La pesadilla de deberle 100 millones a la DIAN

22 de octubre del 2018

Hace cerca de un año golpeó a la puerta de la casa de Javier Jonin una funcionaria que decía pertenecer a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales DIAN. La mujer aseguró que el hombre adeudaba un dinero a la entidad y ella se presentaba para notificar el cobro. Así inició una pesadilla que hasta […]

La pesadilla de deberle 100 millones a la DIAN

Hace cerca de un año golpeó a la puerta de la casa de Javier Jonin una funcionaria que decía pertenecer a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales DIAN. La mujer aseguró que el hombre adeudaba un dinero a la entidad y ella se presentaba para notificar el cobro. Así inició una pesadilla que hasta el momento no ha cesado.

Ese día Javier trabajaba y no pudo atender a la funcionaria, fue su madre quien abrió la puerta. Tan pronto escuchó los 65 millones de deuda y que se iba a iniciar el cobro, entró en desespero, no sabía cómo explicarle a la mujer que esa información no era cierta, que tal vez estaba equivocada y que su hijo no tenía tanta plata. La madre, una señora de la tercera edad, empezó a llorar.

En la tarde, Javier y su esposa Tania se enteraron de la visita y empezaron a buscar si era cierto, revisaron la página de la DIAN y allí apareció una declaración con el nombre completo de Javier y su número de cédula originales, pero una descripción de patrimonio, ingresos, nómina y una firma que no se correspondían a la suya. Él nunca había tenido que declarar renta, pero allí aparecía, hacía un año, el documento.

“Hasta su segundo nombre, Jonin, que no es común, estaba bien escrito”, cuenta Tania.

Él se ha dedicado siempre al transporte de pasajeros y el comercio, según dice Tania, pero en la declaración falsa aparecía el código 4210 en la casilla de ocupación económica que corresponde a ‘construcción de vías’, mientras el código de su labor es la 4921.

Esos no eran los únicos números que no coincidían. La declaración describía que tenía gastos de nómina de 83 millones de pesos, aportes de seguridad social de $180 millones y un efectivo en bancos de $94 millones. Los activos fijos eran de $1.450 millones. Esa declaración daba para un total a pagar de $65.829.000 en 2017 contando intereses de mora, que ascendían a más de $17.974.000, para un total de $83.803.000.

Con cada cifra aumentaba el desespero. Javier tiene un apartamento que esta pagando junto a su esposa con un crédito hipotecario a 15 años por 60 millones de pesos adquirido tres años antes. Allí viven con sus hijos, él maneja una camioneta de servicio especial, cotiza a pensión y salud con el salario mínimo, y ella se desempeña como contadora.

El temor, que permanece para la pareja, es que se inicie un cobro jurídico y pierdan su casa. Días después de la noticia, fueron ante la DIAN para argumentar que esa declaración era falsa, pero la respuesta no fue la que esperaban. Los funcionarios les dijeron que la declaración había sido presentada el 16 de septiembre de 2016 ante el banco con las cifras correspondientes, que si creían que era falsa debía denunciar ante la Fiscalía para que se investigara si era una suplantación.

“Es algo ilógico, que yo les esté diciendo que eso no es mío y ellos no tengan cómo comprobar, ver las deudas, las retenciones, los registros notariados”, afirma Tania.

Ellos hicieron el proceso y denunciaron penalmente ante el ente de control por fraude procesal y estafa y hasta julio de este año se asignó el proceso, el cual debe continuar con la asignación de un perito que verifique los datos de la declaración, pero hasta el momento no ha sucedido.

Tania, con una bolsa llena de documentos y carpetas como un enfermo crónico, recuerda que fueron varias semanas de permisos en la empresa y solicitudes de documentos para tratar de solucionar el problema. Ahora están a la espera de saber qué pasará con el cobro y con la zozobra de que en cualquier momento lleguen a embargarles sus cosas.

A raíz de esa misma declaración, la Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales llamó a Javier para preguntarle por qué no había cotizado sobre sus ingresos reales y les obligó a explicar ante esta entidad que era un documento falso y ya se había instaurado una denuncia, porque de lo contrario adeudaría dinero a esa entidad también.

¿Qué dice la DIAN?

Según la respuesta que la subdirección de Recargo y Cobranzas de la DIAN le entregó KienyKe.com, tan pronto el afectado le notifique que interpuso una denuncia por el fraude procesal, ellos detendrán el cobro hasta que el juez determine si realmente los datos consignados en la declaración no se corresponden con los verdaderos ingresos de Javier.

Respecto a este tipo de casos, “la DIAN considera que se trata de un hecho aislado. Haciendo uso de la memoria hemos encontrado que tenemos noticia de unos pocos hechos similares durante por lo menos 25 años (3 o 4). Cuando estas situaciones se presentan se debe adelantar la denuncia correspondiente ante la Fiscalía General de la Nación con el objetivo de que se establezca la falsedad de la firma”, asegura la entidad.

Sin embargo, la DIAN no realiza la verificación de los datos consignados en las declaraciones porque eso hace parte del “deber de declarar y pagar en cabeza del contribuyente”.

Aunque la DIAN afirma que “la Administración Tributaria tiene amplias facultades para la revisión de la información contenida en la declaración de los contribuyentes, actividades que efectúa a través de la ejecución de sus planes de control y fiscalización”, estas herramientas no han sido utilizadas para el caso particular de Tania y Javier, en este es la Fiscalía el órgano encargado de tal juicio, porque en ese caso correspondería a un delito, según explicó la entidad.

Tania aún no se explica cuál podría ser el objetivo de que alguien suplante a su esposo en una declaración, “el único objetivo sería hacer el daño”, pero no sabe qué pudo ocurrir. La angustia continúa y solo puede esperar el fallo del juez para que la DIAN archive ese formulario y borre la deuda, con la esperanza de que esa decisión no tarde, porque con el paso del tiempo podría reactivarse el cobro.

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