Las artesanías que cambian vidas

Las artesanías que cambian vidas

3 de noviembre del 2018

En un municipio de Norte de Santander nació Oliver Leal, un hombre que superó un obstáculo tras otro. La región donde vivía, más conocida como la ciudad mitrada, fue testigo de los sueños que desde muy pequeños se vieron frustrados.

Cuando tenía siete años su mamá se fue de la casa porque su padre la maltrataba. Al quedarse solo el papá no soportaba a sus hijos y Oliver fue quien pagó. Siendo un niño lo echaron de su casa. Deambuló por las calles, algunos lo ayudaban y le daban comida. Poco a poco se acostumbró a la soledad de las calles.

Además de aguantar hambre tuvo que huir en varias ocasiones porque el exgrupo FARC trató de reclutarlo. Empezó a recorrer de un municipio al otro, siempre caminando. Luego llegó a Yopal, capital de Casanare y de inmediato se enamoró de los paisajes y las personas. En el fondo esperaba que las cosas mejoraran, pero por el contrario, entró al mundo de las drogas.

Un grupo de jóvenes le ofreció bazuco. Esta es una droga de bajo costo elaborada con residuos de cocaína y procesada con ácido sulfúrico y queroseno. Los resultados de los desconocido fueron fatales. Durante cinco años vivió en la calle como indigente, siempre buscaba saciar la adicción. Permaneció abandonado en los andenes y con dolor expresó a Kienyke.com que vio morir a muchos jóvenes.

El color de la esperanza en la vida de Oliver

Después de cinco años en los que las calles fueron su hogar, Oliver conoció a un hombre que tiempo después se convertiría en un amigo. Y como no volverse ‘parceros’ si fue él quien le demostró que el arte puede cambiar vidas. Sin interés alguno le enseñó a hacer manillas, collares y realizar diferentes tejidos.

Casi sin darse cuenta podía pasar hasta seis horas tejiendo. Para él, esa actividad se convirtió en una terapia para el cerebro. Fue así como poco a poco se olvidó del mundo del bazuco. En el proceso de cambio agradece porque a su vida llegó Esmeralda, como una joya le mostró un mundo de esperanza.

Lleva más de 23 años viviendo en Yopal y sueña con que los jóvenes aprendan todo lo positivo que trae el arte.

Como el Ave Fénix Oliver volvió a nacer

“Aprendí más de 150 tejidos y después empecé a hacer bolsos de retazos de cuero. Inventamos un sistema de troquelación para entregar los kits y que ellos se entretuvieran. Gracias a ese esfuerzo fui a Estados Unidos a vender todos esos productos. Para sorpresa mía, quedaron encantados”, aseguró Oliver.

La primera vez que salió del país todos los producto que llevó se vendieron con éxito rotundo. Así, una tras otra sus creaciones han sido protagonistas en ferias internacionales. Actualmente cuenta con una empresa que transforma la materia prima de la región. A través de esta le enseña a jóvenes y adultos mayores a ocupar el tiempo libre.

“Es una felicidad impresionante para nuestras vidas. Organicé mi familia y mi sueño es crear en el departamento espacios para que jóvenes puedan crecer. Además, con la práctica todo es más dinámico”, concluyó el empresario.