El único día que Muhammad Ali sintió miedo estaba en Bogotá

El único día que Muhammad Ali sintió miedo estaba en Bogotá

7 de junio del 2016

Hubo un día, solo un día, en el que Muhammad Ali, el más grande boxeador de la historia, tuvo miedo. Fue el 12 de noviembre de 1977, el día que llegó al Aeropuerto El Dorado de Bogotá. Un mar de gente fue a recibirlo a la plataforma internacional de la terminal aérea. Cassius Marcellus Clay Jr. No daba crédito a lo que sus ojos veían.

Se sentía un Dios, y no pudo contener la enorme alegría de ver a ese público que le gritaba en unísono ‘Ali ‘Alí’ ‘Ali’.

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Era la primera vez que un campeón mundial pisaba tierra suramericana. Llegó al país después de aceptar el llamado del periodista Gustavo Castro Caycedo, quien lo visitó meses atrás en Nueva York para pedirle que apoyara la recolección de fondos del Instituto Franklin Delano Roosevelt, propiedad de sus suegros, el cual estaba al borde de la quiebra.

Ese día, Ali le tuvo miedo a la fama. Pero así como derrotó a Sony Liston, Joe Frazier y George Foreman, derrotó el miedo al desmesurado halago y se gozó su paso por Bogotá. El comunicador contó a KienyKe.com detalles desconocidos del paso del fallecido boxeador por la capital de la República.

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Castro Caycedo trabajaba en la revista de farándula ‘Hit’, y era jefe de redacción de Cromos. “La publicación tenía un corresponsal desde Los Ángeles , el cual era conocido de Muhammad Ali, se llamaba Jorge Ben Hur Lozada, y le dije que quería traer al campeón a Bogotá para que visitara el Instituto Roosevelt, él me respondió: lo veo complicado”, a lo que el periodista le contestó: “tengo fe de que lo vamos a traer”.

Después de un tiempo de insistirle a Jorge Ben Hur Lozada, Castro Caycedo recibió una llamada del corresponsal de Estados Unidos, que le decía que el campeón mundial lo podía atender en el Hotel que se iba a hospedar luego de la pelea contra el boxeador Ernie Shavers. “Corría el 29 de septiembre de 1977, y llegó el día de conocer a Muhammad Ali, estaba muy escéptico de si me iba a recibir o no, esa noche, me hospedé en un hotel frente al Madison Square Garden, lugar donde se iba a llevar a cabo el enfrentamiento”. Comentó Caycedo.

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Saludo de Muhammad Ali con Antonio Cervantes ‘Kid’ Pambele

“Al finalizar la pelea, uno de los guardaespaldas me llevó a la suite del campeón, y me dijo que entrara, la puerta estaba medio abierta, la abrí, y el susto me invadió”.

El periodista vio al campeón mundial con las manos debajo de su cabeza y acostado en la cama de su habitación disfrutando de su victoria, lo miró y le dijo: “¿Qué es lo que quiere?”, Gustavo no pudo pronunciar ninguna palabra hasta que después de unos minutos se “despabiló” como él mismo dice, y le comentó acerca del proyecto de recolección de fondos para el Instituto, después de unos minutos de escucharlo, el boxeador le dio un rotundo sí.

La única condición que puso el boxeador fue que iba con sus amigos, y su esposa, Verónica, que de lo contrario no iba a asistir si alguno de ellos no podía acompañarlo, “Le di mi palabra y así terminó la charla, no podía creer que estaba con el campeón mundial, me parecía ver a un dios, tenía mi cámara y no pude hacerle una foto de los nervios, así que le dije que si le podía hacer una entrevista para Cromos, me dijo sí, mañana a las ocho de la mañana”.

Luego de dos meses, Gustavo viajó con su esposa a Miami para traer a  Muhammad Ali al país. “Estábamos listos, pero el campeón me dijo que no podía viajar porque uno de sus amigos guardaespaldas no tenía visa para viajar a Colombia, así que me tocó llamar al ministro de Relaciones Exteriores de la época para tramitar el permiso, lo cual hizo que se retrasara el vuelo media hora”.

Al llegar al país, ese sábado en la noche en el avión comercial de Bannif, el campeón no pensó que una cantidad de gente lo iba a recibir en el aeropuerto, abrió sus grandes ojos negros, saludó al público y levantó su mano derecha.

Ali llegó junto a un grupo de ocho guardaespaldas, su esposa Verónica, embarazada de Laila Ali, su hija Hana y su suegro Horacio Porsche, esa noche una caravana lo esperaba para llevarlos por toda la Calle 26, y tomaron la carrera séptima, hasta llegar a la calle 32, donde estaba ubicado el Hotel Hilton. Allí tenía reservada una suite especial.

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Muhammad Ali con el expresidente López Michelsen

Al día siguiente fue invitado por el torero Jorge Herrera y Margarita Suárez a su finca Vista Hermosa en la Sábana de Bogotá, donde Ali comentó: “Nunca había visto tanto verde”, impresionado por las montañas, el paisaje y las carreteras ubicadas a las afueras de la ciudad.

En las horas de la noche fue invitado por la clase alta de la sociedad a ver una becerrada. “En su vida nunca había visto toros, incluso se aprendió la palabra ‘ole’ durante la corrida, estaba impresionado de ver a tanta gente reunida en ese espectáculo, el torero Herrera le regaló un traje de luces por aceptar la invitación”, indicó el periodista.

Lo que nadie sabe es que Ali era un hombre madrugador, antes de hacer cualquier cosa, oraba. “El campeón me pareció una persona seria, calmada, inteligente, algo que los medios internacionales nunca mostraron: la sencillez que tenía el boxeador”.

Pese a que la dieta del boxeador era estricta, ese día, en Bogotá, pecó. Se comió dos ajiacos el mismo día.

No alcanzó a visitar Cartagena porque se estaba realizando el Reinado Nacional de Belleza y las autoridades no querían quitarle protagonismo al certamen.

Luego de almorzar fue invitado a dar el saque de honor en el Estadio El Campín antes de iniciar el partido Millonarios-Nacional. “Los invitados al estadio no creyeron lo que sus ojos veían, era el boxeador más importante del mundo pisando el césped del estadio”, Mohammed le pegó tan duro al balón que hizo un ‘home run’ y la ovación del público fue mayor. Esa tarde le ganó Millonarios 2-1 al equipo verdolaga.

El expresidente López Michelsen no quería a Ali

La visita con el presidente Alfonso López Michelsen fue el fin de semana siguiente.
“Debo admitir que el presidente López no quería recibirlo en su despacho, para él el boxeador más importante del mundo, le parecía un personaje insignificante, pero más que eso se trataba del desconocimiento del mandatario sobre Muhammad Ali, así que se le insistió, hasta que lo recibió”, dijo Castro.

El boxeador, al ver a López, le dio un beso en la mejilla. El presidente se sorprendió al ver al gesto del deportista, a quien le admitió que no le gustaba el boxeo en lo más mínimo.

Esa tarde visitó el hospital Roosevelt donde saludó a cada uno de los niños con beso en la mejilla. “El campeón lloró al ver la cantidad de niños que querían abrazarlo, conmocionado por la obra de caridad a la que estaba ayudando”, dijo Castro Caycedo.

En la noche se daría la exhibición en la Plaza de Toros la Santamaría, cerca de 14 mil espectadores abarrotaron el lugar.

“Semanas antes contacté al boxeador Bernardo Mercado en Nueva York, el único peso completo que en ese entonces tenía nuestro país, me vi con él en un hotel para proponerle la pelea de exhibición, y arrogantemente me respondió que iba a cobrar por esa pelea 20 mil dólares. Le dije que no y que dejara de ser descarado. Cuando iba a salir del hotel, su representante muy agitado me alcanzó y me dijo que él lo iba a hacer sin cobrar nada”, comentó el periodista.

“El día de la exhibición para recolectar fondos fue una absoluta mamadera de gallo, tanto Mercado como Ali intentaban golpearse en el cuadrilátero, pero jamás hubo un noqueo, fue una noche donde Ali no sudo ni una gota, eran tres asaltos, pero Muhammad los extendió a cinco, para complacer a todos sus seguidores”, comentó el periodista.

Muhammad Ali salvó el Instituto. Boxeó, almorzó un buen ajiaco… mejor dos, visitó Monserrate y el centro histórico, conoció y besó a López, le regalaron una ruana, un papagayo y un traje de luces.

En su despedida en el Aeropuerto El Dorado, el campeón me comentó. “He estado en Londres, París, China, pero la calidez humana y la formalidad de los colombianos no se encuentra en ninguna parte del mundo”, le comentó Muhammad Ali con una sonrisa al periodista.