El violinista que convierte la música en empatía

19 de abril del 2019

Un experimentado artista que genera compasión por los demás a través de la música.

El violinista que convierte la música en empatía

El violinista Ray Chen no es el típico intérprete de música clásica. Su presencia en el escenario, su forma de tocar el instrumento, sus gestos, sus videos motivacionales al estilo “youtuber” para nuevas generaciones de intérpretes, todo lo convierte en un intérprete diferente al imaginario de músicos que se presentan por el mundo en recitales de lujosos escenarios o prestigiosos eventos internacionales.

Chen, nacido en Taipéi y criado en Australia, dice que “por mucho tiempo no estaba seguro o muy atraído por la parte musical. Amaba la música pero sentía que podía ser alguien más. La música era más que la música, era también un deseo de conectar con la audiencia que es lo más importante”.

Su búsqueda, más que de la perfección interpretativa, es de conexión con las personas. Se considera a sí mismo un viajero y “cazador gastronómico” y a la música un medio para “conocerte a ti mismo, convertirte en la versión más fiel de ti mismo, porque cuando interpretas la música le estás diciendo a la audiencia que tu versión y la forma en que interpretas música es la correcta”.

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Chen, quien se presentará este 18 y 20 de abril durante el Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá, es un músico del mundo: “Creo firmemente que una persona debe vivir en muchos lugares, cada vez que te mueves, que vives ahí, te das cuenta que las cosas que creías eran parte de ti, en realidad son influenciadas por la sociedad y las que se quedan más allá de los países, de verdad son tuyas y son lo que realmente eres… Es un balance”

Desde los cuatro meses ha viajado. Cuando su familia lo llevó desde la natal Taiwán a Australia, donde se crió y terminó por aceptar que la música y la interpretación eran su horizonte a seguir.

“Allí había una mentalidad abierta y eran más relajadas las cosas, pero tuve también una familia muy tradicional asiática que me inculcó la disciplina, el trabajo duro”. Dice que esa combinación de experiencias formaron su estilo, sumado, años después, a “que me moví al oeste, más exactamente a Filadelfia (EEUU) para estudiar”.

Desde joven se dio cuenta que había “un mundo por explorar en términos de música y educación”. A los 16 años inició otro capítulo de su vida, donde se vio influenciado por el tipo de educación americana. “La generosidad de la gente americana conmigo, a pesar de la mala publicidad que han tenido en los últimos años (sonríe)”. Logró ingresar al reconocido Instituto de Música Curtis, donde aprendió a explorar el violín con el intérprete estadounidense Aaron Rosand.

Actualmente Nueva York es una de sus residencias y acepta que EEUU lo influenció en “un estilo de tocar que podríamos definir como más generoso”.

Cada viaje es una búsqueda para captar mayores audiencias, para que más gente disfrute y experimente la música clásica, “inclusive, que los que sientan pasión por interpretar puedan acceder de alguna forma y logren llegar a un escenario… La buena música debe ser compartida con todos, como dar un regalo”, confiesa el músico.

Chen llamó la atención del mundo artístico al obtener el primer puesto en las reconocidas competiciones Yehudi Menuhin (2008) y Elisabeth Music Competition (2009). De dos formas se dio a conocer en Europa, Asia, EEUU y su amada Australia; a través de masivas presentaciones como el Día de la Bastilla (2016) – emitida en vivo para cerca de 800 mil personas – o como el músico más joven en ser invitado al Concierto del Premio Nobel en Estocolmo de 2012.

También se ha destacado por sus grabaciones con grandes casas discográficas como Sony, con quien logró tres discos, el primero de ellos, Virtuoso, que le permitió recibir el premio ECHO Klassik. Con la casa Decca Classics, en 2017, grabó junto a la Orquesta Filarmónica de Londres.

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Se ha dado el lujo de aparecer en la lista Forbes de los 30 asiáticos más influyentes por debajo de los 30 años; invitado a actuar en la serie de televisión web “Mozart in the Jungle”, además de asociarse para diferentes eventos con el diseñador Giorgio Armani.

La lista de orquestas con las que se ha presentado es sobresaliente: la Filarmónica de Múnich; la Filarmónica della Scala; la Filarmónica de Los Ángeles; la Sinfónica de San Francisco o la Orquesta de Música de Cámara de la Radio Bávara, entre muchas otras.

“Siempre sentí que era un mejor interprete cuando estaba una audiencia en frente mío que en los cuartos de ensayo”, confiesa con orgullo sobre su carrera profesional.

¿Por qué interesarse por la música clásica?

“De todos los géneros, la clásica representa mejor al ser humano”, afirma. Según el interprete, se puede “mostrar diferentes personajes, recurrir a diferentes emociones, sentimientos, todos reunidos en una sola pieza, en una sola sinfonía, en un solo concierto”.

Relaciona la complejidad del género con la complejidad de la gente. “Son muchas emociones. La gente no solo tiene un personaje, tenemos muchos, eso hace la personalidad. Inclusive muchos tiene más de una personalidad”.

“Creo que ser un músico tiene que ver con las personas. Es lo más interesante. Algunos lo hacen por la fama, pero en la música clásica no es muy sabio hacerlo (sonríe). Este mundo no es muy grande, es pequeño. Hay gente que lo hace por la música, algo que entiendo y acepto totalmente, pero creo que yo lo hago por la gente, conocerlos, conectarme con ellos.”

Su recorrido por el mundo también lo ha llevado por Latinoamérica. Se ha presentado en países como Brasil, Argentina, México y Venezuela. Es la primera vez que tocará en Colombia.

Está listo para ofrecerle a los bogotanos la música Robert Schumann, Johannes Brahms y Franz Schubert junto con la Orquesta Sinfónica de Amberes (Bélgica). Sus expectativas al visitar el país no tienen que ver mucho con la recepción de su interpretación. Más bien, “encontrar gente receptiva, que te den una cálida bienvenida”. También le han dicho que los colombianos son gente con gran personalidad.

Agrega, “espero una buena comida, sé que es deliciosa la comida de allá. Las dos mejores cosas, la gente y la comida”.

En Colombia está orgulloso de presentarse nuevamente con el alemán Jan Vogler, prodigio del violonchelo a los seis años. “Creo que la última vez juntos fue en 2012”. También le gustaría escuchar al pianista británico Steven Hough. “Hemos trabajado juntos, es un genio”.

Considera que la música siempre ha sido una celebración de los mayores logros de la humanidad, pero su aporte al mundo no es tangible. “No es como la ciencia o la economía”, dice.

“La música clásica no es como en los deportes, quién es el más rápido, quién anota más, o gana, se trata de ser abierto, de tener la voluntad de trabajar en colectivo, para encontrar un objetivo superior. Esto representa lo que la civilización humana debe hacer o debe pensar”.

Esa visión de lo que debe aportar la música al mundo es lo que pretende enseñarles a las nuevas generaciones. La música, dice, “le enseña a las personas compasión, le da una mentalidad mucho más abierta, es algo muy importante”.

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