Oiba, ‘Paraíso de la Miel’ y la tranquilidad

15 de diciembre del 2018

Un pequeño municipio santandereano que protege las abejas.

Oiba, ‘Paraíso de la Miel’ y la tranquilidad

Llegar al municipio de Oiba es fácil, aún más si se encuentra en Bogotá o Bucaramanga. Estás dos ciudades principales conectan en su vía panamericana a menos de seis horas en carro con el ‘Paraíso de la Miel‘, un pequeño territorio que goza de la tranquilidad en sus habitantes y sostiene en su agricultura las costumbres artesanales.

A esta tierra santandereana se le conoce también por ser el ‘Pueblito Pesebre de Colombia’, que sin herejía alguna y de puerta en puerta, cuelga pedazos de tela con los santos, las vírgenes o Jesucristos impresos. La cordialidad es inherente en su cultura. Unos buenos días nace sin aspavientos y la conversación entre un oibano curioso y un desconocido se ata. Aquel visitante por fortuna, escuchará algún sitio que no tenía previsto en su visita.

La mayoría de sus pobladores consagra sus plegarias de fe y esperanza en la atávica estructura de la parroquia San Miguel de Arcángel, que en épocas decembrinas viste de luces titilantes e ilustra la historia del niño Jesús, los pastores de Belén y los animales que representan abundancia y provecho.

Estos últimos adjetivos también se le otorgan a sus platos; el sancocho de gallina, la arepa de maíz pelao con un buen trozo de queso, su cuajada con miel o dulce de mora, la carne oreada con yuca y de beber, el famoso guarapo de panela.

Las caídas de agua son gratitud. Su responsabilidad con los desechos orgánicos e inorgánicos es ejemplarizante y llega hasta las veredas, en las que reposaban la adrenalina del rappel en casacadas de más de 90 metros de altura y en donde sus campesinos se convierten en protectores ambientales.

Las abejas, más allá de la miel

El ‘Paraíso de la Miel’ fue descubierto en 1540 por el capitán español Martín Galeano. Durante ese tiempo, Oiba era el cacique gobernante y el pueblo se llamaba ‘Poima’, que en mayor cantidad que ahora, sus sosegados paisajes divisaban cafetales, mandarinos, panales y cacao.

Sus calles se vuelven alegres con las personas ambulantes por la plaza principal empedrada deleitándose con los diferentes usos del preciado dulce natural promocionado en El Festival de la Miel. Esta celebración de los primeros quince días de enero, sirve para conocer el ganado en venta y presenciar la corrida de toros, también para seleccionar la hermosa mujer que como una abeja reina, representará la colmena y velará por la miel y su riqueza.

Proteger los polinizadores, ser y descubrir nuevos y cualificados apicultores, demostrar la productividad del campo y conversar sobre las bondades de la miel, es el objetivo del festival. Los mismos que ordenó el Juzgado Primero Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Cartagena a la nación para evitar la extinción de las abejas.

El fallo impuesto por el abogado ibaguereño Joaquín Torres, inmiscuyó a las entidades ambientales y agrícolas, quienes deben emprender un recorrido investigativo y pedagógico sobre la protección de los insectos que llevan consigo la biodiversidad. Además, hay que resaltar que la Agencia Nacional de Licencias Ambientales declaró que no utilizará más la fumigación con neoticotinoides, los insecticidas que pueden disminuir la especie.

Se espera que los descubrimientos científicos que avanzan a ritmos acelerados, entreguen una pronto solución para evitar una crisis alimentaria ante la falta de los polinizadores. Ya en Finlandia, estudiosos como Freitak y Heli Salmela, encontraron una vacuna para protegerlos, pero según cálculos de la ONU, tardaría en llegar a regiones latinas más de cinco años.

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