Generación 78 del San Carlos revivió recuerdos del aula

24 de agosto del 2018

Reunión de la promoción de 1978 del Colegio San Carlos.

san carlos

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En un apartamento con vista panorámica de Bogotá se reunió la promoción de 1978 del Colegio San Carlos, la mayoría, 40 años después de haberse graduado, mantiene la premisa de que la vejez es solo un estado mental, porque mantienen la gallardía y sagacidad de los años de colegio.

Al son de Jazz en vivo y otros géneros interpretados a canto, guitarra y un saxo eléctrico, junto a la clarividencia de unos cuantos tragos de licor, los egresados recordaban en grupos los momentos más significativos de su paso por el colegio fundado en 1960 por los monjes Lawrence Wagner, Frederic Mundt, Anselm Ruelle y Adrian Mundt.

La idea de fundar el colegio fue del abad alemán Ignatius Hunkler, quien luego de recibir la invitación del Arzobispo Luis Concha Córdoba para fundar un Colegio Masculino en Bogotá, envió a sus monjes a aprender español en Puerto Rico. Finalmente, en 1961 la institución abrió sus puertas y la comunidad recibió el nombre priorato, es decir de establecimiento monástico menor, de ‘Tibatí’. Una palabra de origen Chibcha que significa “Alegría del Señor”.

Un nombre que parece ser significativo para todos los que han pasado por sus aulas, porque aunque la época de colegio trae afanes y algunas tristezas, deja en la memoria gratos recuerdos. Como los que rememoran los de la promoción del 78.

Entre las charlas Eduardo Chirinos recuerda que Fabio Cabal era el típico estudiante que se entretiene dibujando en clase. “El tipo tiene un talento, es de los mejores dibujantes en esfero”, reconoce Chirinos. Cabal dibujaba diversas cosas y una de esas tardes decidió plasmar a una monja desnuda, les mostró la obra a sus amigos y todos soltaron la carcajada.

La risa duró hasta que el profesor descubrió el dibujo y se llevó a Cabal para la rectoría, pero, según Chirinos, en el trayecto el ávido dibujante vistió a la monja y cuando le presentó la gravísima falta al rector, este solo pudo aceptar que era un buen artista.

“Si uno dibuja por profesión se mata, es como jugar fútbol, uno puede ser muy bueno, pero cuando empieza a vivir de eso ya no le va a gustar. Escogí ser ingeniero porque llegué a la conclusión de que podía dedicarme a las matemáticas, aprovechar que era bueno para eso y dejar el dibujo, el fútbol y la bicicleta por el placer de hacerlo”, asegura Cabal.

El turno del recuerdo le llegó a Chirinos, el “Juan Pablo Montoya de la redacción”, dice entre risas Carlos ‘Pato’ Rodríguez. “Remóntese a la primavera del 77 y él y dos más eran los únicos que llegaban en carro al colegio”, agrega Pato, quien dice que lo conocen más por el apodo que por el propio nombre.

En una ocasión reciente, ‘Pato’ pidió a Carlos que lo recogiera para llevarlo a uno de los encuentros de egresados en una casa en Guaimaral. Pero se arrepintió, “maneja igual de mal a como manejaba cuando tenía 19 años, llegué sudando y sufriendo como una lechuga”, dice mientras Carlos niega que sea cierto. Pero aparte de ser un conductor aficionado, era uno de los mejores cantantes de la promoción.

El que los congregó en esta ocasión fue Gustavo Rodríguez, quien retando a la gravedad y al tiempo, aún compite como desde los 12 años en motocross. Es tan avezado al timón de esos vehículos, que solo ha tenido una fractura en su vida, y justamente no se la causó compitiendo, sino yendo a tanquear cuando se chocó con otra motocicleta.

“La juventud es una actitud. La vida toca vivirla en el momento y disfrutarla, la vida es la constante lucha por volver un sueño realidad y la clave es ser feliz en el proceso, disfrutarla, como venga”, asegura Rodríguez mientras sus interlocutores lo asienten.

Así conmemoran la fecha de su graduación, al menos cada cinco años se reúnen los que continúan en Bogotá y otras ciudades del país. Combatiendo el tiempo han pasado de congregarse por teléfono, al correo electrónico y ahora al WhatsApp, pero a pesar de los cambios continúan unidos.

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