Música folclórica, la muestra ancestral de la cultura

1 de octubre del 2018

Trompetas, tambores, flautas y otros instrumentos empezaron a sonar. Niños, jóvenes y adultos se prepararon para un momento con alma musical. Paipa se convirtió en la cuna para bandas musicales de todo el país. El sabor folclórico del país fue protagonista.  Era inevitable pensar que la música folclórica está ahí, en las venas de cada […]

música folclórica

Foto: Paolo Avila

Trompetas, tambores, flautas y otros instrumentos empezaron a sonar. Niños, jóvenes y adultos se prepararon para un momento con alma musical. Paipa se convirtió en la cuna para bandas musicales de todo el país. El sabor folclórico del país fue protagonista.

Era inevitable pensar que la música folclórica está ahí, en las venas de cada colombiano. Empezó el desfile y sentir la música como propia era una necesidad. Cada canción que los artistas interpretaban era el reflejo de la historia. Esas melodías que se escuchaban eran de una cultura que no estaba dispuesta a desaparecer.

El Concurso Nacional de Bandas se desarrolló en Paipa, Boyacá. Cada músico, director, acompañante, todos, tenían una historia que narrar. Los artistas contaban tradiciones a través de los instrumentos musicales. En el lugar habían bandas de cada rincón del país.

Foto: Paolo Avila

El amor por el arte se lleva en las venas

Octavio Quintero es el hombre detrás de la banda juvenil de San Andrés desde 1986. Tiene alrededor de unos 60 años y aunque vive en la isla hace 42 años no es oriundo de allí. Nació en el pueblo Titibiri, Antioquia. Por su agrupación han pasado más de 480 muchachos. Aunque él es el instructor, siempre ha aprendido cosas de los jóvenes.

Su amor por las melodías empezaron desde muy pequeño. Con solo seis años su papá, que dirigía la banda del pueblo, le inculcó la importancia del arte. De hecho, suelen guiarse por el dicho ‘un pueblo sin banda de música es un pueblo sin alma’.

Para el artista “la música folclórica es la que vive el pueblo. Es un arte liberal. Nosotros somos más libres que muchos de los que andan en oficinas”.

Integrante banda juvenil de San Andrés. Foto: Paolo Avila

Antes de llegar a San Andrés era docente de música folclórica en Antioquia. Un día de 1978 sin saber por qué, un rector de un colegio de la isla lo llamó y le comentó que quería que le enseñara a los niños raizales. “Como yo soy paisa, soy andariego. Yo dije pues vámonos. Esperaba irme solo dos años, pero me amañé”.

Allá encontró el lugar ideal para trabajar con la gente. “Los jóvenes tienen mucha capacidad rítmica y un talento inigualable”. Para Octavio ser maestro es una pasión y una satisfacción de vida. “Yo puedo enseñarle a los que no saben”, dijo a KienyKe.com.

La herencia de la música folclórica

Sus hijos siguieron sus pasos. El mayor dirige la banda de San Andrés, su hija tocó primer violín en la Filarmónica de Bogotá y todos en su casa conocen sobre música. “Yo heredé la música folclórica y quiero que esa cadena siga”, explicó

De igual manera resalta que todos tenemos raíces culturales, solo que no las conocemos. Él tuvo un alumno raizal que era apasionado por el violín. Después de mucho insistirle le enseñó a tocar la trompeta: “Terminó el bachillerato, se fue a Cali a estudiar y ahora es el trombonista del Grupo Niche”.

“Nosotros estamos en un proceso para que la gente quiera el folclor. La música le sirve mucho a los muchachos para no estar en cosas raras. Estas tradiciones enaltecen el espíritu de los pueblos y de los muchachos. Si en la casa los crían a punta de reguetón eso no va a funcionar”, expresó Quintero con emotividad.

Integrante banda juvenil de San Andrés. Foto: Paolo Avila

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