Ophelia Pastrana: 28 años como hombre y ahora es una mujer

Ophelia Pastrana: 28 años como hombre y ahora es una mujer

14 de noviembre del 2013

Ophelia Pastrana, antes Mauricio Pastrana, comenzó a ponerse ropa de mujer en sus ratos de descanso como un alivio al estrés. Estaba en sus veinte y tenía una empresa de marketing digital exitosa, había hecho una maestría y estaba casado con una mujer.

Son las 4 de la tarde en Bogotá y las 6 de la mañana en Seúl (Corea). Ophelia pasó de largo atendiendo a algunos de sus clientes, entre los que se encuentran Reebok, Calvin Klein y Telmex, o personalidades como Mónica Fonseca. La entrevista se hace vía Skype. No puede hablar porque se acaba de practicar una cirugía de feminización de la voz, sólo escribe. Las palabras que usa son muy mexicanas, debido a que lleva varios años viviendo en ese país. Tiene una blusa morada y poco maquillaje. Sus ademanes son delicados y su ropa siempre es la más fina. Usualmente viste faldas negras Armani, uñas impecables, labial rojo y algún toque pink en alguna de sus prendas. El arreglo de su pelo solo se lo deja al director de belleza del Mercedes Benz Fashion Week en México.

Su agencia Kraken Comunicación se enfoca en la estrategia digital de diferentes marcas y en crear aplicaciones. También representa talentos y dicta la clase “redes sociales como estrategia de negocios” en el Tecnológico de Monterrey, donde sus estudiantes la vieron ‘transicionar’ en tiempo real. Contrataron a Mauricio y quien cerró el semestre fue Ophelia.

Ophelia Pastrana, Kienyke

Pastrana, una mujer muy elegante, es experta en marketing en redes sociales. Trabaja con importantes marcas en el mundo y ha sido invitada a dar conferencias junto a personalidades como Randi Zuckerberg (exdirectora de marketing de Facebook). 

Ophelia cuenta que su papá es primo del expresidente Andrés Pastrana y que su abuelo materno fue Hisnardo Ardila, exalcalde de Bogotá.

Ophelia: ¿ser o no ser?

En su historia personal no existen frases comoyo sabía que quería ser mujer desde niño” o “usaba los tacones de mi mamá”. En realidad vivía su vida “by the book” (según las reglas), como ella misma cuenta. Pasaba con excelentes notas en uno de los colegios más prestigiosos de la ciudad, era capitán del club de debates, hacía taekwondo competitivo, se graduó en física y a los 24 hizo su maestría en econometría.

“Siempre viví todo muy rápido, por eso digo que voy para mi tercera vida. Estaba en un camino diferente a todo el mundo y tenía este curioso y “divertido” hobby de vestirme como chica para sacar el estrés: y pensaba ‘pinche cabeza, bueno, pero por lo menos es un ‘hobby sano’ no es como meterme dos líneas de coca en una noche loquísima. A veces salía de negociar con el señor Carlos Slim y llegaba a mi casa a ponerme una falda y unos tacones. Era mi “des-estrés”.

Este hobby comenzó a sus veinte años, claro que Ophelia, por esa época Mauricio, ya se había tomado algunas pastillas anticonceptivas para evitar que le creciera la barba o el pelo en el pecho. Sin embargo, como era un hobby poco frecuente, no le prestó importancia. Pensó que era una excentricidad.

A los 25 años se casó, aunque confiesa que lo hacía para volver a un “camino normal”. A pesar de eso el “vicio” seguía presente. El día de su cumpleaños tuvo una crisis de imagen, se estresó más porque no soportaba verse como un hombre y comenzó a tomar hormonas. Su esposa le decía que estaba “gordito” porque los senos le comenzaron a crecer.

Ophelia tiembla un poco mientras narra ese momento y sus ojos se aguan. Dice que siente escalofríos cuando habla del tema. En México la han entrevistado pero como experta en marketing. El tema de la transexualidad en realidad solo lo han tocado  medios colombianos como Noticias Uno –donde apareció la primera entrevista- y el portal Ola Política.

“Tenía dos vidas. A: Mauricio Pastrana, ejecutivo emprendedor y B: Ophelia Pastrana: quien toma hormonas y engaña a su esposa. Finalmente esa doble vida me rompió”. Se recuesta en el espaldar de la cama desde donde da la entrevista por Skype, mientras se recupera de la operación de voz.

Ophelia Pastrana, Kienyke

Ophelia afirma que odiaba su vida como Mauricio. Era una persona introvertida, ahora siente que es entradora, alegre y amorosa. 

Durante un evento en Estados Unidos intentó suicidarse. Ingirió varias pastillas, pero rápidamente se arrepintió y vomitó. Tomó la decisión de vivir lo que sentía. Le contó a su esposa, quien a su vez lo “sacó del clóset” ante sus papás, hermana y madrastra. Durante el divorcio perdió su apartamento, camioneta y muebles y en la empresa que había cofundado casi que regaló las acciones. Se sentía culpable de convertirse en travesti y por eso dejó todo para comenzar una nueva vida como Ophelia, un nombre que alude al “ser o no ser” y su proceso de aceptación. También le gustó porque era un nombre serio, como de abuela, ya que afirma que si se es transexual pasan dos cosas: “o das lastima o eres un circo, una loca”. Cambió su cumpleaños al 10 de mayo, día de la madre, e inició una terapia de género.

Se enfrentó a su familia, a quienes perdió por un tiempo. Sus amigos colombianos fueron los más duros con el tema. Uno de los más cercanos la desinvitó a su matrimonio porque no quería un “travesti en la iglesia”. Se sintió golpeada porque ellos habían recibido una educación internacional y aún así no lo aceptaron.

Comenzó a “reinventarse”. Cofundó otra agencia y en el primer mes cerró tratos comerciales con Reebok, Speedo y Calvin Klein. Dice que como Ophelia le va mejor porque es una persona abierta, cariñosa. “Cuando estás en consultoría, lo que más vale es cómo cuides a tus clientes. Yo los ayudo con sus medios sociales y la comunicación, pero lo que más quieren es hablar de que su hija se enamoró o que su perro va a tener cachorros.”

Actualmente tiene 31 años. Ella quisiera que el cambio no se note, que pensaran que es mujer. Lleva tres operaciones: se quitó la manzana de Adán, se puso senos y ahora se modificó la voz, porque en realidad prefiere que le digan “gorda, fea, puta o idiota” a “señor”.

“Yo le doy trato a Mau de tercero, como mi ‘hermanito’, porque él se quedó a los 28. Odio rotundamente mi vida como Mauricio. Era un robot sentimental: con cero capacidad de diálogo, a pesar de medir 1.90, hacer mucho gimnasio y tener una maestría. Ahora tengo la capacidad de ser entradora. Me arrepiento de no haber transicionado antes, a los 18 o 14 años, pero ni modo”, dice.

Disforia de género

Ophelia afirma que la ironía es que ‘Mau’ era un poco homofóbico. La única pista de que se sentía mujer era que le daba pánico dejarse crecer la barba. Cuenta que su condición se llama “disforia de género”, un estado donde no se reconoce quién se es contra como se ve. Parecido a lo que sucede con una persona anoréxica que se sigue viendo gorda a pesar de estar delgada.

“El mejor tratamiento para mi condición es cambio de sexo y es lo que espero hacerme, pero cuesta bastante. Técnicamente ya no se considera un desorden, sino una condición. Yo tengo cerebro de chica en un cuerpo de ‘Güey’ y, por ende, la disforia”, afirma.

Su vida corre a contrarreloj y siente que tiene tres edades a la vez. Por esa razón está pasando por una especie de adolescencia. Le gusta hacer cartas de amor, cursilerías, o cuando ve un prom o una boda se emociona. Además, se mira incontables veces en las fotos que sube a Instagram.

Ophelia Pastrana, Kienyke

Según Ophelia la disforia de género es un estado donde no se reconoce quién se es. 

A pesar de ser una mujer atractiva su condición no la ha ayudado con los hombres. “Si de por si les asusta la chica que a sus 31 tiene dos empresas, familia en la política y que viaja un montón, imagínate lo qué les pasa conmigo”, dice.

Curiosamente la persona que la ha hecho sentir más mujer es otra mujer. Su pareja actual, a quien describe como un Tomboy (marimacho). Ella es el hombre de la relación, quien le abre la puerta del carro y la trata como una dama. “Los hombres gays quieren hombres más hombres. No sé de dónde salió la percepción de que un chico gay es femenino. Son like a rock. Un día iba entrando a un antro gay y se me acerca un tipo y me dice: mira reina, si te quieres acostar con hombres, no te tienes que vestir de nena, va?”. De por si los chicos gay son vaginofóbicos”.

Antes de decidirse a ser mujer por su vida habían pasado casi nueve novias y, por supuesto, una esposa. En realidad prefiere las citas con hombres heterosexuales.

Una nerd de tiempo completo  

A Ophelia no le atrae mucho la idea de venir a Colombia. Con el lado “pomposo” de su familia, que en su mayoría son los parientes de su papá, no se ve desde que dejó a Mauricio atrás.

“Hoy en día mi papá y mi mamá son mi mejor y más grande apoyo. Yo me crié más con mi familia materna, porque mis papás son separados. Mi mamá era hija de Hisnardo Ardila, exalcalde de Bogotá, ingeniero encargado de importantes obras como la Avenida Circunvalar en Bogotá o la carretera a Melgar.”.

Sin embargo, por su trabajo con Mónica Fonseca está visitando más el país. Hace poco presentó los premios Twitter y dio una conferencia en Bogotá con personalidades como Randi Zuckerberg (exdirectora de marketing de Facebook) y Daniel Sieberg (director de estrategias de Google).

Ophelia Pastrana, Kienyke

Pastrana es reconocida por sus conocimientos en el mundo digital. También sueña con presentar en televisión, una forma de validar la forma en la que cambió su cuerpo. 

Fonseca la quiere introducir en el mundo de la presentación y por eso Ophelia se está preparando y haciendo pruebas. Dice que trabajar en esa área área “light” de la vida, la valida porque demuestra el logro en la ingeniería de rehacer su cuerpo y mente.

“México ha sido un país muy lindo para ‘transicionar’: hay cambio de nombre y sexo en los documentos, matrimonio gay y, por ejemplo, el D.F. me paga mis hormonas (US$450 el mes), el endocrinólogo y las pruebas de sangre, todo a través de la medicina pública. En Colombia yo todavía soy un hombre. De hecho un notario me vio a la cara y me dijo ‘la gente no cambia de sexo’. Si me casara allá no tendría beneficios con mi pareja así que no vuelvo por eso, me parece muy triste que eso no cambie allá”.

Hace poco Ophelia se hizo un tatuaje de unas ondas electromagnéticas con un corazón. La representan como una “nerd amorosa”. Se siente orgullosa por su pasión hacia la tecnología y porque aún recita todos los episodios de Star Trek.

“Mau tenía un signo pesos en la frente, me quería retirar joven y con mucho dinero, pero hoy en día solo tomo proyectos por cariño. Me gusta pensar que todo el mundo tiene algo que contar, todos se merecen un abrazo. A veces, mi sola presencia causa alegría en algunos, cuando no es morbo extremo”.

Sonríe cuando cuenta que quiere ser madre. Una familia es lo único que no tuvo en su vida como Mauricio. Para esto congeló esperma. Le quedan ocho años. Mueve sus uñas de color aguamarina, perfectamente decoradas con flores, en el sentido de las manecillas del reloj,  mientras pronuncia : “Tic, toc, tic, toc”.

@JuanaRestrepo87

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