“No vaya a abrir la boca, general Santoyo”

“No vaya a abrir la boca, general Santoyo”

23 de agosto del 2012

El problema del general Mauricio Santoyo no es que haya tenido nexos con los mal llamados paramilitares. Lo que hizo por la patria y por la Seguridad Democrática no tiene nada de malo. Lo malo es que se haya sabido. ¿Cómo es posible que todo un jefe –justamente de seguridad– no tome las medidas para que las necesarísimas acciones debajo de la mesa se queden ahí y no trasciendan a la luz pública? Un pendejo, es lo que es, y un bocón. Otro traidor.

Dentro de la benemérita micro gerencia, en la cual quien gobierna se entera de todo y todo lo decide directamente, ese tipo de filtraciones se convierten en jartísimas grietas que pueden resquebrajar el impoluto edificio doctrinal. Uribe no podía contar con la mediocridad del general de marras.

Además, ¿quién ese esa señora, la tal Virginia, que tiene una corte en los Estados Unidos? A la Corte de Virginia, no hay que pararle bolas. Eso es justicia privada. La vieja esa hace parte del cartel de los falsos testigos, como bien lo señala maese Fernando Londoño. Hasta allá llegan las garras afiladas del hampa que ha querido destruir la magna obra de Uribe. No contentos con meter presos a los grandes electores que nos garantizan la papa, ahora se ensañan contra una policía pura, respetada, honestísima, tutelada por la sombra del paradigmático árbol de Naranjo.

¡Y se atreve el pelafustán sin ducha del Iván Cepeda, a pedir que su eminencia Uribe sea procesado por tamaño infundio! ¡El procesado debería ser él, en una fábrica de salchichón!

Yo, que he sido siempre respetuoso de la intervención norteamericana en Colombia, hasta el punto de haber pedido hace algunos años en la inmundicia esa donde trabajaba, en el Noticiero QUAC, que los Marines invadieran Colombia para garantizar la llegada al poder del dictador que Colombia necesitaba (qué tristeza que solo estuvimos ocho años en el paraíso) me arrepiento. Juro que iré hoy mismo a la iglesia de las Angustias a confesarme y pedir perdón. Nuestros propietarios anglosajones se equivocan al juzgar al pusilánime Santoyo, y mucho más en que este prenda el ventilador y sapié (gracias al falso testimonio) a mucha gente que no tiene rabo de paja sino cola de mico parlamentario.

¡En este país ni las fuerzas militares, ni los políticos, ni la gente rica y decente, ni mucho menos el patriarca del Ubérrimo, tuvieron que ver con el proceso autónomo y victorioso de las Auto defensas!

Eso fue una vaina necesaria, pero aislada. Cosas de campesinos. Y mucho menos la gente decente tiene necesidad alguna de narco traficar. Con la corrupción nos basta y sobra para asegurar un futuro digno. ¿Que sobornaron a Santoyo? Probablemente. Y el tipejo está en las que está seguramente por no haber compartido esos óbolos. Si hubiera puesto a circular la platica, no tendría enemigos que le dieran dedo.

¡Todo lo que le diga Santoyo a la Virginia, es mentira! Todo colombiano que quede incriminado en ese proceso es, de suyo, inocente. Y si el ventilador pone al aire las dignas cabelleras de más de un personaje, y hablo de despelucar las principales cabezas, pues tocará de alguna manera cortarle la corriente al degeneralito. Sin duda el Santoyo sabe demasiado, pero hay que hacer ver que todo lo que diga es falso. Por lo menos en Colombia, donde afortunadamente la feligresía aun traga entero, porque es católica y parroquial

Y es mentira que las organizaciones de auto defensa y narco bacrímicas hayan penetrado al Estado. ¡Fue el Estado quien las penetró!

Una institución como la llamada “Oficina de Envigado” no es más que una Defensa Civil paralela. ¿Qué tiene de malo una entidad financiera en cuyas bóvedas no haya lingotes de oro sino blancura prensada? Caramba ¡la coca hace parte de la hipermodernidad!

Y me parece muy bien que un general como Santoyo, entroncado en la verdadera realidad nacional, tuviera a cargo la seguridad del Estado. ¿Qué quieren? ¿Qué en lugar de Don Berna tuviera negocios con Timochenko? Uno: la coca de las FARC es de mala calidad. Dos: ya hay otra oficialidad de menor rango, coronelato, metida en ese negocio.

Todo estaba siguiendo su curso normal. Y tenían que venir lo sapos de aquí y de allá, a revivir una corriente que cual agua mansa, siempre ha nutrido las venas del poder. No se olviden que nuestra multinacional “La Terraza Inc.” tiene filiales en todo el mundo. ¡Ojo!

¿Qué tal que al Santoyo le dé por digamos…mentir más de lo debido? ¿Hasta qué alturas podrá llegar el escándalo? Si antaño tuvimos problemas con un elefante, se nos puede meter esta vez un dinosaurio que medra desde la prehistoria patria en clubes y palacios. Ese dinosaurio que nunca hemos visto, porque el tamaño de nuestras espaldas es tal, que oculta no solo eso, sino cosas que deben seguir encaletadas, como la miseria, la guerra, la inequidad.

En ese sentido me uno a mi colega el ciclópeo abogado Jaime Granados, defensor del Supremo, en el sentido de “salvaguardar el derecho al buen nombre y la honra del doctor Álvaro Uribe”. Santoyo va a pagar poquita cárcel entre más enlode a la dirigencia nacional. No podemos esperar a que Santoyo tumbe el templo para que caigan Sansón y todos los filisteos. Hay que desmantelar el templo, para que cuando caiga, sea tan solo una llovizna de polvo la que descienda sobre quienes hemos sido fieles a la doctrina y al Estado de Opinión. Preferible una polvareda a, esta vez sí, ¡una verdadera hecatombe!

De todas maneras lo de Santoyo es un acto más (gravísimo, no pendejiemos) de la campaña miserable contra el mejor gobierno de nuestra historia y del orbe. Los bellacos tratan de atentar contra los pilares de la seguridad misma, adelantando infames procesos contra limpísimos funcionarios que garantizaron nuestro bienestar como el general Mario Montoya, Luis Carlos Restrepo, María del Pilar Hurtado, José Miguel Narváez y Jorge Noguera. Ellos, los miembros del sanedrín encargado de nuestra seguridad, saldrán victoriosos cual corceles de viento, ante la vesania y la infamia. Entre más buenos muchachos presos tengamos, más será nuestra gloria.

Supuestos delitos cometidos por Santoyo desde la Casa de Nari, como tráfico de armas con destino a grupos paramilitares, la desaparición de defensores de derechos humanos y la interceptación telefónica ilegal de líneas telefónicas, deberían ser erradicados del código penal. Eso es hacer patria ¡carajo!

Muy bien cuando Uribe dice: “Lo único que tuve por Santoyo, fue confianza y gratitud. Nunca me pasó una duda por la mente… Yo le tuve toda la confianza, todo el afecto”. Razón tiene mi Taita Uribe de culpar de toda esta vaina a Juan Manuel Santos. Fue él quien permitió el ascenso de Santoyo, no Uribe que estaba en ese tiempo dedicado a alzar el dedo pulgar con los soldados en las carreteras.

Por eso, que no venga a joder el senador vietnamita Jorge Robledo con lo del ascenso de Santoyo a general, porque dizque se tenían graves alertas de que Santoyo era violador de derechos humanos. Alertas tiene el volcán del Ruiz todos los días. Y Armeros solo hay uno cada cuatro siglos, viejo cansón.

¿Qué de raro tiene que aprobaran el ascenso a general de Santoyo 50 senadores de la talla de Miguel Pinedo Vidal, Luis Humberto Gómez Gallo, Dilian Francisca o Jorge Visbal Martelo? ¡Eso es pura coherencia ideológica y cohesión social!

¡Que nos devuelvan a Santoyo! Aquí nosotros, en el sentido de sacarlo de las Fuerzas Amadas, nos encargaremos de “darlo de baja”.