Odín, un French Poodle en La Picota

Odín, un French Poodle en La Picota

18 de marzo del 2011

Apareció de la nada. Era el 31 de diciembre de 2010. No se sabe si fue un regalo especial para el ex senador Javier Cáceres, si se le extravió a algún visitante o si el perrito tenía cargos por Parapolítica y decidió ir por sus propios medios a purgar su pena. Pero allí, en el Pabellón de la Parapolítica en la Cárcel La Picota, donde se hacen fiestas de cumpleaños de la nada, un perro french poodle llegó a celebrar el año nuevo.

Y Javier Cáceres lo bautizó Odín, pero no en honor al dios nórdico de la sabiduría, la guerra y la muerte, sino a su compañero de pabellón Odín Sánchez. Algunos dicen que tenía moñitas en sus orejas, y por eso se duda del sexo del animal. Otros dicen que no tenía en su cabeza nada más que lanitas blancas. Por eso, está por determinarse la responsabilidad de Cáceres en un posible travestismo del animal.

Alguien dijo que a Cáceres le contaron que el perro era muy fino, que no era como los demás “chandositos” que purgan penas desconocidas en La Picota. Por eso, Cáceres creyó encontrar un tesoro en la soledad de la prisión y se lo llevó para su habitación. Lo alimentaba con concentrado, que también aparecía de la nada. Al parecer, los perros del Inpec le daban un poco de su alimento a su nuevo pequeño amigo, porque allí, tras las rejas de la parapolítica, hasta los fieros pastores alemanes y los astutos Golden Retrievers de los guardias del penal son tan mansos y amigables como conejos.

El Pabellón de la Parapolítica parece más un dormitorio universitario que una prisión. Cada preso cuenta con su habitación y todos comparten un patio, una huerta y tres cocinas. En ese lugar, Odín estaba en un ambiente familiar. Cuando Cáceres lo bañaba, sus compañeros de pabellón celebraban su gran obediencia. Allá, en La Picota, la ropa sucia se lava en casa.

Pero ayer, 17 de marzo, el nuevo director del penal, capitán Aldemar Echeverri, estaba en una revisión en el Pabellón y se sorprendió al ver a Odín. Nadie le pudo explicar de dónde había salido, y en vez de sacarlo él mismo cargado en sus brazos, envió a unos guardias a llevarse al animal. Quizá no quería que su uniforme quedara impregnado de olor a perro de la parapolítica, pero lo cierto es que su decisión hizo caer un manto de tristeza entre los internos. Odín está libre, nadie sabe dónde, mientras ellos deben seguir con su pena.

French Poodle, de la misma raza que Odín.

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