“¿No será delito que a las amantes de los funcionarios las inviten con dineros del Estado?”

“¿No será delito que a las amantes de los funcionarios las inviten con dineros del Estado?”

27 de marzo del 2012

Carlos Fernando, el hijo del inmolado Luis Carlos Galán, ya se acomodó plenamente en su silla de Secretario de Transparencia, antiguo Zar Anticorrupción, y tomando prestada la frase de un asesor dice que para poder controlar a una cabra arisca, hay que observarla. Y eso está haciendo.

“Si nosotros nos dedicamos solamente a destapar ollas podridas que identifiquemos, vamos a estar condenados a hacerlo indefinidamente. Pero si miramos cuáles son las dinámicas de corrupción, cómo se están robando la plata a nivel territorial, cuál es el modus operandi de los corruptos, podremos luchar de manera efectiva contra este flagelo”.

Su cargo tiene ahora el rango de Secretario Jurídico de la Presidencia, o Secretario General. Y le llueven a diario cientos de denuncias que van desde líos de faldas en oficinas del Gobierno, hasta macabras amenazas relacionadas con el saqueo de los dineros públicos, pasando por asuntos que son de discusión ética.

Mujeres celosas se han quejado porque sus maridos, con cargos encumbrados de la administración, mantienen a sus amantes como asesoras o secretarias con sueldos oficiales. Algo así como –se preguntan- si no es delito que paguen a sus “queridas” con dineros del Estado.

Otra denunciante pone en conocimiento que una pareja de esposos ha montado toda una red de corrupción, pero le inquieta saber si marido y mujer pueden laborar en cargos directivos del mismo ministerio.

Su despacho, fuertemente apoyado por la Presidencia, acaba de crear un sistema nacional de denuncias para facilitarle al ciudadano la entrega de información, que será trasladada a los organismos de control.

Carlos Fernando Galán ha continuado el legado de su padre en la lucha anticorrupción.

Galán dice que tiene instrucciones claras del Presidente de avanzar en la protección real de los denunciantes, cuando amerite hacerlo, porque muchas situaciones generan un riesgo muy grave para la persona que se atreve a informar irregularidades.

“De un presupuesto de inversión de la Nación, calculado en 70 billones de pesos, estamos perdiendo 9 billones de pesos al año. Eso son dos líneas del metro de Bogotá al año que se pierden por la corrupción”.

El Secretario de la Transparencia explica los primeros pasos en su lucha, la misma que le costó la vida a su padre:

“Tener un observatorio bien construido, bien alimentado, nos va a permitir saber cuál es la situación real de la corrupción, para poder luchar efectivamente contra ella. Buscamos indicadores mucho más cualitativos de lo que está pasando al interior de las entidades públicas con todos los recursos”, dice Galán.

Según el funcionario, “el observatorio no solamente debe medir cuánta plata nos están robando del presupuesto público, sino cuál es el impacto que tiene la corrupción en general en el país. Un ejemplo, el caso de la 26, que conocemos bastante. El impacto no es solamente la pérdida de 500 mil millones de pesos sino que Bogotá lleva tres años de una crisis de movilidad por culpa de unas obras abandonadas. Eso tiene un costo económico para la ciudad, dramático y un costo social”, concluye.

Si una entidad tiene un registro de información muy importante en cualquier sector, y es manejada por una sola persona, entendemos que ahí hay un peligro. No estamos diciendo que el señor sea corrupto, pero tiene demasiado poder. Vamos a generar unos contrapesos que permitan mitigar posibles casos de corrupción.