Las relaciones de pareja: deseo, intimidad y confianza

25 de noviembre del 2019

Cada virtud y defecto pasa por este filtro para decantar y clarificar nuestro filtro personal

Las relaciones de pareja: deseo, intimidad y confianza

Cortesía Armando Martí

Con el fin de hablar acerca de las relaciones de pareja, debo contextualizar en primera instancia, que las relaciones humanas son interacciones a través del lenguaje verbal o no verbal, los símbolos inconscientes, las imágenes y señales interpretadas por nuestra inteligencia; asimismo, poseemos un lenguaje afectivo y otros construidos socialmente, que nos permiten generar vínculos con los demás. De la misma manera en que necesitamos respirar, es de vital importancia convivir y comunicarnos los unos con los otros. Ahora bien, la relación de pareja es la interacción energética con aquella persona especial de la cual nos enamoramos y, además, se convierte en un espejo, en donde nuestro subconsciente se desdobla ante la mirada del otro que nos observa y ayuda a descifrarnos a nosotros mismos.

Por medio de este diseño natural se logra entender que muchas veces “solos” no conseguimos conocernos, pues nuestro yo, inicialmente está dividido entre el temperamento y el carácter, y necesitamos dentro de este proceso de autoconocimiento y maduración ser “atrapados” por el espejo del otro y desde allí vernos, no como quisiéramos sino como el observador nos ve.

Cada virtud y defecto pasa por este filtro para decantar y clarificar nuestro filtro personal. Ambas personas se someten a esa especie de examen temporal y con el paso del tiempo, la pareja se va conociendo desde el proceso de idealización y luego desde la aceptación de sus límites naturales. Es importante tener en cuenta que, en muchas de las uniones afectivas, ninguno de los dos ha logrado llegar a ser una unidad completa, por el contrario, el núcleo afectivo está abierto y a través de esas fisuras se fuga la energía para vivir.

Cortesía Armando Martí

Por esta razón, intentamos compensar dicha pérdida con el deseo de encontrar a toda costa a nuestra “media naranja”. Al lograrlo, inicialmente llegan a pensar que alcanzaron su objetivo, pero quizás esta ilusión de plenitud es temporal. En realidad, y como proceso evolutivo, nuestra unidad íntima se debe cerrar conscientemente y sin la dependencia energética y afectiva de la pareja.

El problema de las unidades emocionales incompletas es que se van despersonalizando y adquiriendo la forma del otro, el cual termina agobiado por la presión, el control y las desmedidas exigencias de la pareja. Una unidad abierta o incompleta busca energía de la otra persona creando trastornos emocionales como la codependencia afectiva, intentando ser “uno solo” y terminan por asfixiarse mutuamente, necesitando de forma urgente separarse un tiempo para lograr un “respiro” y empezar a fortalecerse como unidad afectiva, autónoma y, por ende, completa.

El proceso sanador dinámico, en estos casos, consiste en encontrar la fuente del sustento energético dentro de sí mismo. Una unidad completa es autónoma y puede llegar a compartir momentos maravillosos y de gran nutrición emocional, precisamente por aprender a autoabastecerse se logra superar el miedo al abandono o a estar solo (consecuencias en muchos casos, de las heridas de la infancia). Cuando se elige desde la libertad y la voluntad de estar juntos, la pareja tiene grandes posibilidades de realizar un proyecto de vida sin tantas expectativas y dentro de una realidad equilibrada y sobria, inclusive estando juntos bajo un mismo techo o separados físicamente.

Cortesía Armando Martí

Estamos unidos a nuestra madre desde el estado embrionario por medio del cordón umbilical, que nos alimenta de sustancias nutritivas las cuales preservan nuestra vida. Cuando nacemos, este es cortado casi siempre por el médico, y así entramos a una nueva dimensión humana, en donde necesitamos oxígeno, alimento y cuidados para crecer y desarrollarnos.

En la polémica, pero bien investigada película “No me toques” (Touch me not) de la directora rumana Adina Pintilie, una de sus conclusiones que más llamaron mi atención, fue el concepto del cordón umbilical emocional que permanece como una necesidad básica para descubrir nuestras tendencias a nivel más íntimo preguntándose: “dime cómo fuiste amado y te diré cómo amas. Dime cómo me amaste, para entender cómo amé”.

De ahí que en el mito del amor “perfecto”, se esconden muchas emociones conflictivas y dolorosas, capas de ira, miedo, angustia, violencia, venganza y vergüenza, las cuales nos dificultan llegar a ese “amor” profundo que está compuesto de realidades como la humildad, la aceptación, el perdón y la entrega a los compromisos voluntarios que van construyendo la felicidad cotidiana.

Pero al evadir el “purgatorio interior” de nuestras encriptadas emociones personales, la búsqueda de estabilidad en la pareja puede acrecentar la confrontación en donde reina el miedo a perder a quien amo, los celos y las peleas causadas por la frustración de no realizar el sueño de equilibrio y paz.

Cortesía Armando Martí

De esta forma, los problemas no son solamente con el otro sino también conmigo mismo, pues poseo un conflicto interior al no saber quién soy ni lo que en realidad quiero. Por eso los diálogos entre esposos, novios o amantes, muchas veces en lugar de clarificar, confunden más la relación en su núcleo. Entonces por cansancio, temor o peor aún debido al estado de “desinformación de nosotros mismos”, la famosa “verdad” se exige con vehemencia, pero se comunica y entiende a medias, debido a que nuestras respuestas están sesgadas por el pésimo manejo de las emociones, es decir, dichas respuestas no son confiables ni para mí mismo ni para el otro.

El espejo de la pareja poco a poco irá revelando nuestros defectos de carácter y traumas. Eso es irreversible. Seguiremos culpando y señalando a la pareja con el fin de justificar y defender a toda costa nuestra postura. Esta mal llamada “estrategia” termina por producir un lamentable desgaste psicológico, emocional y físico. Sin embargo, si la pareja se sostiene a pesar de estas fuertes tormentas egocéntricas que conducen a desoladoras crisis, es posible lograr una fortaleza y madurez necesarias para vivir una relación con muchos defectos y una que otra pequeña virtud (somos humanos, es decir, contrario a perfectos).

Partamos desde el inicio: la intimidad empieza con nuestro cuerpo y por eso debemos descubrirlo, sentir sus emociones, aceptarlas, explorarlas, expresarlas y estar cómodos para poder lograr confianza e intimidad con el ser amado. No obstante, primero es vital amarnos incondicionalmente a nosotros mismos, para intentar escalar a la aventura de complementarse en pareja.

Sólo cuando inicias y concluyes tu propio “Sendero Interior”, estarás habilitando un cambio sencillo y trasparente en donde ofreces tu mano al otro. Conozco parejas que tienen el poder de mirar lo que pasará en el futuro, pero paradójicamente también tienen el poder de vivir en el pasado. La libertad es tuya y de nadie más, la puedes compartir, pero la felicidad comienza cuando aprendes a hacerte feliz y a cuidar de ti mismo.

Cortesía Armando Martí

En mi libro “Viajero Interior: Un Camino Simple hacia la Serenidad Personal” de Editorial Carrera 7ª, en el capítulo 8 llamado “Amor Integral”, este abre con el siguiente texto del gran maestro Paul Ferrini: “Cuando te amas y te honras a ti mismo, hay armonía y paz en tu vida. Las cosas se despliegan de manera natural, sin luchar. La gracia se convierte en la luz que guía tu vida. Es la brújula con la que navegas. Cuando experimentas desarmonía o conflicto, sabes que has perdido el alineamiento con el amor. Sabes que es el momento de parar, respirar y volver a centrarse.

El disfrute de tu sensualidad es esencial para el pleno desarrollo de la relación, no es nada que haya que temer o por lo que haya que avergonzarse. Es algo que debe ser celebrado como un regalo de Dios. A algunas personas les cuesta aceptar su propia sexualidad y tratan de imponer sus disfunciones sobre los demás. No les prestes atención, tienen lecciones difíciles que aprender en esta vida. La única expresión sexual que es reprobable es el sexo sin amor. El sexo sin amor, bajo cualquier disfraz fragmenta la energía de vuestra unión y exacerba las heridas emocionales.”

Cortesía Armando Martí

El autor nos invita a reflexionar que, al erradicar las intenciones o verdades ocultas por el sentimiento de la culpa y la vergüenza, nuestra relación en pareja podrá florecer con una nueva vitalidad, pues ante la ausencia del señalamiento y la exigencia de perfección se posibilita el nacimiento de la amistad y el compromiso sincero, es decir, una dupla sanadora, comprensible y compasiva ante las mentiras y los errores que cualquiera de los miembros pueda cometer. Si tengo miedo por las amenazas de abandono o venganza de mi pareja, le seguiré mintiendo con el propósito de justificar mi deslealtad y darle gusto a la imagen que quiere de mí para ocultarse a través de mis errores.

Esta acción defensiva, genera una insoportable tensión emocional, que intoxica todavía más la relación. La decisión acertada sería entonces abandonar esta lucha, liberarse de las mentiras y la competencia, con el propósito de dedicarme a descubrir los errores de mis acciones y comportamientos, y así, quizás empezar de nuevo y encontrar una compañía más sana, acorde a mi nuevo estado de lucidez.

La necesidad de perfección es el principio del fin en la pareja, por la sencilla razón de que el amor nace y no se impone. La mayoría de las relaciones de pareja terminan porque una vez que la persona te conquista deja de hacer las cosas que hacía antes para agradarte, demostrando que su pasión y compromiso estaban basados en un guión o en una estrategia. Poseer en ningún momento es amar, el amor simplemente sucede, no se planea y mucho menos se puede condicionar a nuestro acomodo.

No mendigues amor a nadie y llénate de dignidad y paz sin importar que te critiquen, amenacen o digan que te van a abandonar. Recuerda: la fuente del auténtico amor florece en tu propio interior, al dejar que la energía vital fluya para tu propio descubrimiento, desprogramando el cerebro de aquellos malos hábitos de control y de aquellos roles de “víctima-perseguidor-salvador” que te obligan a depositar las llaves de tu felicidad en las manos de tu pareja.

Para algunas personas una de las relaciones más difíciles de lograr es ser amigos de ellos mismos. Cuando lo descubras evita a esas personas, desintoxícate en el “silencio reparativo” de la meditación y la reconexión con tu Poder Superior. Si dejas que el amor habite en ti el resentimiento y el odio no podrán ser tus huéspedes.

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