Plazas Vega, Maza Márquez, Álvaro Uribe: ¡salven ustedes al Cauca!

12 de julio del 2012

Godofredo propone una ofensiva total para acabar con la guerrilla en el departamento: “Veo a Andrés Felipe Arias tripulando cometas artilladas y a Luis Carlos Restrepo desmovilizando frentes desde un globo”.

Plazas Vega, Maza Márquez, Álvaro Uribe: ¡salven ustedes al Cauca!

Lo de la situación de orden público en el Cauca no amerita nada distinto que una ofensiva militar nunca antes vista, una campaña libertadora en la cual participen todas las fuerzas legales e ilegales, militares civiles y eclesiásticas, para exterminar en ese territorio a cuanto guerrillero esté encaletado por allí y, de paso, meter en cintura a los belicosos precolombinos que habitan tan hermosas tierras, que deberían estar en manos de gente blanca y con pelos, y no manejados por esos tunjos alebrestados y lampiños.

Que en lugar de los cacareados laboratorios de paz, que no son más que opciones subversivas, se dé en la tierra bendita de los Mosquera y Valencia una batalla dirigida por la gente que sabe hacer eso y que reemplace al inepto del Santos.

Para empezar, propongo que la enorme fuerza de tarea que describiré a continuación, esté bajo el comando conjunto de Álvaro Uribe Vélez a la cabeza, en compañía del general Álvaro Valencia Tovar, el Coronel Plazas Vega y el general Miguel Maza Márquez, no importa que los dos últimos estén sub júdice, pues las patria los reclama una vez más al frente de los tanques y de las labores de inteligencia.

Como primera medida Maza debe infiltrar todo el departamento para poder adelantar la inteligencia necesaria para las labores de combate. Para ello deben acudir a la cita todas las unidades disponibles de las fuerzas paralelas, de tal modo que penetren a la FAR y además que logren en esta jornada cimera unirse y dejar las diferencias que los han alejado.

Me refiero, claro está, a una unidad táctica de sectores como el Erpac, Los Rastrojos, Los Paisas, Los Urabeños, las Águilas Negras y cuanta Bacrim suelta ande por ahí. Dicha infiltración implica, además, una labor de limpieza directa en la población civil, en su mayoría consuetudinariamente acostumbrada a apoyar a los terroristas.

Además, si todas esas fuerzas se acumulan en el Cauca y se dedican solamente a la profilaxis socio-cultural, podremos reducir los índices de producción y exportación de cocaína, lo cual es sumamente conveniente y ventajoso, pues ante la baja de la oferta en los mercados internacionales, cuando se retome el envío de los alijos, el precio en las calles de Miami estará por las nubes y ello compensará el esfuerzo. Es evidente que una vez tomado el Cauca no solo andino sino costero, se regularizará el comercio y a las FAR no les quedará ni un gramito para sostenerse.

Acto seguido, una mancha de aviones y helicópteros debe cubrir los cielos caucanos. Que cuanto aparato esté disponible sea destacado al frente etéreo de batalla. Que sean requeridos por decreto inclusive los aviones civiles de todas las empresas, incluidas Avianca, Lan y Copa, de tal modo que el zumbido de los 737, los Embraer y los Airbus llene de pánico a la guerrilla y sus áulicos.

Que desde los aviones civiles y los Hércules de la FAC se lance en paracaídas sobre la zona de guerra la gente que nunca ha combatido y que quiere la guerra pero no participa directamente y deja solas a las Fuerzas Armadas en esta gesta. Me refiero, claro está, a los senadores, representantas, alcaldes, gobernadores, concejales y diputados de la Unidad nacional, del floreciente Puro Centro Democrático, a mis hermanos del Partido Conservador, que si bien saben caer en paracaídas sobre los votantes, no se han decidido a entrar de lleno en la batalla.

Comandante de la FAC: saque hasta la última chatarra de Mirage que tiene en los hangares y láncese sobre el enemigo con denuedo. Que se sumen a la ofensiva aérea todos los injustamente presos y perseguidos por para política o por delitos de corrupción en los ocho gloriosos años de la Seguridad Democrática. Que caigan sobre el enemigo desde parapentes armados de bombas. Veo a un Andrés Felipe Arias tripulando cometas artilladas, a una María del Pilar Hurtado haciendo inteligencia desde un satélite, a un Luis Carlos Restrepo desmovilizando frentes desde un globo…

También hay que movilizar a toda la Armada para que con sus corbetas y submarinos remonte las aguas del rio Paez y del Magdalena hasta coronar las lagunas en las cumbres andinas, donde se refugia la torcida ideología de la indiada, en esos lugares dizque sagrados donde se nutren los Nasa de sus ideas de resistencia y rebelión. ¡Que ni una alberca o charco caucano quede sin presencia efectiva de la marina de guerra!

¿Que quieren despejar el Cauca y retirar a la Fuerza Pública de municipios y veredas? ¡Mamola! ¿Que mientras tanto las FARC se van a expandir por otros lugares? No importa. Habremos ganado la batalla del Cauca y con ella la guerra.

En magnífico sueño producido por Marte, mi dios de la guerra, veo a mi coronel Alfonso Plazas Vega desde la Panamericana remontar las montañas del Cauca al frente de interminables columnas de los hoy cansados tanques Cascabel y Urutú, repitiendo la gesta suprema del Palacio de Justicia. Sus cañones atronarán los boquerones y precipicios en una nueva defensa maestra de la democracia.

Y detrás de él, deberán subir las tropas de a pie, todo el grueso del Ejército hasta el último recluta, cientos de miles de guerreros camuflados que como plaga de langosta acabarán paso a paso con el enemigo, sea el que sea, uniformado o de civil.

En cuanto a la Policía Nacional, propongo que todos sus efectivos, desde mi general Riaño hasta el más precoz de los auxiliares de policía, formen un cordón de seguridad a lo largo de los límites departamentales del Cauca, para que con esta especie de sitio, no se nos salga vivo ni un subversivo ni pueda entrar refuerzo o pertrecho alguno para la FARRRRRRRRR…

Hay que movilizar hacia el sur a todos los guardianes del Inpec, de tal modo que ante su ausencia, logren salir de las cárceles tantos hermanos de la Doctrina Pura que están recluidos. También deberán sumarse a la guerra las grandes empresas, los ejecutivos y gerentes que siempre han querido echar un tirito pero no se han atrevido. Que se sume al maremágnum anti sedicioso un hombre de la talla de José Félix Lafaurie, montado en su Cebú de paso fino, al frente de la manada.

Y que no falte en esta cita cimera con el destino la Iglesia Triunfante. Que jalonados por sus autoridades, todos mis curitas godos se pongan la sotana anti balas y echen loma arriba a acabar con la guerrilla, a sabiendas de que hacen el bien matando gente bandida, porque les evitarán pagar más días de infierno al cortarles la cadena de sus crímenes.

No le tengan miedo a la Cruzada, pues al frente de ella estarán sus superiores portando banderas, reliquias y estandartes, llevando en andas los pasos de la Semana Santa en Popayán al son de los clarines de las bandas militares de todos los colegios del país. Ahora que ha adelgazado, no le quedará difícil a Monseñor Alejandro Ordóñez trepar montañas al frente de los soldados de Cristo Rey, como vanguardia camuflada de la fe en la victoria.

Hay que aprovechar esta ocasión única y feliz para demostrar que solo la guerra hasta sus últimas consecuencias nos dará la victoria. Y que la paz, la justicia y demás embelecos, son talanqueras para el triunfo de los justos. Este gran ejército multi task que propongo, en pocos días habrá acabado hasta con el nido de la perra, mientras Santos sigue conversando.

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