Tras los carnavales llega el miércoles de ceniza

14 de febrero del 2018

El antiguo rito católico que se niega a desaparecer.

Miércoles de Ceniza

Kienyke.com/Lizzeth Lizarazo

Una fila de siete ancianos, sentados en sillas de ruedas, son conducidos por enfermeros hacia el altar, en la iglesia de Nuestra Señora del Campo, en el norte de Bogotá, para que les dibujen una cruz de ceniza en la frente. Con la cabeza gacha, tanto por la vejez de los músculos como por respeto al símbolo, se acercan al hombre encargado de tatuar la cruz y con humildad reciben el trazo que les da la tranquilidad de la salvación, mientras escuchan el proverbio premonitorio “polvo eres y en polvo te convertirás”.

Escuche por qué se conmemora el miércoles de ceniza:

Junto a ellos, otras personas que han sacado tiempo del trabajo o de los oficios caseros, entran en la parroquia para imponerse la santa ceniza, rezar una oración y continuar con sus labores. Dos mujeres sonrientes, con el dedo gordo cubierto de una masa gris, esperan a cada creyente que se acerque a ellas para compartirles la bendición.

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Es un día de suma importancia dentro de la religión católica, el padre de la parroquia Nuestra Señora del Campo, Omar Cristancho, recuerda perfectamente su primer miércoles de ceniza, tres meses después de haber sido ordenado como sacerdote. Pero ahora, 20 años después, el desfile de fieles prestos a confesar sus más terribles acciones no le han permitido ni imponerse el signo.

Cristancho le cuenta a Kienyke.com que espera que el otro padre que le ayuda en la confesión termine esta labor para confesarse e imponerse la cruz mutuamente. El sacerdote reconoce que la vida del hombre está llena de signos y la religión aglomera muchos de esos, entre ellos la santa cruz del segundo miércoles de febrero de cada año.

“La ceniza representa al ser humano que es débil, volátil, cuando uno sopla se deshace, eso pasa cuando a un ser humano le falta el auxilio del Señor, por eso el sacerdote toma la ceniza y le añade agua, que es como la lluvia del amor de Dios”, cuenta Cristancho.

La madre Liliana, de 50 años, venida de Ecuador a Colombia, recorre las calles del norte de Bogotá para llevar la ceniza hasta quienes por tiempo u obligaciones no pueden ir hasta la iglesia. Junto a otras colaboradoras, con un tazón de ceniza en las manos, la monja visita colegios y edificios de oficinas de la zona. Reconoce que no debe ser una imposición sino un rito voluntario. Con la misma devoción visitó a un grupo de enfermos inmovilizados para llevarles el símbolo de redención.

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El origen de esta práctica se remonta al siglo VI, cuando cobró fuerza la cuaresma, como se le llama al tiempo de los cuarenta días de ayuno antes de que llegue el domingo de Pascua. Esas cuentas católicas daban exactamente un domingo, pero como ese es el día tradicional de descanso del Señor y no se debe relacionar con la abstinencia, decidieron cambiarlo a cuatro días antes, es decir el miércoles. 

Siglos después se adoptó una practica de la antigua Roma para el inicio de la cuaresma. En el Imperio, los pecadores eran embadurnados de ceniza y expulsados hasta el domingo de resurrección. La Iglesia consideró que era una buena practica pero la moderó, entonces adoptó el dibujo en la frente o un poco de ceniza rociada en el cabello. Antiguamente la ceniza simbolizaba el reconocimiento público de ser un pecador arrepentido, pero como explica el padre Cristancho, actualmente debe considerarse una invitación a “hacer un examen de conciencia, ser mejores y unirse a Cristo en reconciliación”.

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El ungüento que es aplicado por los padres y colaboradores los miércoles de ceniza, tradicionalmente era el residuo de imágenes, papel y las palmas quemadas usadas en el domingo de ramos. Pero como ya no se usan las ramas secas para esa festividad católica, el proceso es distinto. Como si de una receta comestible se tratara, el padre Cristancho explica, “vamos a algunas entidades católicas y compramos la bolsita de ceniza, bendecimos el agua y el polvo, la revolvemos y ya no es más sino imponerla”.

Ese es el inicio de la cuaresma, el tiempo de recogimiento, que inicia luego de la juerga del carnaval, un poco para recuperarse del pecado. Este año, como no ocurría hace 11, el miércoles de ceniza coincidió con el día de amor y amistad, 14 de febrero. Dejando a los amantes solo dos opciones, el recogimiento y la reflexión en medio del ayuno y la abstinencia o la entrega desenfrenada a los deseos del amor.

La misma dualidad que enfrentan hoy las personas que llevan en su frente la ceniza. Mientras un tendero se siente comprometido con la “fe y el buen actuar”. Otras señoras, enojadas, declaman entre ellas la rabia que les produce alguien “que se da látigo en la iglesia y en la calle solo echan chisme”.

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