¿Quién mató a Joe Arroyo?

¿Quién mató a Joe Arroyo?

11 de marzo del 2012

El último toque

El viernes 3 de junio, el mismo día que murió Esthercita Forero, el Joe grabó una “cuña” promocional de un supuesto concierto en New Jersey, a realizarse el 9 de julio de 2011.

Esa tarde, en el popular estudio de grabación de Ricardo Lindo, el cantautor cartagenero estuvo acompañado de su representante, del periodista de RCN, Eccehomo Cetina y de un camarógrafo del canal, quienes por entonces le seguían sus pasos para la promoción de la novela. “Celebremos juntos la Independencia de Colombia”, intentaba decir Arroyo ante el micrófono en varias ocasiones, pero la mala dicción y su estado de salud no se lo permitieron. Un video aficionado grabó la escena que muestra a un Joe de buen humor, pero visiblemente agotado. Lo triste del asunto es que Ojeda es quien lo presiona para culminar.

De aquel trabajo que Cetina realizó, quedó una anécdota que resalta, una vez más, la ambición de Jacqueline. El periodista reconstruye la conversación que tuvo antes de acceder al artista:

– ¿Cuánto tiempo vas a grabar con el Joe? –me preguntó ella.

–Media hora –contesté.

–Entonces, me parece que eso es un documental. Y si es así, pues tienes que pagar por eso una plata –me aclaró.

– ¿Perdón? ¿A qué te refieres?

–Mejor háblate con mi abogado para que definan el monto y, más bien, me envías las preguntas que le vas a hacer al maestro.

El 18 de junio de 2011, el Joe ofreció otro angustioso concierto en el Downtown Majestic de Bogotá. Fue su última tarima.

El Joe, que para muchas cosas era un tipo sensato, llamó a Cetina cuando se enteró del exabrupto y volvió a programar la entrevista sin cobrar un peso. Como siempre lo hizo.

El 12 de junio del 2011, marcado por el deterioro, el Joe fue requerido a participar de un programa de RCN televisión que se grababa en Medellín: “The Suso´s show”. La escena no pudo ser más macabra. Frente del sátiro antioqueño, apareció un hombre en agonía.

El médico de El Tiempo, José Francisco Fernández, analizó las imágenes de aquella lúgubre presentación y, con la historia clínica en mano, concluyó: “Pese a que trataba de sonreír, lucía hinchado y con una ascitis marcada –cúmulo de líquido en el abdomen por su falla cardíaca–, y su andar era lento, con una hiperextensión de las rodillas y una debilidad marcada para sostenerse en pie, lo que hablaba del compromiso de sus nervios”.

Y muy a pesar de la buena onda del cantautor, su última aparición en televisión lo registró derrotado y perdido, al punto que dio declaraciones imprecisas sobre su vida misma. Y aun cuando su voz sonaba frágil, cantó; o mejor, intentó cantar.

Días después, el 18 de junio de 2011, ofreció otro angustioso concierto en el Downtown Majestic de Bogotá, al que acudieron los protagonistas de la serie del mentado canal y un público que se quedó con el recuerdo de la última presentación en tarima, en la que el genio escasamente pudo modular un par de coros.

El Checo Acosta recuerda: “Casi me muero de la impresión. Lo vi muy mal. Lo cargaron dos personas para entrarlo y cuatro para sacarlo”. Wilson Manyoma, célebre cantante de “Fruko y sus Tesos”, quien también hizo parte de ese espectáculo, reafirmó: “¿Cómo le pudieron hacer eso a mi hermano? ¡Qué pesar! ¡Qué desalmados!”. Luis Padilla, director musical de La Verdad, remató: “Todo eso lo cuadró RCN”.

Como era de esperarse, esos trotes aceleraron su retorno a la cama con tubos y cables. Sin embargo, muy a pesar de su fiesta degradación, la llave Ojeda-Ramón insistía en la versión más inverosímil: “Él está en su apartamento, no sé cuál es el afán de decir que está mal”, dijo entonces Jacqueline a El Tiempo.

“El asunto era tan intrincado que nosotras llamábamos a su casa y Jacqueline nos decía que mi papá estaba de viaje”, cuenta Eykol Arroyo. Lo mismo sucedió con sus otros hijos: Johanna, Libia y Dinkol. “Está de viaje”, les decía la astuta protagonista de la verdadera telenovela.

Lo más cruel de la situación fue que, mientras el Joe estaba intubado, su representante Ojeda continuaba firmando contratos. José Arteta, empresario y amigo de Arroyo, denunció: “Me dijo que estaba bien y que iba a salir pronto de la clínica. Me pidió un adelanto para un concierto que tendría lugar el 30 de julio en Barranquilla… Quién sabe cuántos contratos más hicieron”.

El corista Níber lo confirmó: “yo vi la agenda de doña Jackie y había por lo menos cuarenta bailes programados. No sé cuántos contratos estaban firmados y cuántos sencillamente programados verbalmente, pero de que lo estaban vendiendo, lo estaban vendiendo”. Jacqueline, cuatro días después de la muerte de su esposo, confesó a El Heraldo: “El Joe ya tenía pactadas al menos 24 presentaciones musicales en los Estados Unidos”. Y como si nada.

Lo que resulta llamativo es que, ese mismo día –el sábado 30 de julio–, Ojeda negó en el diario El Tiempo aquel contrato y dijo que “eso fue de bacanidad” y que “se hizo de manera verbal”. Cuando el periodista le dijo que el contrato en efecto existió y que estaba firmado por ambos, el necio mánager amenazó al diario capitalino de “meterse en graves problemas si se llega a publicar esta información”. Pero como era apenas obvio, todo se publicó.

Ángel Thorrens redondeó en una declaración post mórtem: “La prioridad de quienes tenían el control de su vida fue la tarima por encima de la salud. Arrastraron a un hombre gravemente enfermo por los escenarios de Colombia con el fin de cumplir contratos por los que ya habían recibido anticipos”.