El enemigo invisible y mortal que rodea a Medellín

Ilustración: Jhon Sastoque

El enemigo invisible y mortal que rodea a Medellín

23 de marzo del 2017

Desde la primera semana de marzo, Medellín y el Valle de Aburrá se encuentran en alerta por los altos índices de PM 2.5 en el aire, lo que repercute en la salud de sus habitantes.

Primero se declaró de forma intermitente la alerta naranja y desde este miércoles, la capital antioqueña y los nueve municipios que la rodean se encuentran en alerta roja, fase I, porque es urgente reducir los niveles de contaminación.

Con un Pico y Placa ambiental de seis dígitos, las autoridades esperan que unos 450.000 vehículos dejen de movilizarse por los centros urbanos y retornar a un nivel de calidad del aire moderado.

Pero, ¿qué es el PM 2.5 y por qué es tan peligroso para los seres humanos? Y ¿qué pasa en el área metropolitana del Valle de Aburrá que es tan vulnerable a este contaminante?

Kienyke.com habló con la profesora Carmen Helena Zapata Sánchez, investigadora en calidad del aire de la Universidad Nacional de Colombia, con sede en Medellín, para darles respuesta a estos interrogantes.

Un enemigo invisible

Cuando se habla de contaminación, y más si sus principales causantes son los vehículos, la mayoría de las personas creen que se trata de CO2, o dióxido de carbono, pero el PM 2.5 no es un gas, son partículas sólidas.

“Cuando uno quema un combustible, ya sea en un motor de combustión, en una caldera, en un horno, se producen sólidos y gases. Esos sólidos son de distintos tamaños y a lo que le decimos PM 2.5 son sólidos menores de 2.5 micras. Son partículas microscópicas que son capaces de llegar al alvéolo pulmonar y al torrente sanguíneo”, explica la investigadora.

Para tener más claridad, se debe entender que de los exostos salen, además del CO2, monóxido de carbono, vapor de agua, óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre, compuestos orgánicos volátiles (el combustible que no se quema) y el material particulado, que son sólidos producidos por una mezcla de compuestos químicos, que se catalogan como PST – sólidos totales –, PM 10 y PM 2.5.

El primero, PST, se queda en la nariz, el PM 10, puede llegar a los bronquios, y el PM 2.5, por su tamaño diminuto puede traspasar esas barreras del cuerpo y llegar hasta el torrente sanguíneo y convertirse en el causante de varias enfermedades. Uno de los componentes más peligroso de este PM 2.5 es el carbono negro.

Puede llegar a ser mortal

Si la contaminación en general es mala para la salud, la que tiene altas concentraciones del PM 2.5, como la que padece en estos momentos en Medellín, es malísima.

Los efectos a corto plazo, comenta la investigadora, pueden ir desde presentar una alergia, resequedad en la nariz, irritación en los ojos hasta sufrir una gripa o neumonía– infección respiratoria aguda –.

Pero a mediano y largo plazo es que se producen los efectos más perjudiciales para el ser humano. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el PM 2.5 tiene una relación directa con las enfermedades cardiovasculares y muertes asociadas a ellos.

La docente de la Nacional señala que “por su composición química, el PM 2.5 produce alteraciones de las célula, es decir, causa genotoxicidad y esto, a largo plazo, daña la pared y el citoplasma de la célula. Además puede producir mutaciones genéticas”.

Así que respirar un aire con altas concentraciones de este contaminante durante un periodo prolongado de tiempo básicamente es lo mismo a ingerir un veneno.

De hecho, la investigadora compara los efectos del material particulado con enfermedades silenciosas como la diabetes o la presión alta.

Como el PM 2.5 no se ve, las personas no son conscientes de lo perjudicial que puede ser para su organismo, por eso el problema no es de contaminación es de salud pública, afirma la experta.

Añade: “Acá todavía tenemos la oportunidad de mejorar la calidad del aire. Pero si no contribuimos, tocará salir a vivir por fuera del valle”.

El Valle de Aburrá es un área fuente de PM 2.5

Los estudios que han hecho las autoridades ambientales en el Valle de Aburrá determinan que el 80% de PM 2.5 que hay en el aire proviene de fuentes móviles.

Los camiones y las volquetas son los más contaminantes, le siguen las motos cuatro tiempos, los buses, los carros particulares, los taxis y las que menos aportan material particulado son las motos dos tiempos.

Así que el hecho de pasar de 139.000 motos a 710.186 entre 2005 y 2015, y de 271.000 carros rodando por el territorio a más de 500.000, no contribuye a la solución del problema.

Según la investigadora Carmen Zapata, son tres los factores que influyen en la calidad del aire de Medellín y su área metropolitana: el clima, la topografía y las emisiones.

Como no se puede controlar ni la topografía ni el clima, queda el control sobre las emisiones”, dice, por eso se aumentó el pico y placa a seis dígitos durante la alerta roja.

Entre las medidas voluntarias que había durante la alerta naranja estaba la recomendación para que la gente usara más el transporte público. “Lamentablemente no hubo respuesta de la ciudadanía, el clima no ayudó y las emisiones se quedaron dentro del valle y por eso tenemos las estaciones en rojo, lo que indica que el aire es dañino para la salud de toda la población”, explica Zapata.

Que llegue la temporada de lluvias

Además de controlar las emisiones, un factor que ayudaría a salir de la contingencia ambiental que enfrenta el Valle de Aburrá es que cambie el clima.

Por la experiencia, se sabe que la transición de tiempo seco a húmedo y viceversa es la que más favorece la concentración de los contaminantes porque se generan momentos de estabilidad atmosférica que impiden el calentamiento y la salida de los mismos.

Además, si llueve en las tardes o en las noches, eso aumenta la estabilidad, y toda la contaminación se queda encerrada en las montañas y empieza la acumulación.

“Lo que se necesita es que entre totalmente la temporada de lluvias, para que llueva todo el día, o que tengamos un periodo seco para que se caliente la atmósfera y salgan los contaminantes”, comenta la investigadora.

“Es necesario que desaparezcan las nubes y que haga un poco de calor que sea capaz de calentar la atmósfera en la parte del suelo. De tal manera que no solo tengamos viento en la horizontal dentro del Valle, sino que en la vertical haya movimiento de las partículas”, añade.

Como estas variables no se pueden manipular, por eso la medida inmediata para evitar más concentración de material particulado dañino para la salud es reducir las emisiones.

¿Las medidas se tomaron a tiempo?

Durante tres semanas la alerta naranja en Medellín y el Valle de Aburrá fue intermitente, pero la falta de contribución de los habitantes y la continuidad en los factores atmosféricos hicieron inminente la alerta roja.

Desde la opinión personal de la investigadora, que ha sido crítica frente a la laxitud de las medidas y que cuenta con 25 años de experiencia en la materia, la alerta roja debería llevar por lo menos 10 días en nivel I.   

“Sé que el protocolo para atender episodios críticos de contaminación del aire aún tiene deficiencias, porque apenas se está ensayando, pero cuando se tienen dos o tres días continuos de alerta naranja se debe declarar la alerta roja en nivel I”, expresa.

“Con los incrementos que se han mostrado en las emisiones, nosotros tenemos que ser proactivos porque lo que hay que proteger es la salud pública. Los intereses económicos o políticos hay que dejarlos a un lado y poner primero la salud de la población”, añade.

La docente afirma que hace falta ser más estrictos con las chimeneas andantes.

“Las autoridades en movilidad tienen una responsabilidad muy grande. Porque vehículo que no pase, se debe detener e imponerle un comparendo y darle menos de 24 horas para que cumpla con las especificaciones. Nos faltan manos, más equipos para hacer operativos, más gente, más dientes para hacer cumplir la ley”, dice.

Claro que resalta que en Medellín se utilice un índice de calidad del aire – ICA – más estricto que en el resto del país. “Usamos el que tenía la EPA – Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos – en 2012, pero todavía es laxo con respecto a las guías de la Organización Mundial de la Salud”, dice.

Y destaca: “Mientras nosotros declaramos índices de calidad del aire en naranja o en rojo, en Bogotá no lo declaran porque lo hacen con el ICA Nacional, y eso es grave”.

Hay que entender que si esto fuera simplemente un problema de contaminación sería más manejable, pero esto es un problema de salud pública.

Para concluir la investigadora pide a las personas comprender que son parte de la solución.

“Las personas deben regular el uso del vehículo particular. Las industrias tienen que hacer cambios tecnológicos, mejorar sus sistemas de control de emisiones, pasar de combustible fósil a gas o energía eléctrica, y las autoridades deben ser más rigurosas con el control de las chimeneas andantes y la exigencia de combustibles de mejor calidad”.