De la prostitución a la santidad

3 de febrero del 2016

Sobre la tumba de ‘Carmencita’ se puede encontrar ropa interior con encajes.

De la prostitución a la santidad

Margarita del Carmen Cañas no siempre fue santa. En el cementerio General de Santiago han dicho de todo. Cristián Niedbalski, el encargado de relaciones públicas del cementerio, en diálogo con The Clinic, contó que hace muchos años un antiguo cuidador se inventó una macabra historia.

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El hombre dijo que en la bóveda más visitada de ese cementerio, descansaba el cuerpo de una niña de nueve años de edad que había sido violada. Aquel mentiroso espontáneo, según el medio chileno, recurría al dramatismo para ganarse unas monedas de más.

“El hombre dejó una alcancía a los pies de la tumba con la excusa de que la bóveda no estaba pagada y que – si no se cancelaba pronto –, el cuerpo de la niña terminaría en la huesera. Apelando al buen corazón de los visitantes se lucró con Carmencita.  El hombre fue despedido el mismo día que se supo la estafa”, reseña The Clinic.

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En esa bóveda no había ninguna niña, en realidad permanecía el cuerpo de una mujer que en su juventud fue prostituta, o, si se quiere ser más políticamente correcto, trabajadora sexual.

“Llegó del campo a la ciudad en 1933, años después de la crisis económica que afectó al mundo. La atractiva sureña de apenas 21 años llegó a Santiago buscando trabajo y debido a los coletazos de la crisis y a la escasa oferta laboral, ‘Carmencita’ decidió dedicarse a la prostitución”.

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En ese oficio duró 14 años, en una de las noches de sexo pago y falsos besos conoció el amor. Era un millonario notario llamado Julio Marín Alemany.

La-tumba

Pero, como en toda historia, según cuenta Rocío Cartagena González “también hay una parte desafortunada: su esposa e hijos. El notario dejó a su familia al tiempo después de conocer a la Carmencita – quien habría adoptado ese sobrenombre cuando ejercía la prostitución – para vivir con ella y formar una familia, plan que nunca se logró concretar”.

‘Carmencita’ se hizo inquilina del cementerio cuando cumplió 37 años. Se enfermó y tras varios procedimientos médicos sufrió un shock anestésico que le provocó la muerte en el Hospital San Francisco de Borja el 18 de noviembre de 1949.

“El amante no estaba preparado para semejante pérdida, lo que lo obligó a enterrarla en los patios de tierra que habían en ese tiempo, pues no tuvo tiempo para construir el bóveda subterránea en donde está hoy”.

Ahí, donde permanece hoy, por alguna extraña razón, a aquella prostitula le rezan como si fuera santa. No está canonizada por el Vaticano y nunca se ha comprobado alguno de los tantos milagros que se le atribuyen pero es la realidad. ‘Carmencita’ es uno de esos personajes que no necesita la certificación papal para que la llamen santa.

La bóveda en la que permanece ‘Carmencita’ es la más humilde de todo el lugar, quizá eso la acercó a la santidad.

“Tú que pasas. Rézame. Deja en mi tumba una flor que a Dios por ti rogaré por tu destino y amor”, dice un escrito con pintura negra que uno de sus fieles dejó y que se puede leer en medio de maceteros con flores de plástico, osos de peluche y ropa interior con encajes.

Los visitantes hacen caso a ese mensaje y hoy, la tumba se asemeja más a un jardín que al lugar en el que permanecen los restos mortales de una prostituta.

The Clinic explica que “los más creyentes apuntaron a que la prostitución era una de los peores pecados y que con su trágica muerte habría sido perdonada, por lo tanto, tenía una conexión directa con Dios. Poco a poco la tumba comenzó a llenarse de flores, velas y obsequios de todo tipo. Después una que otra lápida hasta que llegaron a sumar 70: todas dicen “gracias por favor concedido”.

Es posible que el Vaticano no este muy de acuerdo con que a esta mujer la llaman santa, pero mientras ellos se lamentam, hasta ahora en silencio “los sepultureros y guardias también tienen como ritual saludarla y despedirse de ella todos los días, concuerdan que si la gente dice que es santa es porque es así. Muchos le han pedido favores y, según ellos, se los ha cumplido. Todos creen fielmente que mantienen sus trabajos gracias a la “santa” del Cementerio General.

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