La prueba de resistencia que dio el Papa en Villavicencio

Cortesía MinDefensa

La prueba de resistencia que dio el Papa en Villavicencio

8 de septiembre del 2017

La mañana de este viernes en Bogotá fue gris y fría. Antes de las 7 de la mañana, el Papa Francisco ya había salido de la Nunciatura apostólica. 10 minutos antes de las 8 llegó al Aeropuerto Militar de Catam. Le dirigió unas breves palabras a algunos soldados y policías heridos y luego abordó el Airbus A320 de Avianca que lo llevaría a la capital del Llano.

“Quiero agradecerles lo que han hecho y lo que hacen por la paz. Eso que hizo Jesús nos pacificó con el padre, puso en juego su vida y la entregó. Esto los hermana más a Jesús a ustedes: arriesgar para hacer paz. Gracias de corazón por todo esto. Gracias”, dijo Su Santidad antes de Partir.

La bienvenida en Villavicencio

El vuelo, sin contratiempos, llegó a la base de Apiay a las 8:55 de la mañana. La agenda se cumplía con precisión. AL bajar del avión saludó a las autoridades políticas y militares de la ciudad. Luego, en un sencillo Chevrolet Sail, fue llevado a Catama, lugar de más de 44 hectáreas, y en el que lo esperaban más de 600 mil personas para la segunda misa campal en el país.

Antes de la ceremonia, paseó por entre los fieles en el Papamóvil. Miles, miles de personas. Villavicencio no se quedó atrás en la multitudinaria recepción al Vicario de Cristo. Durante el recorrido, una coral y un grupo de músicos interpretaron distintas piezas religiosas y del folclor nacional. Sonaban muy bien. Colombia tiene mucho talento.

“Basta una buena persona para que haya esperanza”

A las 10:15 empezó la Misa. “Basta una persona buena para que haya esperanza y cada uno de nosotros puede ser esa persona. Los árboles están llorando, son testigos de tantos años de violencia”, dijo Francisco.

“Un compatriota de ustedes lo canta con belleza –continuó Su Santidad–: Los árboles están llorando, son testigos de tantos años de violencia. El mar está marrón, mezcla de sangre con la tierra» (Juanes, Minas piedras). La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”.

“Basta una buena persona para que haya esperanza”, fue la frase que caló más hondo, y que pronunció el Papa en la canonización de los padres Pedro María Ramírez y Jesús Emilio Jaramillo.

Después de la Eucaristía, Francisco de desplazó hasta el parque de las Malocas en donde descansó hasta pasadas las tres de la tarde. El siguiente paso en su agenda era una reunión con las víctimas. Cuatro de ellas, un hombre, desmovilizado de las Farc, una mujer, también desmovilizada, pero de las AUC, una mujer que perdió a dos de sus hijos y una afrodescendiente contaron su experiencia en la guerra. Su historia dramática, difícil, como la de miles de colombianos, pero igualmente llena de esperanza.

“Ustedes llevan en su corazón las huellas de la historia de su pueblo marcadas por eventos trajimos pero llena también de gestos heroicos. Vengo como Moisés pisando un terreno sagrado. Si me lo permiten me gustaría abrazarlos y si Dios me da la gracia quisiera que recemos juntos y nos perdonemos. Yo también tengo que pedir perdón. Y a que así todos podamos caminar hacia adelante con Fe y Esperanza. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Ver a Cristo así nos interpela Ya no tiene brazos, pero conserva rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo amputado para nosotros es más Cristo aún porque nos muestra que vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo. Y para enseñarnos que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. No enseña a convertir en dolor en fuente de vida, para aprender del perdón y la grandeza del amor”, dijo Su Santidad.  

En esa misma ceremonia, el papa bendijo el Cristo Negro de Bojayá, vestigio real de la masacre terrible que vivieron, en 2002, los habitantes de ese municipio del Chocó.

“Colombia: abre tu corazón de pueblo de Dios. No tengan miedo a pedir y a ofrecer el perdón, no se resistan a la reconciliación. Es hora de sanar heridas. Es la hora de desactivar los odios. Qué podamos habitar en armonía y fraternidad. Allá donde halla odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia”, proclamó el Santo Padre.

La siguiente parada del Papa fue el Parque de los Fundadores. Allí como un acto simbólico, que muestra su compromiso con la naturaleza. De nuevo, con un toque marcial de trompeta, se le rindió un homenaje a quienes entregaron su vida por la Paz de Colombia.

“No se puede vivir del rencor; sólo el amor libera y construye. Todos de un modo u otro somos víctimas, los de un lado u otro; todos unidos en esa pérdida de humanidad que suponen la violencia”, dijo el Papa.

Esa fue el último evento del Pontífice en la capital del Meta. A las 5:30 de la tarde abordó el avión que lo trajo hasta Bogotá. En carro cerrado, sin dejar de saludar a la cantidad de gente que salió a verlo. “¡Papa te queremos!”, le gritaban.

A las 7:30 de la noche llegó a la Nunciatura. Luego de ver una presentación artística, y de agradecer lo que le habían ensañado, se retiró a descansar. Mañana le espera una jornada igual de larga en Medellín. Asombra la resistencia de este hombre. Asombra y enternece.