Lo que a ‘Diomeditos’ no le gusta de la fama

22 de enero del 2015

Ir por donde quiera y tirar piedra son cosas de infancia que ya no puede hacer.

Juan Bautista

Por:@jcmentefacto

Para sacar a su familia adelante Juan reciclaba y cantaba en la calle a cambio de unas monedas. Hoy sigue cantando para ayudar a su familia, pero no lo hace en la calle, canta para los millones de televidentes que noche a noche se dan cita para verlo en el papel de Diomedes Díaz en la novela de RCN. Lea también: Historias sorprendentes de Diomedes Díaz

Así como el personaje al que le da vida en televisión, Juan decidió desde muy niño asumir las responsabilidades de la casa. Por las polvorientas y calientes calles de Valledupar vendió limones, mangos, Bon Ice y agua. Con ese dinero aportaba para la alimentación de sus ocho hermanos, Juan Bautista Escalona es el séptimo.   También le puede interesar: ¿Por qué a los Niches reales no les gusta la serie de televisión?

Aunque se crió en el valle, este pequeño de risa traviesa, pelo ensortijado y ojos achinados, nació en Santa Marta hace 14 años. Su madre, en busca de un mejor futuro, decidió mudarse a Valledupar. En la capital del Cesar Juan encontró las puertas del vallenato. Lea también: El verdadero amor de Diomedes Díaz 

Novela Diomedes Diaz

Una tarde, cuando Juan se escondía de la mirada feroz del sol bajo la sombra de un árbol de mango, cumplió una cita con el destino. Cantando cautivó con su voz a un señor morochito de apariencia criolla que pasaba por el lugar.

-Ey pelao, cántale a ese señor, le gritaron a Juan.

Él, ni corto ni perezoso miró al cielo, abrió sus brazos y empezó a cantar. “Creo que canté la gota fría”, recuerda. Y solo pensaba en las monedas, en esas monedas que harían un poco más fácil ese duro día de trabajo.

Ese señor al que le cantó Juan era Andrés Eliécer Gil Torres, más conocido como ‘El Turco Gil’, una institución del folclor vallenato. Esa tarde a Juan se le abrieron las puertas.

Es como si de repente, en una cancha pelada y peligrosa de un barrio marginal, Guardiola, Mourinho, Simeone o cualquiera de esos técnicos de fútbol hubieran visto entre la polvareda las gambetas de un niño bajito, desgalamido y mueco al que años más tarde se le conocería como Messi.

Cuentan los que narran los cuentos en la Costa Caribe colombiana, que ‘El Turco’ se conmovió y sin pensarlo dos veces reclutó a Juan en la agrupación ‘Los Niños del Vallenato’, un espacio que transformó el vallenato, esa música “de parranda y perniciosos”- como la describe Úrsula Iguarán (personaje de Cien años de soledad) – en una academia que se resiste a dejar morir las raíces folclóricas de la región.

Con tan solo seis años, Juan entró a la agrupación vallenata en la que cualquier niño promedio de la Costa quisiera estar.

Juan Bautista

Pasaron los meses y la situación económica en la casa de Juan no mejoró. Su madre decidió regresar a Santa Marta para hacerle un quite al hambre. Ahorró unos pesos, empacó las dos o tres cosas que tenía, unos chiros y los subió a un camión viejo. Pero había un problema, Juan se negó a regresar.

Con esa locuacidad que lo caracteriza, sin antes ganarse unos cuatro pencazos (como llaman en la Costa a los golpes) logró convencer a su mamá para que lo dejara viviendo en Valledupar.

Por esos días Juan pasaba más tiempo con ‘Los Niños del Vallenato’ que con su mamá, estaba dispuesto a quedarse y luchar por su sueño. Lea también: Una crónica sobre los orígenes del Cacique de La Junta.

Aunque le costó, aceptó el pedido de su hijo y lo dejó bajo los cuidados de ‘El Turco’. En poco tiempo el esfuerzo trajo resultados. “El Turco es su papá, amigo, confidente y cómplice”, dice Silvana Noches, una nana guajira que nunca deja solo a Juan.

Con alegría, simpatía, picardía y talento logró quedarse con un cupo para el Factor Xs, el reality show al que debe su primer baño de fama. Lea también: ¿Lo reconoce? Es el niño que ganó el primer Factor XS

“Fue muy divertido, pero no me acuerdo casi”, confiesa Juan luego de fruncir el seño y pedir, con voz de niño consentido, agua porque “se me están partiendo los labios”. Esta es al menos la décima entrevista que da en el día.

Así hablan los cachacos según ‘Diomeditos’

El ‘chupateta’ que hizo reír a Chávez

Ahora, por el reconocimiento que ha tenido con la novela, a Juan le dicen ‘Diomeditos’, pero antes, todos en la Costa llamaban a este niño, que cursa sexto grado y que dice ser “malísimo” para física y química, ‘chupateta’. ¿Por qué?

Así se identificó a quien, en ese entonces, era uno de los hombres más poderosos de Latinoamérica.

“En una cumbre de Cartagena empecé a cantar y llamé su atención, él preguntó ‘este niño quién es’ y yo como antes decía lo que se me daba la gana sin pensarlo dos veces respondí: Me llamó Juan Bautista Escalona Soto, ‘alias el Chupateta’, y eso fue la risa para toda la prensa y los que estaban ahí. Hay personas que no me conocen y me llaman Chupateta”.

Juan había llamado la atención del expresidente de Venezuela Hugo Chávez.

“Chávez dijo: Yo admiro mucho a Juan porque canta muy bonito, pero lo único que no voy a repetir es lo que él dijo”. Recuerda, no sin antes soltar una carcajada.

Juan Bautista

Con actitud de Rockstar

Juan llega a la entrevista hablando fuerte. Saluda a todos y firma autógrafos. En la muñeca izquierda luce un reloj dorado, simulación de oro, tiene un pantalón de dril con pintas militares y una correa Dolce & Gabbana, una camiseta muy colorida y una chaqueta con solapa. Su pinta no es la de un niño de 14 años del común.

No se queda quieto. Golpea la mesa y la silla como si estuviera tocando un solo de porro. Mira para todos lados, coge su celular con mucha frecuencia, entra a Instagram para saber cuántos seguidores tiene ahora. “Antes de empezar la novela tenía 200, hoy tengo más de 15 mil”, cuenta orgulloso.

El niño que se encontró con la fama y que viaja con frecuencia a Bogotá disfruta el momento pero extraña cosas.

“Extraño salir por donde yo quiera, jugar fútbol con mis amigos. Extraño todo”.

No con tristeza, pero sí con una mirada que parece ser de nostalgia, habla de lo malo del reconocimiento, el prestigio, y la fama. ¿Es el niño que está jugando a ser grande?

“No puedo hacer muchas cosas de las que hacía antes. En Valledupar salgo al centro comercial y me tiene que sacar la seguridad.”

¿Le molesta el asedio de la gente?

“No tengo el valor para rechazar una foto o un autógrafo porque es gente que me quiere y me ama y sería muy grosero no aceptar. Hablarles de forma amable me encanta porque siempre hay que demostrar la humildad y si no lo hago empezarán las críticas y eso no lo quiero.”

Juan, que a veces habla como adulto, hace una reflexión. Y cita a un cantante de reggaetón. “Como dice Daddy Yankee, ‘a veces la felicidad del vagabundo vale más que todo el dinero’. Porque tú puedes tener mucho dinero pero si tú no eres feliz, o no te dejan hacer nada, no es lo mismo. Nunca vas a estar alegre”, dice.

(Video) Vea a ‘Diomeditos’ cantarle el cumpleaños a un periodista de KienyKe:

Quienes lo rodean dicen que la fama no lo ha hecho cambiar. “Sigue siendo un niño divertido, alegre y humilde al que le sigue gustando desayunar mote de guineo verde, almorzar sobrebarriga o chivo y cenar arroz con leche y pan”.

Juan, tal y como era Diomedes, es muy religioso. Dice que aunque le gustaría seguir actuando en cine o televisión, hacer una comedia o cantar, “todo está en manos de Dios. Él es el único que sabe mi futuro”.

Diomedes, la novela, continúa, pero Juan sale del aire. ¿Cuál es su reto a futuro?

¿Logrará ser un comediante como Andrés López? ¿Será un actor dramático como Róbinson Díaz? ¿Será un cantante con la gloria de Carlos Vives? ¿Será como el mejor Diomedes Díaz? Él cree que en todo se parece al Cacique de la Junta, menos en una cosa: “Diomedes es Diomedes, y Juan es Juan”.

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