Cuando el río suena…

Foto: Cortesía Robert Max Steenkist

Cuando el río suena…

26 de septiembre del 2017

“Cuando el río suena piedras lleva”. Eso por un lado. Por el otro, pensemos que antes que nada, las palabras son sonidos. O sea que si el río suena es porque lleva palabras. Una relación lógica.

“Mirar el río hecho de tiempo y agua     
y recordar que el tiempo es otro río,     
saber que nos perdemos como el río    
y que los rostros pasan como el agua”.   
(Jorge Luís Borges)

Un colombiano y un argentino se pusieron en la tarea desmedida de hacer un libro con poetas de los cinco continentes que hablaran de tantos ríos como fuera posible. ¿Por qué los ríos?

Oír ese río

“Y ya que por vocación o descarte nos enlistamos en lo difícil, hagámoslo denserio: sabemos que los temas corrientes son los más difíciles. Pienso: ¿qué más corriente que un río? En su naturaleza inagotable, fluyentes y estáticos, opulentos y frágiles, destructivos y transportadores de vida, en su contradicción sublime y cercana, los ríos están conectados con el acto fundamental de la palabra”, escribió Robert Max, el colombiano detrás del libro.

Foto: Cortesía Robert Max Steenkist

Esteban Charpentier, el otro editor, poeta argentino, escribió que “Sí, el hecho de que la ciencia haya determinado que los humanos somos 75% agua, y que el agua de la que abrevamos proviene de ellos, nos lleva al resultado inequívoco de que somos 75% río”.

“De nuevo,    
el río llegó a abrazar el alma de quienes          
entregaron a él sus sueños, sus dulces versos, sus esperanzas llenas de sudor, 
sus lágrimas mezcladas    
y los aromas del té”.
(Raed Anís AL-Jishi)

Los ríos son una de las figuras más recurrentes en la literatura. Los mitos fundacionales de muchas civilizaciones tienen que ver con los ríos. También son una metáfora constante para explicar las cosas que no tienen explicación. “Siempre son una figura que le ha servido a la humanidad para explicar cosas”, dijo Robert.

Además, los ríos son los grandes olvidados de las corrientes ecológicas, a pesar de que hay planes concretos para recuperarlos. “Los ríos, como son transnacionales, las responsabilidades siempre quedan divididas ¿Quién tiene responsabilidad sobre el Orinoco, por ejemplo? ¿Brasil, Colombia, Venezuela? Igual siempre se lavan las manos unos con otros. Por eso, a nosotros nos pareció una buena iniciativa mezclar la poesía con la responsabilidad ambiental”.

“El río, creo que en el momento en que elegimos el tema, parecía ser un tema común de la poesía en general, para ponernos de acuerdo en el hecho de escribir sobre algo. La idea de que íbamos a ser remeros en esa propuesta cayó muy bien” –dijo Esteban Charpentier.  

“Mi alma se queja del ruido. De esta agitación. De todo este           
orden-desorden. Este estrés. Se escapa. En busca de agua.  
Un arroyo. Un refugio de paz”.     
(Rocío Durán-Barba)

Las dificultades de ser poeta

“Los poetas son un problemas en sí mismos”, dijo Charpentier. Muy pocos escritores son capaces de decir que se puede vivir de la literatura. Esa es una de las profesiones que, desde que se empieza más cuesta. Más duele. Pero puede ser posible, en algunos casos: es cuestión de una disciplina cerril, y también, por supuesto, del talento que no es, como tal, una cosa innata, sino que se va desarrollando especialmente con el sano hábito de leer mucho.  

Para ser un escritor, además, se necesita “mucha sangre en las venas. Y caminar mucho”.

“En general los poetas no tenemos esa dificultad porque ninguno puede vivir de la literatura –explicó Charpentier–. En general los que pueden vivir de escribir libros son los o las encumbrados del poder que sean poetas, o algunos novelistas”.

Foto: Cortesía Robert Max Steenkist

Un poeta no vive: sobrevive. “No es viable una vida en la que se pueda vivir de esto. Es hacer esto regularmente para ganarnos el lugar que nos dé la escritura”.

“Mi río pinta la fuerza de la sangre embarrada
la subterránea indecencia de un dolor eterno
saborea el ácido de una llaga en pentagramas de plata         
mientras silva su canción de contratiempos   
se viste de luto       
de endurecido vuelo         
y en su garganta fermenta           
la premura de una palabra ahogada      
sin traiciones          
Pobre y de bolsillos fríos  
hunde el puño en  la cicatriz que un pájaro suicida  
clavó en su superficie de perla falsa”.      
(Esteben Charpentier)

Hay muchas maneras de vivir de la literatura. Lo importante es saber cómo. “Esto es como todo –dijo Robert Max–: usted puede seguir un oficio por vocación y por pasión, o sólo por interés”. Si lo sigue por interés habrá problemas: la Literatura deja ganancias que no siempre se miden en dinero.

Hay dos maneras de vivir de la literatura. “Una de ellas es seguir una corriente que ya está establecida y la otra es tratando de armar uno su propio curso. Pero si uno es poeta no debería caer en esas facilidades que le propone el sistema. La poesía es un acto de sub-versión”, dijo Robert Max.

El lenguaje que usan los poetas está domesticado y tiene un fin pragmático: dar un mensaje. “Usted lo que tiene que hacer como poeta es romper ese pragmatismo del lenguaje y recuperar el potencial creador. Y eso no se puede hacer perteneciendo a un sistema”. 

“En una orilla           
veo arder los testamentos del pez          
y emprendo la huida como Ptolomeo   
hasta el fondo de las algas           
Cada río reconoce el fantasma de su lengua   
en el mismo cielo hipnotizado.”    
(Robert Max)