¿Quién es el dictador que no quiere soltar el poder en Siria?

9 de julio del 2012

Bashar al-Assad lleva casi 20 años gobernando. Se rehúsa a dejar el poder en un país donde su arbitrariedad ha sido la causa de más de 14.000 muertos.

Bashar-al-Assad

Comenzó siendo invisible y se convirtió en el dictador más atroz del mundo árabe. Bashar al-Assad, el actual presidente de Siria, era un niño tímido y acomplejado que nunca hablaba en voz alta y jamás mostró interés por asuntos políticos. El dictador sirio, a quien llamaban el ‘León de Damasco’, no estaba destinado a liderar su país. En su lugar iba a liderar Rifaat al-Assad, el hermano menor de su padre, Hafez al-Assad, pero cuando a Hafez le dio un infarto, el hombre intentó subir al poder y su hermano lo mandó al exilio permanentemente. El siguiente al trono era Bassel al-Assad, el hermano mayor de Bashar, quien murió en un accidente automovilístico en 1994.

Contra todos los pronósticos, Bashar al-Assad, quien había estudiado oftalmología y siempre fue el consentido de su madre, Anisa Makhlouf, fue entrenado con suma rapidez en asuntos políticos y militares, y se lo preparó para que su imagen quedara al nivel de la sociedad siria. En julio de 2000, un mes después de la muerte de su padre, se convirtió en el presidente de Siria. En sus comienzos para todos quienes lo rodeaban era obvio que detrás de tanta arrogancia se escondía un hombre inseguro por encontrarse pobremente preparado. Bashar se dejaba delatar por sus altos niveles de ansiedad que se expresaban a través de una risa nerviosa y constantes cambios en su estado de ánimo.

Bashar siempre fue la sombra de su hermano Bassel, quien era muy popular, un gran deportista, le iba muy bien con las mujeres y por lo tanto era un hombre muy seguro de sí mismo. Cuando Bashar subió al poder se convirtió en la sombra de su padre, y se volvió más fuerte en su apariencia física e incluso comenzó a hablar con seguridad. A finales del año 2000 se casó con Asma Fawaz al-Akhras, una banquera siria de una familia de clase media-alta, nacida y criada en un suburbio de Londres. Tuvieron dos hijos y una hija, y Asma se convirtió en su puente con la cultura occidental.


La obsesión de Bashar al-Assad por el poder ha generado una matanza sin precedentes en Siria.

El dictador sirio vive en con su familia en Malki, el barrio de la clase alta siria, desde donde no se alcanza a ver el horror que sufre su pueblo. Es objeto de burlas. Las caricaturas que le han hecho son innumerables, así como las fotografías de su cara que han sido quemadas en medio de protestas alrededor del planeta. El pueblo sirio y el mundo entero quieren deshacerse de él, y Bashar al-Assad no se mueve de donde está.

Este hombre paranoico y terco de 46 años, que tiene un cuello muy largo del que se burlan asemejándolo con el de una jirafa, está obsesionado con la idea de la supervivencia del régimen sirio. Tiene la capacidad de mentir en público aun cuando sea obvio que lo que dice es imposible. Está entrenado para decir siempre: ‘sí’, para complacer a quienes lo oyen, aunque sepa de antemano que la respuesta es un ‘no’. Se niega a entender lo que ya casi se convierte en una guerra civil y lo ve como una conspiración extranjera en su contra y justifica las muertes de su pueblo como daños colaterales a la supervivencia del régimen.


El dictador ha aparecido en cientos de caricaturas que dan cuenta de su mente sanguinaria.

Recientemente, en un discurso que dio a su pueblo luego de la masacre de Houla a finales de mayo (que dejó más de 100 muertos), Bashar describió el terrible crimen como “horrible y monstruoso” y aseguró que sus tropas no son responsables de la matanza, a pesar de que existe evidencia en su contra. En este mismo discurso dijo: “Cuando un cirujano entra en la sala de operaciones a cortar, limpiar y realizar una amputación y la herida comienza a sangrar, ¿se le acusa al médico de tener las manos untadas de sangre, o se le dan las gracias por haber salvado al paciente?” Y dijo también: “Tenemos que combatir el terrorismo para que el país sane”.

Mientras su pueblo se desangra, el dictador Bashar al-Assad, responsable de la muerte de más de 250 niños, continúa viviendo como un rey. Asma, la primera dama, estará orgullosa de la portada que protagonizó para la revista Vogue en la primavera de 2011 y sigue comprando diamantes y tacones del famoso diseñador parisino Christian Louboutin.

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