La mujer que habla con los hipopótamos de Pablo Escobar

La mujer que habla con los hipopótamos de Pablo Escobar

3 de agosto del 2015

Pese a que pasaron dos décadas de la muerte de Pablo Escobar, parte de su legado sigue vivo y deambula sin control por el Valle del Río Magdalena, en el corazón de Colombia.

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Aunque este legado no es tan peligroso como lo fue el jefe del cartel de Medellín, su existencia también pone en peligro la vida, no solo la de los seres humanos sino también la del ecosistema.

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A principios de los años 80, Escobar importó ilegalmente, entre otros animales salvajes, a cuatro hipopótamos que se convirtieron en la atracción principal de su extravagante finca Hacienda Nápoles.

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Después de la muerte del capo, la Dirección Nacional de Estupefacientes se apoderó de los animales de Escobar y los reubicó en diferentes zoológicos del país. Sin embargo, los hipopótamos siguieron ahí. Crecieron y desde entonces se reproducen sin control.

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“Colombia se enfrenta a una invasión de hipopótamos”, advierte David Echeverri, biólogo de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare).

Mientras expertos definen la forma más adecuada de ponerle freno a esta problemática – que se agudiza con el paso de los años – una odontóloga bogotana de 42 años habla con los poderosos animales que tienen en jaque a las autoridades ambientales de Colombia.

Ellos, (los animales) dice Lina María Lamos, “hablan con sensaciones, imágenes y pensamientos”.

Fue en uno de sus diálogos con un animal, un hipopótamo del que prefiere no revelar su identidad, que se enteró de la gravedad de la problemática creciente con los hipopótamos del capo.

Al margen de las informaciones que circulaban por los medios, Lamos supo, por boca de uno de estos gigantes mamíferos, que si no se hace algo, “y pronto”, esto puede terminar en tragedia.

“Ese hipopótamo me mostró el peligro que estaba teniendo esa otra manada de hipopótamos (los de Escobar)”.

La reveladora conversación que dice haber tenido, le mostró un camino por el que viene caminando desde hace años. La diferencia radica en que, hasta ahora, no había tenido un interlocutor tan particular. Lina había hablado con caballos, perros, gatos; pero nunca con un hipopótamo, y menos con uno de Pablo Escobar.

Desde entonces, cada dos meses llega a los predios de la Hacienda Nápoles (ahora un parque temático) y dialoga con estos animales.

“Pensé que estaba loca, pero cuando estuve en la zona comprobé que lo que este hipopótamo me estaba transmitiendo era real”.

Cuando Lina se enfrentó con esa realidad, quedó estupefacta. “Me transmitieron que estaban sintiendo miedo. Vi imágenes de caza, persecución y muerte.

Ellos ven a los humanos y se ponen tensos, nervioso y pueden atacar. Son animales territoriales”.

pepe el hipopotamo

En 2009, la persecución y posterior muerte de un hipopótamo conocido como Pepe, que rondaba en las cercanías de la hacienda, causó gran indignación nacional más allá de la población ambientalista del país.

Colombia es el reservorio más grande del mundo de hipopótamos en libertad fuera de África. Lina insiste que no es fácil ponerse en contacto con los animales. Lejos están de hacerse realidad aquellas escenas de las películas de Disney en la que los animales, sobre todo salvajes, se acercan al humano y le empiezan a contar sus problemas.

“Preguntarle a un perro si te quiere o no, no es el objetivo de la comunicación animal”. Para establecer ese contacto, “hay que estar en calma. Me siento a una distancia prudente y empiezo a sentirlos. Voy entre semana cuando no hay gente, porque eso te impide la comunicación. Los gritos, la algarabía, impiden estar en calma”, explica.

“La última vez que hablé con ellos fue maravilloso. Fue como si estuviera meditando. Me sentí como si estuviera flotando en una piscina. Cerré los ojos y me dejé llevar. De repente mi parte racional me despertó, era peligroso”, recuerda.

Esa vez, Lina sacó su cámara fotográfica y desde ella cruzó miradas con uno de los hipopótamos. “Con esa mirada me comunicó control, pero también paz”. Habían pasado pocos días de un parto y la manada estaba tranquila.

No fue la misma sensación que percibió semanas atrás con la misma manada. “Había un parto en camino. Y fue aterrador. Me tocó salir corriendo”, recuerda.

Lo que vivió con aquellos animales, a los que según dice, “nadie les para bolas”, la motivó a realizar un propuesta en Change.org para buscar que el Ministerio de Ambiente, “le ponga atención al asunto”.

“Los ‘hipos’ pueden ser muy agresivos si ven amenazado su territorio. Se reproducen fácilmente, convirtiéndose en un verdadero problema ambiental y para los pobladores de la zona.

Hace dos años Lina trabajó voluntariamente con la Alcaldía de Bogotá para entablar comunicación con las bestias que servían a los zorreros de la capital para transportar diferentes materiales.

Por ello, ahora más que nunca son necesarias acciones concretas. Autoridades como Minambiente y Cornare deben diseñar de manera urgente un plan de acción con recursos para la protección y el manejo sobre los hipopótamos, y destinar recursos para su implementación. Únete (aquí) a esta lucha por salvar los hipopótamos firmando y compartiendo esta petición”, insiste Lina.

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Cornare, la autoridad ambiental de la zona, es consciente de la gravedad de la problemática.

David Echeverri, biólogo de esa corporación, y quien tiene a su cargo el diseño de las soluciones para este tema, reconoce que, “es cierto que los hipopótamos están creciendo sin ningún control”.

Dice que no es claro cuántos hipopótamos hay en la zona, pero considera que la cifra que manejan algunos medios (40) es exagerada.

“Son entre 26 y 28 hipopótamos. De esa población han salido pequeños grupos que no sabemos qué rumbo han tomado. Es muy difícil seguir la pista”.

El biólogo, que explica que este problema se hubiera podido evitar hace 30 años cuando solo eran cuatro hipopótamos, explica que “el hipopótamo tiene un comportamiento claramente invasor. Es tolerante a todo, a la hambruna, a la sequía, al frío, a todo. Se puede alimentar básicamente de todo, son herbívoros, pero pueden comer carroña en caso extremo de estrés por alimento. Estos animales que con el paso de los años (duran hasta 70 años) van colonizando y no tienen depredadores naturales, en África sí, aquí no”, situación que hace más compleja la problemática.

Pese a que advierte que no quiere “generar problemas con el Ministerio de Ambiente”, es claro al señalar que esa cartera “nos ha abandonado” en el planteamiento de soluciones.

KienyKe.com buscó la opinión del Ministerio de Ambiente, pero al momento de publicación de este artículo ese despacho no se había pronunciado.

“Entendemos que somos la autoridad ambiental que hace presencia en la zona y tenemos responsabilidad pero estamos solos. Hicimos una multa ambiental a la Dirección Nacional de

Estupefacientes y los hicimos responsables de los daños ambientales que genera la presencia de estos hipopótamos en nuestro territorio”.

La Dirección Nacional de Estupefacientes está en proceso de liquidación, por esta razón – según las fuentes – no es claro quién debe ser el doliente de un problema que crece, como el hipopótamo que nació hace unas semanas.

“Las afectaciones a la biodiversidad colombiana aún no se evidencian, pero pueden estar afectando el nicho y la reproducción del manatí, que está en vía de extinción. Estos animales, a medida que van colonizando otro sector, pueden ocupar un lugar en la cadena de supervivencia que no lo corresponde”.

Además, explica, también se ha registrado “contaminación por vertimientos de estos cuerpos de agua y fuera de eso está el peligro a la población ribereña”. Los hipopótamos pueden matar a alguien.

En 2009, Cornare y el Ministerio de Medio Ambiente desarrollaron un plan de manejo para darle solución al tema, sin embargo, su ejecución no es fácil.

“Estupefacientes puso muchos peros y en últimas nos entregaron 400 millones de pesos para avanzar en el tema de esterilización de animales. Ese presupuesto es muy reducido para llevar a cabo un control tan grande como este, se necesitarían más de mil millones de pesos porque se tienen que hacer más cosas”.

Hacer un cautiverio controlado, hacer cirugías a las hembras, tratar de reubicar a estos animales en otros lugares y definir quién los alimenta, son problemas que el Estado tiene que darles solución, concluye Cornare.