“No quiero ir a la guerra”: niño de 12 años teme ser reclutado en Urabá

25 de marzo del 2015

Dilan dice: si me llevan, abandono un hermanito discapacitado que depende de mí.

Duverney

A Dilan Suárez, con 12 años de edad, nada le da más miedo en su vida que ser reclutado por grupos armados ilegales. Lo teme porque esto lo alejaría de su hermano Juan, un joven de 23 años que sufre una discapacidad y que depende de los cuidados de su hermanito menor.

Lea También: El fotógrafo que más ha retratado el infierno de la guerra en Colombia

Juan fue víctima de una meningitis cuando tenía cuatro meses de vida. Jamás pudo valerse de sí mismo para sobrevivir. Dilan llegó, casi una década más tarde, como su ángel de la guarda para acompañarlo en la supervivencia que implica a una víctima de este mal en las pobres zonas rurales del Urabá Antioqueño.

Lea también: Cuando la guerra devora a los niños

“Yo lo cuido consintiéndolo, ayudándolo con todo lo que el necesita, por ejemplo cuando le da sed, cuando tiene ganas de orinar, para cepillarlo, enfriarle la comida y también cuando me toca acostarlo”, confiesa Dilan.

El niño estudia en la institución educativa José de los Santos Zúñiga, y rompió su silencio cuando una comisión del Ministerio de Defensa se acercó a su escuela en una campaña llamada “Basta, aquí soy libre”, con la que pretenden evitar el reclutamiento de menores por parte de los alzados en armas.

Duverney Arciria Sánchez niño de 12 años que no quiere ser reclutado por la guerrilla

La Séptima División del Ejército realizó una campaña por escuelas en el Urabá (norte de Antioquia), tratando de convencer a los menores de no dejarse reclutar por sujetos armados.

“Yo ya sé que les diría”, cuenta Dilan sobre las palabras que ha ensayado desde hace mucho, si en algún momento de su vida los ilegales golpearan a su puerta pidiendo que los acompañe a la guerra.

“Yo le diría: no puedo ir con usted. Yo tengo un hermanito que me necesita y que me quiere mucho. No puedo, no puedo y me negaría contra las fuerzas que tengo para no ir con esa persona. Tengo un hermano discapacitado, desde que nació le dio una enfermedad, él no puede caminar, no puede hablar, entonces no puedo ir allá con usted, me negaría a ir con él y me iría corriendo”.

Dilan es uno de los miles de niños que están en riesgo de ser reclutados a través de engaños y seducciones que se desvirtúan cuando ingresan a las estructuras ilegales.

“No quiero ir a la guerra”

Dilan confiesa que no soportaría el hecho de que lo separen de su hermano. Lo ha visto sufrir intentando valerse por sí mismo, y entiende que nadie como él podría cuidarlo como lo merece.

“Tengo los derechos que quiero, y no quiero ir a la guerra. Lo que quiero es ser un buen cantante”, dijo.

“Mi hermano s un ángel que me mandó mi Dios del cielo, para que nunca me desvíe de los caminos de Dios. Es como si yo estuviera en una carrera: a mí la vida me entregan un carril y no tengo que desviarme por el carril de mi compañero; tengo que seguir por mi carril. Y si me desvió estoy encontrando un mal para mí y podría perder algo que tengo en la vida, como mi hermano, mi mamá. Si me reclutan, ya no podría acariciar a mi hermano, consentirlo ni cantarle canciones”.

Los menores de la escuela en Urabá decidieron decirle “no” a quienes traten de llevarlos a la guerra.

El reclutamiento ilícito de menores es una práctica sistemática que utilizan los grupos armados organizados al margen de la ley para engordar sus filas y convertirlos en carne de cañón. Según cifras del programa de atención humanitaria al desmovilizado, desde el año 2002 se han logrado desvincular alrededor de 4.100 niños, niñas y adolescentes que han sido atendidos por el Instituto de Bienestar Familiar.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO