Perros que vuelan

Perros que vuelan

23 de Agosto del 2016

Son más o menos 15 miembros del escuadrón de comandos especiales de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC). No lucen asustados pero se nota que están muy concentrados. Tienen todo listo y quieren hacerlo bien: los guantes, el casco y las gafas hacen parte del equipo y la indumentaria que usan para estas operaciones.

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En fila india esperan su turno para saltar al vacío desde el casa c-295, una pequeña aeronave color gris. Uno porta más carga que los demás; lleva a Keira, una perra que lleva atada con arnés a su cintura y hace parte del equipo de paracaidistas.

En cuestión de segundos llega el momento. El uniformado camina con difucultad hacia el borde del avión y se ve cómo el fuerte viento mueve las orejas de la pastor alemán. Sin pensarlo mucho, el hombre salta con los brazos extendidos y cae. Se pierde con el animal entre la maqueta verde que se divisa abajo.

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Keira, su fiel acompañante, hace parte de la escuela de caninos de la FAC, donde el mejor amigo del hombre nace y se hace soldado. Están capacitados no solo para saltar a más de 8.000 pies de altura, sino también para bajar por cuerda y llegar a los lugares más recónditos.

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Según le contó el técnico subjefe Carlos Piñeros a KienyKe.com, estos animales trabajan en las Fuerzas Armadas de Colombia desde hace más de 20 años, “cuando surgió la necesidad de verificar paquetes, personas y vehículos en la época de la violencia”.

Se han convertido en expertos. Detectan drogas, armas y ubican personas desaparecidas o heridas. Esta última es la ayuda primordial que brindan los perros paracaidistas.

El entrenamiento

Estos caninos son héroes sin saberlo. Nacen en la Subdirección de Semovientes Militares, ubicada en el Comando Aéreo de Mantenimiento en el municipio de Madrid, Cundinamarca.

Todos son belga malinois y pastor alemán. Su vida en la Fuerza Aérea inicia con dos años de entrenamiento básico, en los que desarrollan varias capacidades. Luego, hacen una especialidad, teniendo en cuenta sus características y personalidad, de acuerdo al técnico Piñeros, quien fue mentor táctico de esa unidad.

“No reciben ningún tipo de alimentación especial, lo único que tienen diferente es el entrenamiento. Se hace en un sitio de endurecimiento psicológico y todos los perros están acostumbrados a los ruidos fuertes. Si se sube un perro de casa a un helicóptero o avión se va a asustar, pero ellos no porque tienen el oído más sensible. Viven al lado de un aeropuerto y ya están acostumbrados”, explica el uniformado.

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La preparación que reciben, junto al acompañamiento de los oficiales, no parece afectar la vida del perro. Según lo precisa Piñeros, el miedo solo aparece cuando el humano lo siente. De lo contrario, ambos pueden lograr un aterrizaje casi perfecto.

“No tienen percepción de profundidad; perciben el miedo pero porque sienten el de los humanos, porque les afecta el estado anímico de quien esté con ellos. Cuando llegan a tierra uno se pone contento y ellos también”, agrega.

Así, estos paracaidistas de cuatro patas que han nacido en Colombia, han llegado lejos. El trabajo de Keira y sus compañeros se internacionalizó y salvó vidas en los fatales terremotos de Haití y Ecuador, ocurridos en 2010 y 2016 respectivamente.

Jubilación

La labor de estos caninos se extiende gracias a su estado de salud. La mayoría está en funciones hasta los siete u ocho años.

“Depende de sus cualidades físicas. Pero también de su salud y alimentación. Eso es lo que indica si un perro puede seguir o se debe retirar”, dice el técnico de la FAC.

Después, cuando han cumplido sus deberes, tienen un final feliz. Son adoptados por familias que les recompensan el tiempo entregado.

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Para este fin, existe un programa en el que desde la institución realizan un estudio, para determinar si los candidatos son aptos para darles todo lo que necesitan.

“Generalmente se entregan a los mismos familiares de la gente que trabaja acá. Hay más adoptantes que perros porque es como si estuvieran regalando plata”.

Al final, solo hay descanso y amor para los paracaidistas retirados. A partir de ese instante, sus vidas empiezan a cambiar de manera drástica, tal como un humano, para disfrutar en un hogar acogedor en sus años de vejez.

“Son perros muy agradecidos porque son de trabajo y luego se convierten en mascotas. Los que estuvieron en Haití, ya están en un hogar. Siempre se ubican en buenos lugares”.