La historia jamás contada de Rigo, el hijo enano de ‘Tirofijo’

La historia jamás contada de Rigo, el hijo enano de ‘Tirofijo’

24 de Junio del 2016

“Caminó hasta donde estaba tendido el cuerpo de su padre  y lo tomó por las manos todavía cálidas. Acababa de morirse y no había nada qué hacer. La sensación de desamparo y de impotencia fue total.

Había varios mandos que asumieron en  seguida la responsabilidad por lo que había que hacer. Decidieron bañar el cuerpo, vestirlo y conducirlo al aula en donde permanecieron a su alrededor toda la noche. Eran un poco más de setenta guerrilleros y todos asumieron el compromiso de guardar por completo el secreto de lo sucedido.

Sólo los superiores deberían enterarse de su muerte y eran ellos los que decidirían cuándo dar cuenta de ella. El primero en saberlo sería El Mono (Jojoy), a quien le informarían la novedad  en la comunicación de la mañana”, de esta forma en un texto publicado en la propia página web de las Farc, habla del día que murió Manuel Marulanda Vélez. Un 26 de marzo de 2008.

Lea también: Timochenko, un nerd. Santos, un militar de corazón

El proceso de paz ha logrado cosas sorprendentes. Sin duda, las Farc tienen otra actitud. Lucen más abiertas y receptivas con los medios de comunicación que durante décadas “desde las montañas de Colombia” cuestionaron por su “sesgo informativo”.

Aunque aún expresan dudas sobre el modo en el que se informa en Colombia, ellos mismos se han encargado de publicar en sus sitios web, detalles desconocidos que se pensó, jamás iban a salir a la luz pública.

Este es el caso de la historia de Rigo, el hijo menor de Manuel Marulanda Vélez, el fundador de las Farc, quien en vida fue un hombre de muchas mujeres. Esta historia da cuenta de tres, quizá hubo más.

Además: En municipio que fue dominado por las Farc, todos los miércoles son festivos. ¿Por qué?

Según el texto publicado en la página oficial de la guerrilla, Rigo nació en la vereda El Salitre en el páramo de Sumapaz. “Hijo de una india caucana cariñosa y violenta a la vez”.

Tirofijo-c

Manuel Marulanda Vélez, un padre ausente

El escrito es revelador. Narra cómo crecieron los primeros hijos de Marulanda Vélez. Se acostumbraron a la ausencia del legendario jefe guerrillero.

“Asimilaron como la cosa más normal del mundo, el ser hijos de Manuel  Marulanda Vélez, un jefe guerrillero de quien todos se expresaban con sumo respeto y veneración,  pero al que sólo llegaban a ver ocasionalmente. Entendían que su padre era un hombre muy  importante y ocupado, que enviaba de vez en cuando cartas, alguna ayuda y cargas de  abastecimientos para su subsistencia, pero ese hecho no los hacía sentir diferentes a los hijos de  los demás colonos que conformaban la dispersa población de la región”.

Lea también: La infancia de Timochenko

Pocas veces un testimonio de la propia guerrilla presenta cosas tan íntimas de la dinámica familiar del hombre, al que aún el actual líder de las Farc, (Timochencko) nombra en sus discursos.

Se habla del rudo temperamento de esta compañera sentimental de Vélez. No fueron pocas las veces que Rigo y sus hermanos prefirieron dormir a la intemperie, antes de regresar a casa y recibir las golpizas de la señora.

“Era tan ruda y tan buena trabajadora como cualquier campesino. Hacía producir a la tierra  papa negra y criolla, cebolla, cubios, zanahoria, remolacha, cilantro, lechuga y repollos. Y además criaba gallinas, marranos y adelantaba algunos ovejos y vacas. Con eso tenía cómo sostener su  creciente familia. Pero además, el padre siempre le ayudaba con sus envíos y recibía la solidaridad  de las comisiones de guerrilla que pasaban y de colonos que les mostraban de ese modo su cariño”, cuenta el texto firmado por Gabriel Ángel.

La ausencia de Vélez como padre de familia fue prolongada. Ángel señala que para el guerrillero, la lucha armada siempre fue la prioridad.

Además: Cuando ‘Simón Trinidad’ fue banquero, estudió en Harvard y lo apodaron ‘El Alemán’

“Sólo muchos años después comprendería Rigo que había sido criado en la cuna de las FARC y lo que aquello significó en realidad para su vida y la de su familia. Su padre nunca llegó a casa, pero en dos o tres ocasiones se acampó en Casa Grande u otro sitio cercano. Entonces su madre los enviaba a ellos para que pasaran con él los días que estaba por allí. Les encantaba aquello, pero más que por la convivencia con su padre, quien siempre estaba muy ocupado, porque eran ubicados en medio del campamento con los demás guerrilleros, los cuales los entretenían y  divertían de diversos modos, brindándoles siempre gran afecto y solidaridad”.

La “ruda y violenta” mamá de Rigo fue una de las primeras guerrilleras que integró las filas de las Farc. Vélez dirigía una columna subversiva en la que había cuatro mujeres más.

“Éste había tenido antes otra mujer, una civil, con quien trajo al mundo seis hijos, dos mujeres entre ellos. La vida de ella debió ser muy difícil, visitándolo ocasionalmente en algún campamento o quizás recibiendo la visita  furtiva de él, y haciéndose cargo de los hijos que llegaban, siempre cuidando de la clandestinidad  de su relación con un hombre tan perseguido”, describe el texto.

Tras la relación sentimental que tuvo con aquella civil, Marulanda decidió formalizar la relación con la guerrillera, quien sería después la madre de Rigo.

Hijo de Manuel Marulanda-01

Ella se convirtió en su compañera permanente durante un buen tiempo, hasta cuando comenzó a concebir y traer hijos al mundo, realidad que la obligó a salir de filas para atender a su crianza. El  jefe guerrillero asumió el compromiso de apoyarla económica y moralmente. Pero como era de esperarse, con el paso de los años consiguió otra compañera, Sandra, con quien nunca tuvo hijos y quien habría de acompañarlo durante casi medio siglo hasta su muerte.

“La madre de Rigo terminó por organizar su vida también con otro hombre, a quien le dio dos hijos, los dos hermanos menores de Rigo. Se trataba del arriero personal de Marulanda, el encargado de llevarles los correos y remesas de alimentos. El jefe guerrillero no le quitó por ello el apoyo a su antigua compañera, se sentía responsable por ella y por sus hijos. En sus recuerdos Rigo reconoce desde muy niño a Sandra, quien ya como compañera de su padre los visitaba en casa”.

El drama de la muerte

A muy corta edad, el hijo menor de Manuel Marulanda Vélez se encontró de frente con la muerte. Cuando el guerrillero era perseguido por el ejército, a la familia le tocó tomar una decisión. Con una carta, Pedro Antonio Marín Rodríguez, nombre de pila de Marulanda, le comunicó a su familia una situación dramática: Los campamentos centrales de las Farc iban a ser bombardeados, entre ellos el del Sumapaz. Si quieran seguir viviendo, todos debían huir.

“Con excepción de Rigo, demasiado pequeño y con alguna limitación física, todos sus otros hijos debían ser enviados con él. Personalmente se haría cargo de ellos, no para dejarlos en algún otro lugar, sino para que anduvieran con él y la guerrilla que lo acompañaba. En ningún otro sitio estarían más seguros. En cuanto a Rigo, le proponía elegir entre dos alternativas”.

Una de las opciones era quedarse con su madre, su padrastro y una hermana para desplazarse a algún lugar, la otra opción, según narra el texto, era permanecer en la zona en condición de anonmiato, protegido por una familia en la que Marulanda Vélez confiaba. “Su hermana Ester lo convenció de inclinarse por esta opción”.

Cambio de identidades

Haber tomado esa decisión, hizo que Rigo continuara su vida sin sus hermanos y por supuesto, sin su padre. Pasaron al menos 14 años para que pudiera volver a ver al guerrillero más buscado por el gobierno.

Esta parte de la vida de Rigo tiene todos los elementos de una novela de espía, ser hijo del comandante guerrillero era como tener la cruz a cuestas.

“Balín y la Mona (los guerrilleros con los que se quedó el hijo de Marulanda) tuvieron que trasladarse al municipio de Cabrera. Llevaban consigo a Rigo y a una niña, también hija de una pareja de guerrilleros. La chica se llamaba Milena, era algo mayor que Rigo y desde ese momento pasó a convertirse en su nueva hermana. En adelante todos se cambiaron sus nombres. Por fortuna el Partido tenía amigos en todas partes, y con apoyo suyo consiguieron documentos con una nueva identidad. Rigo y Milena fueron registrados de nuevo, esta vez en Tunjuelito, como hijos de Balín y la Mona, a quién podía no importarle el nombre o el apellido que le pusieran, lo importante era difuminarse inadvertidamente entre la gente.

Manuel Marulanda velez

Así pasaron los años, los padres adoptivos de Rigo, integrantes del Partido Comunista, no duraban mucho tiempo en algún lugar. Vivieron en otras poblaciones, en Fusagasugá Viotá y Bogotá, en el barrio Santa Librada.

Fue en la capital de la República en donde Balín y la Mona fueron capturados. Cuando Rigo y Milena (hija natural de la pareja) volvían del colegio, se encontraron con el espectáculo de la casa repleta de soldados que revolcaban todo, al tiempo que Balín y la Mona eran subidos atados a un vehículo militar.

“El Ejército procedió a publicar la noticia sobre la detención de dos importantes jefes guerrilleros al sur de Bogotá, y a ponerlos a disposición de fiscales y jueces. Golpeados y maltratados, Balín y la Mona fueron trasladados por fin a la cárcel. Los informes del Ejército daban cuenta de su largo y peligroso historial en las Farc, algo que pocos podían creer al  mirar la inofensiva apariencia de la enfermiza pareja de adultos de la tercera edad”, dice la crónica publicada en la página de las Farc.

De vuelta a las Farc

Según el texto, solo fue hasta que iniciaron las conversaciones con Andrés Pastrana, que Rigo volvió a recibir noticias de su padre. “Una mañana recibieron un correo de Manuel Marulanda en el que le pedía a Rigo prepararse para
viajar a la zona de despeje una vez llegaran sus vacaciones de fin de año”.

Para entonces el hijo de Vélez crecía en el barrio Lucero Bajo, en el sur de Bogotá, llevaba una vida citadina que cambiaría radicalmente.

“Allá estaban su padre y sus hermanos, lo más probable era que terminara quedándose con ellos. Cursaba el noveno grado y había aprendido muchas cosas en su vida”.

El texto revela, entre otras cosas, que no por ser hijo del comandante de la guerrilla, Rigo tuvo trato especial.

“Incluso la relación con su padre no era la tradicional de afecto y convivencia, sino la misma de cualquier tropa con su comandante general. En ese campo Marulanda tuvo para con Rigo una concesión especial, lo autorizó a tomar sus tres comidas diarias y sus refrigerios al lado suyo, en su casino personal. Con los días, aquella preferencia comenzó a molestar a Rigo, lo obligaba a  establecer cierta distancia con sus hermanos y compañeros. Así que un buen día optó por insubordinarse y manifestarle a Sandra, la misma compañera de su padre que había conocido en El  Salitre, que en adelante tomaría sus comidas en el casino general, con los demás guerrilleros. Su  padre no hizo nada por cambiar su decisión. Si era lo que él quería, estaba bien”.

En mayo de este año el hijo de Marulanda llegó a La Habana, aunque muchos comunicadores saben su historia, este ha evitado aceptar entrevistas. “Para no tener que dar entrevistas a nadie que después tergiverse de algún modo lo expresado por él, o que aproveche cualquier torpeza suya al hablar frente a un micrófono para armar algún escándalo, Rigo, con su metro treinta de estatura y sus setenta y cinco kilos de peso, de 34 años de edad, con la mirada bondadosa de niño bueno que lo caracteriza, prefiere buscar a Gabriel Ángel (autor del texto) para contarle su historia. Sabe que él lo escuchará pacientemente y será fiel a lo que desea expresar. Ese ha sido en realidad el origen de esta crónica”, finaliza el texto.