La profecía que destruiría a Bogotá

23 de febrero del 2019

El padre Francisco Margallo lo declaró después del robo a su capilla.

La profecía que destruiría a Bogotá

Ante los temblores de los últimos meses millones de colombianos pasan noches con el kit de evacuación listo, el celular cargado y los puntos de encuentro repasados, tal como recomiendan los expertos en las noticias: agacharse, sujetarse la cabeza con ambas manos, ubicarse bajo una mesa.

En la misticidad de los pronunciamientos sacerdotales, hay uno en especial que trascendió más de un siglo y que revive cuando las materas colgadas y las lamparas se mecen a la intemperie, las albercas se vierten, el sueño se pasma y con urgencia, se requiere la atención del cuerpo de Bomberos más cercano.

Se trata de la profecía del Padre Francisco Margallo y Duquesne, quien al ser víctima del robo de su capilla ubicada en el centro de Bogotá, en 1827, anunció que “un 31 de agosto de un año que no diré, sucesivos terremotos hundirán a Santafé”.

Duquesne, reconocido por la crítica escrita y su labor docente en el colegio San Bartolomé, claustro donde se idearon grandes próceres de la dependencia colombiana, contaba con el respaldo de grandes eruditos y militares de altos rangos, pero no con el algunos ciudadanos incrédulos que consideraron  tal leyenda utópica e irrisoria.

Sin embargo, 90 años después, Bogotá y otras ciudades lamentaron el negacionismo del augurio. Un 31 de agosto de 1917 más de cuatro temblores con replicas durante nueve días seguidos agrietaron paredes, deterioraron varias cornisas y objetos incrustados y obligaron a los sobrevivientes a tomar medidas ante futuras catástrofes.

Un rezo a San Emigdio “Protector de Terremotos”

Además del agüero del Padre Francisco Margallo y Duquesne, hay un santo llamado San Emigdio, que evita desastres y adormece en las catedrales testificando y reconstruyendo los estragos causados en fachadas e interiores.

El “Protector de Terremotos”, a quien le dedican miles de plegarias, afronta todo razonamiento científico mediante sus devotos, que guiados bajos la superstición aprietan sus relicarios con fe.

Cabe resaltar los avances del Servicio Geológico Colombiano, que aunque no predice la ocurrencia ni la magnitud sísmica y volcánica, realiza constante monitoreo y recomienda sostener en los colegios comités de protección y prevención, al igual que las universidades, empresas y conjuntos residenciales, invitados a gestionar lugares despejados y por decreto público practicar anualmente simulacros.

Aunque la profecía de Margallo parece que ya se cumplió, quienes conocen la maldición, cada 31 de agosto le ruegan a San Emigdio, o a su santo de confianza, que Bogotá permanezca en pie.

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