La niña que cambió la vida de Juan Pablo Gaviria

24 de noviembre del 2019

Conozca la historia del ganador de dos Xilópalos en el Premio Nacional de Periodismo Digital.

La niña que cambió la vida de Juan Pablo Gaviria

Una niña con una colombina le cambió la vida. Le hizo encontrar su propósito, su fin en el mundo, ese que los seres humanos buscan a lo largo su existencia. Renunció a los lujos, a lo material, a ser uno de los productores más importantes del país, para ayudar a los demás a encontrar su motivación.

Más de 15 años en la industria de la televisión eran su principal carta de presentación. Tenía todo aquello que hace exitosa a una persona. Un buen empleo, un salario de ensueño, reconocimiento en su gremio, sin embargo a Juan Pablo le hacía falta algo que ni el mayor de los éxitos profesionales le podía dar: ser feliz.

“Yo antes sentía que lo que hacía me encantaba y me sigue encantando dirigir y producir programas de televisión. Pero sentía que no estaba aportándole mucho al mundo desde lo que hacía. Un viaje que hice por Colombia me reconectó con mi propósito de vida ya que yo cuando joven quería ser médico para salvar vidas, pero el puntaje que tuve en el ICFES no me ayudó”, cuenta Juan Pablo Gaviria, ganador de dos Xilópalos en el primer Premio Nacional de Periodismo Digital, que promovió Kienyke.com. Ganó en las categorías ‘entrevista’ e ‘influenciador’.

La idea de ayudar a otros siempre estuvo en su vida desde temprana edad. A sus 44 años además de ser conferencista, influenciador, creador de historias, ayuda a otros a encontrar su inspiración y propósito.

La niña que le cambió la vida a Juan Pablo

Hace 11 años tenía todo como productor y director de varios programas, había cumplido todo lo que se había propuesto. Tenía asistente personal, conductor, un excelente sueldo, oficina grande con baño privado, viajaba en clase ejecutiva, lideraba equipos de cientos de personas, y como si fuera poco, era el encargado de manejar presupuestos de millones de dólares.

A pesar de todos esos logros y reconocimientos, Juan Pablo no se sentía bien. Decidió tomarse un mes sabático para viajar en moto por Colombia en compañía de un amigo que pasaba por un situación similar. Fueron 30 días intensos en los que recorrieron las carreteras más inhóspitas del país.

En su recorrido por Colombia fue testigo de la pobreza y desigualdad que viven ciertas zonas del país. Pero curiosamente vio como esas personas que eran mucho más pobres que él económicamente hablando, eran más felices, lo que lo llevó a preguntarse muchas cosas.

Una de las paradas de su viaje fue Tumaco, un pueblo ubicado en el departamento de Nariño y que históricamente ha sido golpeado por la violencia y desigualdad.

En dicho municipio decidió regalar colombinas a los niños. Mientras realizaba este acto tomó muchas fotografías, cuando descargó el material, identificó a una niña cuyo rostro lucía triste antes de recibir la colombina, y que una vez la recibe, una sonrisa enorme se dibuja en su cara. Descubrió que con una acción tan pequeña, pudo cambiar el estado anímico de alguien.

Instagram: Juan Pablo Gaviria

“Esa niña me cambió la vida y me ayudó a encontrar mi propósito. Cuando subí el video las personas lo hicieron muy viral… ella fue el detonante para reinventarme y hoy en día encontrar mi propósito”, confiesa Juan Pablo cuyo tono de voz cambia al recordar ese momento.

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A sus 33 años y cuando por fin encontró su propósito en la vida, quiso ayudar a los demás a encontrar el suyo. Pero primero, le tuvo que contar a sus familiares y amigos su decisión.

En principio no fue fácil. Si bien todos le manifestaron su apoyo, todos coincidían en que estaba loco

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“De mis papás y de mi esposa encontré apoyo, por más que ellos por detrás pensaban que estaba loco. En general todos me decían que cómo iba a botar 15 años de carrera, me preguntaban que dónde me iban a pagar lo que me ganaba, de qué iba a vivir, hubo una gran cantidad de presión externa”, cuenta entre risas.

Un reconocimiento al trabajo

Si bien hace 11 años encontró su propósito en la vida, fue hasta hace siete que empezó con las herramientas digitales como sus aliadas y hace dos con su canal de YouTube. Fue un proceso complejo. Más para un hombre que estaba acostumbrado a estar detrás de cámaras. Se debió adaptar a verse en ellas, a manejar su tiempo y ser el único responsable de todo el proceso.

Siete años después aún sigue teniendo conflictos internos con la palabra ‘influenciador’. Considera que está devaluada y que solo se ve desde una perspectiva comercial. Aún así, después de muchas dudas decidió postular su trabajo en la categoría de ‘Influenciador’ en el Premio Nacional de Periodismo Digital.

“No me considero influenciador, siento que la palabra está un poco devaluada por decirlo así y la verdad que eso me hace correrle a la palabra. En principio dudé si me inscribía en la categoría de los premios, pero entendí que realmente muchas veces se influye y más cuando una persona te dice que tu contenido sirvió para cambiar su vida”.

Foto: Andrés Lozano

Los reconocimientos son importantes, pero no son el fin. Juan Pablo ve en su esposa y en sus dos hijos su polo a tierra. Si bien las redes sociales le han permitido visibilizar su trabajo, trata de no ser un esclavo de las mismas.

“A mí lo que me motivo fue tener una herramienta de transformación tecnológica donde transmitir un mensaje. Hoy en día si uno tiene un mensaje y uno quiere que ese mensaje sea escuchado, las plataformas digitales le permiten a cualquiera hacerlo”.

La pregunta que muchos le hacen es ¿cómo logra sostenerse? La respuesta es sencilla, asegura que cuando amas lo que haces, buscas las formas. En sus caso, son los talleres y conferencias lo que le permite tener ingresos económicos. Además de generar impacto en otras comunidades y transmitir su mensaje.

Ahora solo espera seguir llenando su vida de nuevos propósitos. En enero publicará un libro llamado ‘Tu eslabón perdido’ el cual condensa muchas de las experiencias que se viven en los talleres. Quiere seguir ayudando a los demás a encontrar su fin en este planeta llamado Tierra, el mismo él encontró hace 11 años después de un largo viaje por Colombia.

Por: Andrés Romero Cuesta

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