“No me arrepiento de nada en la vida”

“No me arrepiento de nada en la vida”

7 de marzo del 2017

Tras regresar al país, luego de cinco años en Arabia Saudita, René el ‘Loco’ Higuita está dedicado a la vida familiar. Vive con su mujer, Magnolia, y su primogénito, Andrés René, en el municipio de Guarne, en el oriente Antioqueño, y confiesa que no va mucho a Medellín porque le encanta estar en la casa ejerciendo los mimos y la alcahuetería de ser el abuelo de Emiliana, la más chiquita con 18 meses; Luciana, la consentida de 7 años, y Santiago, de 3 años.

Está dedicado a la escritura de un libro, del que da pocos detalles, pero que debe estar listo en diciembre. En él, dice, contará detalles de su vida y dará consejos deportivos a los que quieren ser arqueros. También trabaja en un proyecto para volver a Nacional, su equipo del alma.

En su conversación con Kienyke.com, el ‘Loco’ habló sobre cómo quiere ser inmortalizado en la memoria de los hinchas del fútbol, recordó las épocas del ‘escorpión’ y sus salidas temerarias para demostrar que el que vigila el arco “no es ningún payaso” y puede ser protagonista.

“No me arrepiento de nada porque lo que hice, lo hice consciente, con amor y pensando en que las cosas iban a salir” René Higuita

No se arrepiente de ninguno de los errores, deportivos y personales, que cometió y que hacen de él lo que es: un hombre que impuso un estilo de juego, que cambió las reglas del fútbol, que quiso ser un héroe y pagó con su libertad la hazaña para lograrlo.

Sabe que es objeto de amores y odios por parte de los aficionados porque ha vivido sus 50 años con intensidad. Surgir de un barrio popular de Medellín – Castilla –, experimentar la drogadicción y la fama, pasar por la cárcel y convertirse en uno de los mejores arqueros del planeta, es una montaña rusa que le permite decir hoy: “no soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo. Gracias a los que me quieren y a los que no. Gracias a todos”.

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¿Cómo le fue en su experiencia en Arabia Saudita?

“Estuve en Arabia Saudita dirigiendo y trabajando con los arqueros del Al-Nassr. Allá me llevó Francisco Maturana en el 2011 y hace más o menos 4 o 5 meses que estoy en Medellín. Terminé mi contrato el 1 de julio.

Lamentablemente me quedaron debiendo algunos honorarios, pero la experiencia fue muy agradable y estoy feliz de haber compartido mis conocimientos. Quería estar mucho más tiempo, pero en esas condiciones no era posible.

Claro que se dejaron puertas abiertas y por el momento estoy dedicado a mi familia, a algunos compromisos deportivos con mis amigos, trabajo en un proyecto de un libro que, sin Dios quiere, estará listo en diciembre, y estoy finalizando un video didáctico en compañía del Atlético Nacional, con quien estoy explorando una posible vinculación. Ahí vamos haciendo cositas, a ver qué nos depara el futuro”.

¿Puede dar un adelanto de la temática del libro y el proyecto con Nacional?

“La idea es primero escribirlo y luego negociarlo con una casa editorial. Es de todo un poco, más sobre mi vida. Pero dentro de mi vida, el deporte y mi experiencia como arquero es fundamental. Allí contaré detalles sobre lo que me llevó a ser futbolista profesional.

Con Nacional. Vamos a ver. Pasé un proyecto para la parte administrativa.

El sueño mío, siempre lo he dicho, por ese amor que la gente me tiene, por los hinchas, es hacer algo más duradero para que todos me lleven en el corazón y atraer a más aficionados.

Quiero ser un presidente de honor de Nacional. Quiero ser lo que fue Alfredo Di Stéfano para el Real Madrid. Quiero que la imagen y el amor que me tienen permanezca.

Yo no deseo estar en un cargo en la parte técnica, porque yo sé cómo se manejan esos sentimientos y emociones. Por ahí van dos partidos y salen una cantidad de cosas que ni el mismo aficionado las quiere decir. No me la juego por ese lado.  De llegar a dirigir, me iría para otro lado, pero no en el Atlético Nacional”.

¿Cómo ve el equipo, su proyección internacional después de haber ganado la Copa Libertadores de nuevo el año pasado? ¿Cómo ve a los nuevos integrantes?

Nacional es un equipo maduro, que viene con un trabajo, que es cauteloso y tiene experiencia. Juega con un solo delantero, mientras los otros mediocampistas van llegando y apoyan a Dayro. A Macnelly lo ponen como un delantero falso, aunque él es más un 10 que sale a recibir el balón donde los laterales se proyectan.

Nacional cuenta con una nómina de jugadores importantes, de experiencia, lo mejor que hay en Colombia. En el fútbol local anda muy bien y ha sacado buenos resultados. Ahorita vamos a tener la oportunidad de verlo de nuevo en la Libertadores y esperamos que se mantenga ese mismo rendimiento que hasta el momento han mostrado.

Me parece que la organización, la disciplina de la institución, las herramientas de trabajo, la inversión, finalmente se suman a todos los detallitos que hacen de Nacional un equipo grande”.

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Franco Armani dice que usted es uno de los arqueros que admira. ¿Cómo lo ve en el equipo?

“Franco es un referente del equipo y hay varios líderes. Hay una columna vertebral conformada por jugadores que conocen y manejan muy bien su posición, que van guiando a los muchachos que llegan y prácticamente no desentonan en el equipo.

Lo que ha hecho en el Atlético Nacional, su rendimiento, es fundamental para todo el andamiaje del Verde, para las copas que ha logrado. Y en la Copa Libertadores, la más importante, le fue bastante bien.

Estos son los jugadores que Colombia necesita. Ese profesionalismo, esa humildad, esa manera de trabajar, el siempre querer estar jugando es admirable”.

Hablando de la Copa Libertadores, y lo sufrido que fue la primera para Nacional por penales. ¿Cómo vivió usted ese momento, se le viene a la memoria algún recuerdo de ese día en el que Nacional se coronó por primera vez campeón de la Libertadores?

“Lo acabas de decir, la primera copa fue de mucho sufrimiento, de estar a punto de ganarlo todo pero al mismo tiempo de perderlo todo. Era nada más cuestión de un penalti y siempre se fueron a varios. Yo creo que eso es lo que nos hace recordar más esa Copa.

La segunda, con un gol, también se sufrió. Personalmente lo puedo decir porque fui invitado de honor de Nacional para esa final. Sufrí hasta el último minuto, no veía la hora de que terminara para abrazarnos, para disfrutar de un trofeo más, que no es fácil lograr.

Lo más importante es que Nacional sigue sumando y va a ser difícil que un equipo Colombiano lo supere. Eso demuestra el buen momento del equipo, de muchos jugadores que están en él y el buen momento de Colombia porque tenemos jugadores casi que en todas partes del mundo. Esto nos da un panorama de optimismo para lo que viene a nivel internacional”.

Usted marcó una época y un estilo para ser arquero. Ese estilo se hizo evidente en el Mundial del 90. Usted les salió al paso y gambeteó a Jürgen Klinsmann y Ruddy Voeller, grandes jugadores de Alemania. ¿Cómo se sintió en ese momento, lo intimidaron?

“Nosotros llegamos al Mundial de Italia 90 siendo fantasmas. Se hablaba muy bien de los europeos: de los alemanes, de los ingleses, pero no teníamos para ver una referencia, un juego de televisión, como hoy se ve.

Lo más importante de esa salida, que fueron varias, es que resaltaron mi estilo ante el mundo, siempre salir de líbero.

Con muchos errores y muchas equivocaciones, lo que resalto es el amor y que siempre se hicieron en beneficio del equipo. Después vino lo que muy pocos han hecho, motivé el cambio de las normas de la Fifa. Al arquero antes le devolvían el balón y lo agarraba con las manos y ahorita tiene que salir obligado jugando y si no le cobran la falta.

Me parece que lo más importante es la herencia que se le dejó al fútbol y decirle a los arqueros que no son unos payasos sino que pueden también aportarle al equipo jugando con el balón”.

De su época de arquero René, ¿de qué error se arrepiente?

“No me arrepiento de nada porque lo que hice, lo hice consciente, con amor y pensando en que las cosas iban a salir. En el fútbol los errores se pagan con goles. Si no los hay, no hay puntos, entonces eso sería hasta tedioso, deprimente y sin emociones.

Cuando termina mi carrera deportiva, con muchos errores, como siempre lo he dicho, quise dejar la enseñanza de que como seres humanos no somos perfectos. Si Higuita no se hubiera equivocado algún día, lo dijo Maturana, sería Dios. Y es así. Eso le transmito a la gente. Si las personas no se equivocaran serían dioses y Dios solo hay uno.

Lo que se puede rescatar es lo que quedó, lo que la Fifa escribió, los cambios en las normas, finalmente de todas las equivocaciones que tuve hubo un gran reconocimiento al trabajo que se hacía humildemente y para bien del equipo”.

Usted vivió un momento muy difícil cuando estuvo tras las rejas. ¿De esos momentos que pasó sin libertad, qué es lo que recuerda y qué mensaje podría darle a los lectores de esa experiencia?

“Son muchos los mensajes. Algún día soñé con ser un héroe, y precisamente de pronto en la liberación de la niña (Claudia Molina, hija del comerciante Luis Carlos Molina, vinculado al cartel de Medellín) pensé en colaborar e intermediar. Ese sueño salió, pero a medias. Luego yo era el malo de la película, tuve que ir a la cárcel, pero salí inocente después de nueve meses.  Prácticamente al final el Estado me tuvo que indemnizar por el error que cometió”.

A usted la selección Colombia le dedicó el 5 a 0 en Argentina cuando estaba preso. ¿Cómo vivió ese partido?

“Lo recuerdo como si fuera hoy. Estaba en la Modelo, compartiendo con los ´terroristas´, entre comillas de Telecom: ingenieros y abogados tildados por el Estado con esta palabra tan fuerte.

Con ellos celebré, nos dábamos ánimo, cada gol lo gritamos y se escuchaba la felicidad en toda la cárcel, coreaban mi nombre.

Después de que terminó el partido fue una gran sorpresa que los muchachos gritaran en el camerino: ‘libertad, Higuita, libertad’. Llegaron al Campín e hicieron lo mismo. Fue un acontecimiento de mucha felicidad.

Mi paso por la cárcel fue un momento de mucha presión, de mucho estrés, de tortura. Estaba en la cárcel por hacer un favor, por hacer un bien, no podía creer cómo estaba actuando la ley en ese momento.

Si yo he sido humilde, esa experiencia me volvió más humilde todavía. Me apalearon, me abofetearon, hicieron lo que quisieron conmigo. Pero la vida continuó tranquila por la fuerza que me dieron mis amigos, mi familia y la gente que me ha querido”.

Le tocó una época muy difícil para Nacional, en los noventa, cuando fue asesinado Andrés Escobar. ¿Qué recuerda de él y del momento en que recibió la noticia?

“Los recuerdos son muchos. El vacío que sentí fue muy grande y siempre va a quedar en el corazón y en el alma. Aún tratamos de asimilarlo. Pero así es la realidad y hay que aceptar una verdad: todos vamos para el mismo lado, unos se nos adelantan para ir cielo, al infierno, al lugar, no sé dónde, que uno va. El caso es que es algo que no se puede detener.

A mí la muerte de Andrés me puso a reflexionar sobre qué voy a dejar yo el día que me muera. Qué le voy a dejar a la gente y mi familia, porque ni la plata, ni los bienes materiales, se llevan.

Andrés, lo que dejó: su caballerosidad, ese don de gentes, son cosas que todos a la hora de pensar en lo que nunca pensamos debemos recordar para ser mejores hombres y dejar un legado para la sociedad”.

Entonces, siguiendo con el tema, ¿cómo le gustaría inmortalizarse en la memoria de los hinchas del fútbol?

“Como seres humanos tenemos muchas equivocaciones, pero la verdad es que yo quiero que me recuerden por mis cosas buenas.

Qué bueno que cuando piensen en mí piensen en ‘el escorpión’, en esa obra de arte que es una de las mejores jugadas del fútbol en el mundo y es de un colombiano. Qué bueno que el día de mañana me recuerden como el que hizo cambiar las normas del fútbol, por ser un buen padre y un buen abuelo.

Yo sé que no soy medallita de oro para gustarle a todo el mundo. Pero somos seres humanos, imperfectos”.

Rene Higuita

Ya que menciona el ‘escorpión’ ¿estaba ensayado, hacía parte del libreto de lo que quería hacer en aquel partido en el estadio de Wembley frente a Inglaterra?

“No fue espontáneo. Lo quería hacer, lo que no sabía era cuándo. Fue un trabajo que me tomó bastante tiempo. Cuando hablo de esa jugada hablo con una analogía de cuando uno tiene que ir a presentar un examen.

Fui estudiante, no de los mejores, regularcito, pero sabía que cuando estudiaba me iba bien. Cuando no estudiaba, iba a la iglesia de San Judas, pero nada, no aparecía diosito para ayudar. Podía rezar todo el día y la noche y no iba a ganar.

Lo mismo sucedió con el escorpión. Eso nació de un comercial de televisión con unos niños. Uno de ellos me hace una chilena y yo le hago una chalaca al revés. Me la empiezan a pedir, la empiezo a practicar. Y a los tres años decido hacer la jugada, sin saber en dónde. Simplemente estaba esperando ese balón que había estudiado y practicado. Demoré ocho años en poder materializar esa forma de tapar y salió debido al trabajo que se había hecho”.

¿Cuál es ese momento más feliz de su carrera deportiva?

“El haber sido profesional, compartir con tanta gente, estar en varios equipos. Esa fue la mayor felicidad.

Pero la mayor frustración es que en la mayoría de equipos que me contrataron tuve dificultades económicas. Siempre me siguieron los problemas de plata. Ahorita, en Arabia, me quedaron debiendo año y medio de salario.

Yo pienso que todo va pegadito. Yo creo que si hubiera estado en esos clubes, a paz y salvo, tanto de lo que se habla de la indisciplina de René no habría existido, y de pronto hubiera terminado en el Real Madrid, en el Barcelona, en uno de los grandes equipos de Europa. Pero me tenía que gastar los ahorros para poder mostrar mi fútbol. Eso hace que uno no se sienta profesional, baje la moral, en fin.

No tener esa tranquilidad no deja ser ni mostrar todo el potencial”.

Bueno René y ¿cuál es su jugador de fútbol favorito?

“A mí me gusta mucho el fútbol de Messi, de Maradona, de Alexis García, del Pibe Valderrama. Los huevos y la verraquera que siempre imprimieron los Chicho Pérez, los Leonel Álvarez, las gambetas y goles de Aristizabal y del Tino Asprilla. Pero se me quedan una cantidad de personas que solo en un libro me daría para mentarlos a todos”.

Y ¿cómo está la familia?

“Hace poco menos de una semana cumplí 29 años de casado… bueno, de unión libre, que es la misma cuestión. Tengo tres hijos: dos de local y uno de visitante (Risas): Andrés y Pamela, con Magnolia, y Cindy Carolina, con Patricia.

Mis tres hijos me han dado tres nietos. Luciana es hermosa, muy inteligente y estudiosa, el 9 de marzo cumple 7 años. Emiliana nació un 28 de agosto, el mismo día que nació el abuelo, y tiene 18 meses. Y Santiago es hijo de Cindy Carolina, va para tres años.

Ahora vivo con Magnolia y Andrés René mi hijo mayor. Soy un abuelo alcahuete y consentidor. Lo que no les di a mis hijos se los doy a mis nietos.

[Pasa a Luciana al teléfono] Dígale a Elizabeth que el abuelito es mal abuelo: ‘naah, mi papito es muy bueno, me enseña muchas cosas y me ama mucho’ (Risas).

Espero que la gente entienda que somos seres de carne y hueso, que nos equivocamos, que aunque tratamos de ser perfectos, no lo lograremos ser. Gracias a los que me quieren y a los que no me quieren también. Gracias a todos”.