El sueño de una mula: un viaje de drogas

El sueño de una mula: un viaje de drogas

7 de Noviembre del 2016

En diálogo con KienyKe.com Juliana* contó su experiencia como mula y el motivo que la impulsó a viajar a más de diez destinos diferentes con droga en su equipaje.

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“Mi primer viaje lo hice a los 19 años, entré a Ciudad de México con dos kilos de marihuana entre unos tarros de desodorante. Pasé los puntos de control de aduana como si nada, intacta, pero con toda mi ropa interior empapada de orina. Los nervios me estaban matando”.

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Juli, como prefiere ser llamada, ha logrado viajar a varios destinos llevando encargos para gente vinculada al mundo de las drogas.

“Siempre he viajado con algo diferente en mi equipaje, desde marihuana hasta cristales de metanfetamina. He visitado muchísimos lugares, todos bastante hermosos pero siempre ha sido a un precio muy alto, pero para mí ha valido la pena”.

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¿No siente miedo? ¿nervios? ¿ansiedad?

-“Solo la primera vez porque al llegar a México me amenazaron con la idea de llevarme a una red de trata de blancas si le pasaba algo al paquete, ese ha sido mi peor momento desde entonces”.

Recibiendo cerca de 1.500 dólares por cada viaje, dependiendo de la droga que llevase consigo y el destino, Juliana tomó la decisión de seguir en el negocio de las mulas.

Nunca se ha atrevido a introducir droga en su cuerpo, pues dice temerle a la muerte y no quiere irse de este mundo cayendo tan bajo como lo es morir de una sobredosis.

“Le temo a la muerte, bastante, no le voy a decir que no, por eso prefiero hacer esto como en la vieja escuela porque para mí es más seguro. No sería capaz de meterme 15 condones con cocaína, ni por el putas”.

Con cada viaje dejó los nervios a un lado, su apariencia física le ayudaba mucho a distraer a quien la miraba, sus ojos claros, piel trigueña y su cuerpo robaban la atención.

El tiempo pasaba y con cada viaje conocía un destino diferente. “Esa fue una de las cosas que me amarró a seguir aquí, conocer varios lugares que hace unos años solo veía en fotos o en la televisión”.

¿Cree que exista algo bueno en todo esto?

-“No, bueno la verdad sí, pero para mí ha sido la oportunidad de conocer México, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania y Reino Unido ,que ido dos veces, una a Londres y la otra a Glasgow”, dice mientras cuenta con los dedos el número de lugares que ha visitado.

A cada uno de estos lugares Juliana ha logrado entrar con éxito algún narcótico. A pesar de tener asma y problemas respiratorios, afirma que la adrenalina que siente al viajar le ha ayudado bastante.

¿Tiene algún ritual antes de salir?

-“No, simplemente disfruto de lo que más me gusta, como mucho helado, eso sí, veo una película y duermo con Santiago”, dice en un tono alegre.

Santiago es el hijo de Juliana, una de las razones por las que ha viajado nueve veces al exterior, no quiere que le haga falta nada, simplemente intenta darle la infancia que sus padres nunca pudieron darle a ella.

¿En algún momento estuvo a punto de ser descubierta?

-“Sí, cuando iba para Alemania aquí en el Dorado me quería interrogar un muchacho de seguridad interna del aeropuerto porque según él yo estaba muy nerviosa y las cámaras de seguridad mostraban que mi actitud no era normal”.

Fue en ese entonces cuando pensó que sería capturada y se acordó de su hijo y supo que no podía dejarse llevar.

-“El man me miraba mucho los senos y la cara. Tenía que hacer algo rápido para poder irme de allí y no perder el vuelo. Fue entonces cuando empecé a mirarlo de la misma manera para que finalmente no fuéramos a los interrogatorios sino a un cuarto sucio, maloliente, donde le ofrecí sexo oral a cambio de que me dejara ir. Y así fue.

Es algo que no le enorgullece decir pero aún así logró entregar lo que le pidieron y volver a Colombia pasando desapercibida, esperando que su celular sonara para hacer un próximo viaje.

Ese día Juliana se preparó para ir a la ciudad que según ella ama, Madrid.

“Sabía que en algún momento tendría que llevar algo a España, y hoy es el día, cumpliré uno de mis sueños y volveré para programar una nueva vida con mi hijo en otro lugar”.

¿Es decir que este es su último viaje?

-“Así es, siento los mismos nervios del primer viaje que hice, solo espero no orinarme de nuevo, es vergonzoso y podría llamar mucho la atención.

Mientras nos dirigimos al aeropuerto para que Juliana tome su último vuelo una patrulla de Policía se detiene a nuestro lado mientras esperamos pasar el semáforo.

¿No te da pánico verlos tan cerca?

-“Hoy por ser mi último viaje un poco más de lo normal, anteriormente no porque he logrado construir algo de seguridad y confianza en esto”.

¿Y el amor?

-“Solía tener un novio, el papá de Santiago, trabajaba en el CTI pero en un operativo contra una Bacrim en Medellín lo mataron, desde entonces no me he vuelto a enamorar, no sé por qué, supongo que por respeto a él y a mi hijo”.

Una vez nos bajamos en el aeropuerto, le pregunté qué llevaría aquella noche. Con una voz fría y un poco somnolienta me responde:

-“Medio kilo de cocaína”, me susurra al oído.

Juliana esta noche lleva unos tacones que le había regalado una de las personas que le ofrecieron llevar el narcótico a Madrid. Dentro de ellos estarían distribuidos y escondidos el medio kilo de cocaína que serían la llave para cumplir su sueño.

-“Lástima que se vayan a perder, están muy bonitos los tacones ¿no cree?”, me pregunta entre risas.

No sé de tacones pero sí, están cheveres”, le dije.

Llegando justo a tiempo a la hora del vuelo me despido de ella como si fuera un familiar para pasar desapercibido, le deseo mucha suerte y lancé la típica frase de “me avisa cuando llegue” siendo muy consciente de que quizás nunca recibiría su mensaje.

Con un tono de voz alegre e irónico se despide diciendo: “Nunca pensé que tuviera que llevar esto para cumplir uno de mis sueños”.

Cuando se da la vuelta para hacer una corta fila y entrar a la parte de vuelos internacionales, veo sus tacones y observo cómo presenta sus papeles común y corriente, sin levantar sospechas.

Y es aquí donde hace su último viaje, el que le puede dar la posibilidad ofrecerle una mejor vida a su hijo, o el la obligaría a dejarlo solo en casa, sin saber en qué parte del mundo se encontrará su mamá.