El intelectual clave en la sociedad colombiana de los 50

El intelectual clave en la sociedad colombiana de los 50

14 de marzo del 2019

Discípulo de Martin Heidegger –uno de los filósofos más influyentes del siglo XX– y formado en uno de los ambientes intelectuales más prestigiosos del mundo –el de Alemania–, Antonio María Bergmann (1896-1977) se constituye en una figura clave para entender el avance cultural de la sociedad colombiana hacia mediados del siglo pasado.

Llegó en 1938, en una época marcada por un nuevo pensamiento crítico que se enfrentaba a la recia tradición rural y a la rancia influencia católica en los asuntos del Estado y las relaciones humanas.

La persona que redescubrió el legado del colombo-alemán fue Fernando Nieto Solórzano, magíster en Historia de la Universidad Javeriana, quien tuvo como fuente de información primordial el Fondo Documental Antonio María Bergmann Terwindt, que reposa en el Archivo Central e Histórico de la U.N., en Bogotá, el cual no había sido explorado desde el ámbito académico.

Este se compone de cientos de documentos y objetos (correspondencia con intelectuales, artículos académicos, fotografías, condecoraciones y dibujos a mano alzada), donados a la Institución por Pedro Bergmann –hijo del inmigrante–, en los cuales se revela no solo su pensamiento y su vida, sino también el ambiente intelectual que vivía Colombia en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta.

Fernando Nieto llegó a la vida de Bergmann mientras buscaba información para su tesis de maestría que, en principio, se centraría en establecer cómo se había desarrollado la inmigración en Colombia en el siglo XX.

Al indagar, encontró en la Biblioteca Luis Ángel Arango un documento titulado Organización de la inmigración en Colombia, publicado en 1954 por el Instituto de Colonización e Inmigración, una entidad que duró poco tiempo durante la dictadura de Rojas Pinilla. Allí, el alemán propuso una metodología oficial para atraer a un determinado tipo de inmigrante europeo, la cual contempla las condiciones que eventualmente propiciarían su arribo y arraigo al país.

Al investigador le llamó la atención que un historiador del arte y filósofo formado en la República de Weimar en los años veinte, periodo de brillo intelectual, cultural y artístico antes del ascenso del nazismo, escribiera sobre la inmigración en Colombia, país que nunca ha tenido movimientos migratorios significativos. Halló entonces que uno de los motivos fue su matrimonio, en 1930, con la colombiana María Josefa Cortés Zapata, con quien se radicó en Bogotá en 1938, justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El redescubrimiento

Cuando el investigador Nieto Solórzano supo que la U.N. guardaba el legado documental de Bergmann, descubrió a un personaje que desde su arribo al país incursionó en varios campos de la vida intelectual, cultural y artística local. Por ejemplo, se involucró en la crítica de arte justo cuando aterrizaba en la escena nacional el arte moderno, de la mano de figuras jóvenes como Fernando Botero, Rodrigo Obregón, Enrique Grau o Édgar Negret.

“Aunque él no exploró esa faceta con el énfasis de otros inmigrantes como Casimiro Eiger o Ernesto Volkening, sí fue un referente sobre el tema, lo que le permitió dictar clases en las universidades Nacional, por más de veinte años, y Javeriana”, explica Nieto Solórzano.

Bergmann también contribuyó a darle forma a la filosofía moderna en el país, un campo que para entonces apenas se abría a nuevas influencias, en un contexto bastante conservador. De hecho, en 1957 cofundó la primera Sociedad Colombiana de Filosofía.

Es de destacar, dice Nieto Solórzano, el papel que tuvo Bergmann en la apertura de la primera Librería Buchholz en Bogotá, la cual ya tenía sedes en Europa y una en Buenos Aires, y que se convirtió en punto neurálgico de la vida intelectual capitalina.

“La residencia de Bergmann, en el barrio Chapinero, también fue un centro de tertulia muy importante para pensadores y artistas, sobre todo europeos, que se daban cita con eruditos colombianos de la época”.

Para Fernando Nieto Solórzano la tarea que cumple el Archivo Central e Histórico de la U.N. es esencial para que el país conserve su memoria en ámbitos como el papel que cumplieron muchos inmigrantes en la modernización del pensamiento de la sociedad colombiana: “estos documentos son vitales para analizar qué tipo de sociedad hemos construido y hacia dónde vamos”.

El Fondo Documental Antonio María Bergmann sigue siendo una mina de información para quienes quieran ahondar en temas como la crítica de arte, asegura el magíster, quien explica que su investigación se materializó en la escritura de una biografía titulada Antonio María Bergmann (1896-1977), las huellas del inmigrante, la voz del intelectual. Visión de una vida y una obra, la cual se puede consultar en internet.

Con información de Unimedios.