Gerlein critica a la corte y habla de sus colegas gay

Gerlein critica a la corte y habla de sus colegas gay

28 de abril del 2013

El senador Roberto Gerlein está feliz con tanto respaldo recibido (eso dice él, que lo aplauden en la calle y los aeropuertos) por su oposición al llamado matrimonio gay, o igualitario. En su opinión, el 80 por ciento de los colombianos están con él.

Pero no está contento con haber liderado el entierro de la propuesta legislativa en el Senado. Ahora enfila baterías contra la propia Corte Constitucional:

“No comparto para nada que la Corte se involucre en el proceso legislativo. Ellos son jueces instituidos para velar por la guarda de la Constitución, no para enviar cartas de sabotaje, para decirle al Congreso que  legisle sobre las madres comunitarias como hizo el otro día, o para que lo haga sobre las parejas gay.

Es una ostensible invasión del poder Legislativo y una desaparición de la división de los poderes públicos. La Corte exhorta al Congreso para que actúe de esta manera u otra, para llenar el déficit de protección que existe en determinado sector de la población.

El Congreso legisla o se abstiene de legislar concorde con sus competencias constitucionales. La Corte no le puede pedir al Congreso que legisle hasta una fecha o la otra. Hacerlo, como lo está haciendo, me parece una equivocación constitucional peligrosa porque la Corte es un legislador negativo y no un legislador positivo”.

¿Y en el caso concreto del matrimonio igualitario?

La Corte nunca habló –en esa exhortación hecha– del concepto matrimonio, ni menciona la palabra. No lo hace porque no puede, porque el artículo 48 de la Constitución dice clarísimamente que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer para asistirse mutuamente y con el propósito de procrear y mantener la especie. Cuando la Constitución habla de un hombre y una mujer, la Corte no puede decir dos hombres o dos mujeres. Por eso exhorta a que el Congreso legisle sobre un contrato innominado que todavía no existe en el código civil, por el cual las parejas del mismo sexo pueden reglar de alguna manera su relación. Pero no autoriza ni a los notarios ni a los jueces a celebrar matrimonios entre parejas del mismo sexo.

¿Está quedando ante el país como un viejo cascarrabias, retrógrado, godo homofóbico?

Yo no soy un viejo cascarrabias. Ocurre que en el Senado en particular existen unos colegas que se sienten y se llaman progresistas. Yo creo que podrían perfectamente hacer política en el Cementerio Central porque todo lo que proponen termina como un muerto.

Son amigos del matrimonio gay, que no produce vida, que es inane para la vida. Son amigos del aborto que siempre termina con un muerto y el muerto es la parte más débil. Son amigos del suicidio asistido y éste termina con un muerto. Son amigos de la eutanasia activa, cuyo final es un muerto. Si mis posiciones políticas, para que no me llamen viejo cascarrabias, deben terminar con un muerto, yo prefiero mantenerme en el parque jurásico de la inteligencia.

Yo procuro permanecer el mayor tiempo posible en mi biblioteca para estar enterado de las cosas y poder opinar con algún conocimiento de causa sobre tanto tema y tanta situación tan disímil que se presenta en el Congreso. Para mantenerse actualizado sobre los temas que están colocados sobre la curul de un senador hay que dedicarle muchísimo tiempo a la biblioteca.

¿Por qué se mantiene con los ojos cerrados, como si siempre durmiera?

Siempre ha sido así. Me gusta cerrar los ojos para escuchar al orador y pensar sobre lo que está diciendo. Es complicadísimo estar conversando con los colegas, estar mirando el entorno, estar fijándose en personas y escuchando palabras distintas a las que pronuncia el orador. Yo cierro los ojos y escucho. Y si tengo algo nuevo que decir, si tengo algo que aportar a la discusión pido la palabra o guardo silencio.

Usted ha manifestado admiración por pintores homosexuales así como por poetas, como Luis Caballero y Porfirio Barba Jacob, ¿no hay una contradicción entre esto y su posición frente al matrimonio igualitario?

Ninguna. Leo a Marcel Proust, reconocido homosexual. Y a Oscar Wilde. Por qué no voy a disfrutar de la poesía de Porfirio Barba, para mí el más alto jerarca de la poesía colombiana, así hubiera sido un homosexual declarado y practicante. La canción de la vida profunda es una lección de existencia, es un análisis del comportamiento humano.

Yo no tengo absolutamente nada contra los gays. No me gusta el matrimonio entre parejas gay pero yo no tengo nada contra ellos. Tengo amigos gay, tengo colegas gay, tengo compañeros de política gay. De allí tenga en mi biblioteca cuadros, libros de pintores y de actores gays. Eso no cambia mi posición sobre el tema de que hablamos.

El doctor Carlos Gaviria, ex senador, dice que el debate fue supremamente pobre, ¿qué piensa al respecto?

Puede tener razón. Entre otras cosas porque se volvió un debate constitucional, un debate abogadil, un debate jurídico, que si la Corte dice esto, que si dice lo otro, que si el matrimonio tiene esta definición, que si la familia tiene este alcance… se armó un debate jurídico.

El debate se planteó en términos constitucionales, pero como todas las cosas, terminamos enredados en los incisos, en los artículos, en los temas jurídicos, abogadiles y no se analizó el fondo del problema de la homosexualidad que son sus causas y sus consecuencias.