R.H. Moreno Durán, el humor de la melancolía

R.H. Moreno Durán, el humor de la melancolía

14 de noviembre del 2017

En sus textos dio siempre vía libre a la imaginación. Desarrolló su oficio de escritor siendo uno de los más reconocidos en el país, y uno de los mejores en el siglo XX. Aunque nació en Colombia, siempre manifestó con su humor característico que “Nací y crecí como escritor en Catalunya”. Fue uno de los pocos suramericanos en manejar la ortografía catalana.

Siempre firmó sus textos como R.H. Moreno Durán, con lo que también hizo uso de su imaginación inventando que R. H. eran las iniciales de Rey Herodes, y que ese era su nombre. Pero realmente se llamó Rafael Humberto Moreno Durán, nació el 7 de noviembre de 1945 en Tunja. Vivió desde los tres años de edad en Bogotá.

Ingresó a la Universidad Nacional de Colombia donde se tituló en Derecho y Ciencias Políticas, desde ese entonces ya amaba las letras. Tanto así, que un año después de graduarse publicó su primer texto literario “Lautréamont, un prolegómeno de la rebelión”,  para una revista local.

Supo desde ese momento que dedicaría su vida a la literatura, enfocándose principalmente en la novela, género literario que lo llevó a ser consagrado como uno de los representantes de la nueva novelística hispanoamericana. Su primer libro fue una exitosa recopilación de ensayos sobre la literatura latinoamericana, publicado en 1976, De la Barbarie a la imaginación.

Se mudó entonces para 1973 a vivir a Barcelona, lugar donde continuó escribiendo novelas, de las que su punto de inspiración muchas veces fue la mujer. Allí comenzó a escribir una deslumbrante trilogía que llamó Femina Suite, el Toque de Diana; que terminó dos años más tarde.

Comenzó a trabajar para la televisión colombiana en el programa Palabra Mayor; allí entrevistó importantes personajes de la escena literaria en su mayoría de habla hispana. Entre ellos Mario Benedetti, Fernando Savater, Álvaro Mutis, Ernesto Sábato.

Para el año 2004, y pese a la fuerte noticia que recibió, nunca dejó de lado su humor negro. Para ese entonces, se enteró que padecía de cáncer. Logró convertir su divertida forma de actuar en el escudo que vistió hasta el último de sus días. Continuó escribiendo al mismo tiempo que se sometió a difíciles tratamientos médicos.

Alguna vez escribió “…que nada significaba mi enfermedad frente a lo que contemplaba a mi alrededor“, refiriéndose a la clínica donde lo atendieron en diferentes ocasiones. Allí, vió niños y jóvenes en peores condiciones de salud que las que él presentaba.

El 21 de noviembre de 2005, falleció pocos días después de haber cumplido 60 años de edad, en la clínica Reina Sofía en la ciudad de Bogotá. Su muerte se dio a causa de un cáncer avanzado que tocó varios órganos en su estómago, contra el que luchó un poco más de un año, pero finalmente no lo pudo vencer.