y la contaminación que la droga hacía sobre estas tierras.

Una de las batallas más recordadas fue la librada entre dos sectores culturales de raza negra. Los del Oasis, principalmente poblaciones afro del atlántico y Urabá, contra los del ‘Chocó Chiquito’, una franja de montaña ocupada por migrantes del Pacífico. Libraron violentas guerras para controlar a Moravia y quedarse con el imperio de la principal cancha de fútbol; la misma que les arregló Pablo Escobar.

Pero el botín, que era el polideportivo, terminó siendo el banderín de la paz. Cansados de la guerra, líderes de los dos grupos decidieron armar un torneo llamado ‘El partido de las locas’.

Ninguno de los dos bandos podía pisar el apetecido estadio si no se presentaba a jugar disfrazados de mujeres. La idea les gustó a los grupos en disputa, y quizá en Moravia se vivieron las primeras justas de hombres travestis, que al menos se tomaban en serio su papel en el terreno de juego, en el que ya no importaba el gol, sino las carcajadas por la inédita recocha.

Justo en Moravia, Pablo Escobar lanzó su plan Medellín Sin Tugurios, un intento en vano por sacar de la miseria a quienes todavía la resisten allí.

El comienzo de la resistencia

Orley cuenta que hay varios relatos sobre el origen del nombre de su barrio. Dicen que cuando en los 70 se iban instalando más y más personas sobre el basurero, y muy cerca a la vía del tren, los vecinos del lugar consideraban que la gente se quedaba a “morar sobre la vía”, a lo que contrajeron como “Morarvía” y luego Moravia.

Otros cuentan que ese sector fue un antiguo valle de frutales, incluyendo moras, así que terminaron por decir que era el sendero de las moras sobre las vías del tren. De nuevo, con contracción incluida, nace Moravia.

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Y un relato más asegura que antes a nadie se le negaba la morada en esta zona. Quien llegara a colonizar, podía armar su parcela sin complicación alguna. “La gente decía: múdese para allá, dónde “morar había”. Entonces quizá esta sea otra posible opción del origen etimológico de la expresión.

Moravia

En varias partes de la montaña hay escombros de casas desalojadas. Los niños los aprovechan para jugar.

Y luego surgieron más mitos sobre la masiva proliferación poblacional, entre quienes poco apostaban por la supervivencia de un pueblo que dormía sobre un basurero.

En los 80, 90 y comienzos del nuevo milenio se intentaron varios planes de reubicación de las miles de familias que se aferraban al morro, desconociendo cualquier riesgo de seguridad y salud. Una montaña formada por desechos de todo tipo, probablemente no suene como el sitio más seguro para habitar.

Aunque los vecinos de la colina lo niegan, en esa zona se registraban constantes incendios alimentados por los gases aprisionados entre las subterráneas capas de desechos. Además, los lixiviados podría ser foco de enfermedades y envenenamientos, pero incluso las personas encargadas de la promoción de la salud en Moravia lo niegan.

Francisco Legardo, coordinador de la Mesa de Salud de Moravia, dijo a Kienyke.com que la mayoría de problemas de salud que se registran en el puesto de atención primaria del lugar, “tiene que ver con hipertensión en adultos mayores. Se atienen a 220 personas diariamente y la mayoría son controles por molestias o accidentes, pero no por epidemias causadas por la contaminación. A veces creemos que la Administración (Municipal) tomó ese argumento como pretexto para desalojar a la gente de acá. Pero pedimos pruebas a través de un estudio, y todavía no hemos recibido la respuesta”, dijo Legardo.

En cambio, muchos problemas sanitarios sí son provocados por las condiciones de hacinamiento de las familias. La mayoría de casos son por tuberculosis.

El antopólogo Duván Londoño  recuerda que se han hecho numerosas campañas, por más de tres décadas, para conseguir el desalojo de los habitantes de la montaña de basura. La mayoría de esfuerzos, incluyendo el de Escobar Gaviria, resultaron fallidos.

Solo hasta 2005, el gobierno de la ciudad logró concertar un plan de reubicación y consiguió sacar del morro a más de cuatro mil. Hoy quedan unas 140 casas por desalojar.

Kienyke.com habló con uno de los propietarios que se resisten a abandonar su casa. Se trata de Miguel Ángel Hernández, quien lleva 30 años viviendo sobre el morro en una casa de dos pisos, pero con varias habitaciones que usa para arrendar, y le generan los ingresos para su supervivencia.

“Es que nos quieren reubicar donde a ellos se les da la gana. Nosotros queremos que nos reubiquen en el mismo barrio, pero ellos nos quieren mandar para las periferias. Yo construí esta casa y en ella habitamos cinco familias. Desde hace ocho años nos quieren desalojar, y mandar para una casa muy lejos de acá. Además nos piden pagar una parte de dinero por esa casa nueva. Son muy puercos”, aseguró.

Moravia, Medellín

Más de 200 familias se resisten a abandonar el morro. 

“Nosotros ya sabemos que ellos quieren hacer una zona turística y un centro comercial en esta montaña. Como somos pobres, entonces no valemos y nos mandan lejos”, dijo molesto.

Hasta el momento no se ha oficializado ningún proyecto industrial o comercial en el cerro; lo que se ve es un naciente jardín que floreció sobre los escombros y desperdicios.

Moravia, Medellín

Centro Cultural de Moravia, una obra del maestro Rogelio Salmona.

El nueva cara que florece

Moravia sigue siendo el barrio sobrepoblado, diverso y ruidoso de siempre. Su cara, no obstante, ha cambiado por numerosas intervenciones políticas, sociales y culturales, que comenzaron con la reubicación de familias del morro, y siguieron con la inauguración de uno de los centros culturales más emblemáticos del Valle de Aburrá.

Con apoyo de Comfenalco Antioquia, la alcaldía de Medellín construyó un complejo de artes, memoria y cultura basados en una obra de Rogelio Salmona. El edificio queda sobre la avenida Carabobo y mantiene sus puertas abiertas para quienes quieren conocer la historia y riqueza humana de Moravia.

Comfenalco, la caja de compensación más importante de Antioquia, también acompaña la intervención de recuperación ambiental que se registra en la colina de basura.

Moravia, Medellín

Jardinería en la colina de la basura, en Moravia

Jardineras trabajan de lunes a sábado sembrando un tapete de plantas y flores que, además de embellecer el morro, les ayuda a la descontaminación subterránea.

Rosa, una de las mujeres que se encarga del vivero y las flores en la colina, recuerda que hace un tiempo vivió allí, pero que se reubicó por una oportunidad de vivienda que les interesó a ella y a sus hijos.

En la montaña siembra unas 50 especies de plantas ornamentales, que son capaces de resistir las condiciones del suelo y ayudan a las tres plantas de tratamiento de lixiviados a purificar, lentamente, el cúmulo de desperdicios.

“Tenemos carboneros, la durante variegada, lirios, paracuchas, barquillos y otras especies que sobreviven en este ambiente”, añadió.

En la cima del morro hay un vivero lleno de flores que cuidan las jardineras, con especies tan delicadas como orquídeas, y que son compradas por los turistas que llegan a la cima.

Las flores, como los vecinos de Moravia, encontraron sobre la basura una base para sobrevivir. Florecer en la montaña y resistir, para seguir siendo parte de ella.