Santiago Rivas y la anarquía de un criollo puro

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

Santiago Rivas y la anarquía de un criollo puro

26 de febrero del 2019

Es intelectual e inteligente, que no es lo mismo; de izquierda, anarquista, antipatriota, rockero y muy crítico; es un hombre de 36 años, serio pero cargado de buen humor. Defiende sus posturas políticas y sociales con interesantes y sólidos argumentos, los cuales casi siempre remata con con sonrisas y carcajadas contagiosas. Es un artista.

Santiago Rivas Camargo, quien hasta el momento ha presentado las cinco temporadas de ‘Los Puros Criollos’, supo desde siempre que su profesión iba a ser la que fue: Artes. Creció entre libros de dibujo, enciclopedias y literatura, que su mamá, Inés Elvira Camargo, diseñadora gráfica, compraba constantemente. A los 11 años informó en casa lo que quería ser en la vida y dónde iría a estudiar. Al terminar el colegio fue directo a la Universidad Nacional, presentó el examen de admisión y pasó.

Hizo parte de una generación inusual de su colegio, el Gimnasio Campestre, que era y sigue siendo una institución académica “ultra conservadora”. Santiago, así como varios estudiantes de la época, tal vez por el movimiento socio-cultural del momento, y por la educación y ejemplo intelectual que recibía en casa, fue parte de los jóvenes librepensadores del cambio de siglo.

“Yo era un chico darks. Fui un pelión que miraba con ‘cara de culo’ a todo el mundo. Todos los santísimos días me vestía de negro. Tenía un grupo de amigos sólidos, que teníamos la misma línea y lo importante es que éramos así por convicción, no por imitación”, dice Rivas.

Era uno de los pocos mamertos del Campestre. De joven la política y las problemáticas sociales fueron temas de su interés. La burguesía y la burocracia le incomodaban y esto lo llevó a tener pensamientos diferentes a los tradicionales en el mundo de ‘riquillos’ en el que se movía: algo revolucionarios y algo contestatarios, que fueron las bases teóricas de su línea política de izquierda y anarquista, que se fortalecieron luego de su paso por la Nacional y lo llevaron a desencantarse de la izquierda pasional que mostraba una defensa férrea de un socialismo que a la final fue y es, a su forma de ver, represivo, autoritario y sobre todo criminal, con el que tampoco comulga.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

“Cuando llegué a la Nacional me encontré con una parranda de bobos cantando lo mismo: ‘fuera el imperialismo yanki’ y otras cosas, justificando un régimen represivo como el cubano. Ahí me volví anarquista. Creo en la cooperatividad, más allá de la hegemonía de una persona sobre las otras. A mí me parece que el desequilibrio básico es el del poder y desde que uno no entienda que esa es la primera desigualdad: ‘el yo tengo poder y tu no’, estamos olvidando cuál es la base de la construcción de la sociedad y estamos olvidando el valor de la libertad”.

Estudió en el Campestre más por tradición de la familia Rivas que por capacidad económica. Su familia no tenía dinero. Al terminar el bachillerato no pudieron pagar la cuota para obtener la libreta militar y terminó sacándola diez años después, en 2009, en una amnistía para remisos.

La crisis duró varios años, tantos que no hubo para pagar los últimos semestres de universidad y tuvo que abandonar en octavo semestre, sin empezar la tesis y a un año de terminar carrera.

De su paso por la Universidad Nacional, que califica como “lo máximo”, se ríe cuando recuerda que era muy extraño que allí se la ‘montaran’ por ‘gomelo‘, por venir de un colegio de ricos, mientras que por otro lado salió del Campestre con el apelativo de mamerto e izquierdista.

Rivas era consciente de que no era un ‘niño’ rico. Hoy dice que estudiar en el Campestre, sin pertenecer realmente al círculo de ricos, fue algo que le sirvió para la vida. “Estar en un colegio de personas que tienen muchos medios, mucha plata y convivir con ellos hace, que para lo malo y para lo bueno, uno desmitifique muchas cosas. Ni la gente rica es el motor del progreso ni son los culpables de la desgracia del país. Y uno lo viene a entender mucho tiempo después”.

En la ‘Nacho’ le ocurrió lo mismo que en el colegio, pero al revés. Allí se sintió un poco infiltrado y la ‘montadera’ de sus compañeros por ‘gomelo’ remataban de una o otra forma ese sentir. Estar en un mundo diferente del que venía acostumbrado, “sin haber sido el más riquillo del colegio”, fue también una oportunidad de aprendizaje para la vida.

En la universidad pudo entender más, y de primera mano, las verdaderas diferencias entre las clases sociales del país, las injusticias socioeconómicas y de paso entender esa parte del discurso simplista de los jóvenes de izquierda que, según dice, está basado en que los ricos son unos dragones que hay que exterminar. “Hay que sacarse de encima esos mitos”.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

Al no poder seguir en la universidad, uno, por limitaciones económicas y dos, porque sin saber cómo ni porqué desaparecieron del sistema notas de materias ya cursadas, problema que le impedía avanzar hasta no ser solucionado, salió de la ‘Nacho’ antes de comenzar noveno semestre. Volvió al colegio como docente de artes plásticas. Trabajó seis meses en el Gimnasio Moderno y luego enseñó en su alma máter, donde también ejerció como diseñador gráfico.

En el Campestre trabajó por cuatro años y a la par hizo la tesis: una disertación teórica y práctica sobre el collage, que aunque presentó y aprobó, luego de solucionar los problemas con las notas que habían desaparecido, no pudo graduarse por falta de la libreta militar. Obtenerla en ese momento resultaba una tramitología costosa, así que abandonó esa empresa y nunca se graduó.

Los Puros Criollos

“Habiendo estudiado artes plásticas me dediqué a rebuscármela. Quería vivir emancipado de mis papás y si uno sueña con la independencia y la autonomía, pero estudió artes, le toca prepararse para rebuscársela. Nunca he tenido problema para hablar en público ni en cámara. Siempre he sido bastante histriónico, bastante lorudo”.

Había hecho algunos pinitos frente a la cámara, en Parodiario: uno videoblog  de humor crítico que realizaba con sus amigos Clara Sofía Arrieta y Simon Wilches, en el que se burlaban de la realidad y la política colombiana.

En 2008, Néstor Oliveros, director de televisión, necesitaba un presentador para terminar de completar un equipo de trabajo con el que se presentaría a una convocatoria en Señal Colombia. La idea era crear un programa de contenido cultural que se llamaría ‘Los Puros Criollos’. Amigas en común, entre Néstor y Santiago, lo recomendaron con el director y así llegó al proyecto. “De pura chepa”, dice y suelta una de las tantas sonrisas que acompaña esta entrevista que se logró después de varias semanas de estarla cuadrando.

Se ganan la convocatoria, graban en 2008 y el programa sale al aire el siguiente año. “Eso duró un poco de tiempo sin que pasara nada porque en 2009 muy poca gente veía Señal Colombia”.

El contrato por prestación de servicios que obtuvo Rivas para presentar ‘Los Puros Criollos’ solo duró mientras se realizaron las grabaciones de la primera temporada. Al acabar el proyecto tuvo que volver a hacer de todo un poco para llenar la billetera: dictaba clases de dibujo, hacía locuciones, uno que otro freelance, ponía música en bares; pero los gastos eran más altos que los ingresos y pasó días grises.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

Lo echaron del apartamento en el que vivía por deber varios meses de arriendo y se fue a vivir al de una amiga que le tendió la mano, en el que duró más de tres años. Su papá, Alejandro Rivas, un ingeniero electrónico que se dedicó a vivir del oficio de crucigramista para diferentes medios impresos, también le ayudó en la época de ‘vacas flacas’ y lo puso a trabajar en la empresa familiar. Por un sueldo fijo, tan esquivo por esos días, tenía la obligación de hacer un determinado número de crucigramas que hacían parte de los contratos de su padre. Conocía bien la tarea porque en su casa, desde 1996, es la principal fuente de ingresos. Su mamá también es crucigramista.

“Ni la gente rica es el motor del progreso ni son los culpables de la desgracia del país. Y uno lo viene a entender mucho tiempo después”.

Hacer crucigramas es una tradición familiar de los Rivas. “Mi papá y sus hermanos empezaron a armar los crucigramas por culpa de mi abuela, quien no se los dejaba hacer, entonces ellos lo copiaban en hojas, lo replicaban y lo resolvían. Ahí aprendieron el mecanismo. Resolviendo crucigramas se aprende a hacerlos”, cuenta el presentador.

En 2011, dos años después de la primera temporada de ‘Los Puros Criollos’, anuncian que se hará una segunda, la cual se graba en ese año y se emite en 2012. Fue más vista que la anterior, Santiago dice que el pequeño creciente éxito del programa se produjo por dos razones, una, utilizaron sus cuentas de Twitter para hacer promoción. En ese momento él tenía unos dos mil seguidores (hoy tiene 71.400) y dos, porque como estrategia ‘Los Puros Criollos’ lo pegaron a ‘Don Chinche’, el programa de memoria audiovisual que ponían antes del prime time y eso les produjo un buen arrastre.

A partir de la segunda temporada, Santiago Rivas, un presentador que se sale del estereotipo: gordo, barbón y medio calvo, que en medio de la presentación tipo crónica audiovisual de productos de la historia popular lanzaba pullas políticas y críticas sociales (y lo sigue haciendo) empezó a ser famoso y querido por la opinión pública, por su estilo original para conducir el programa.

El escritor

Sus ideas antipatriotas las plasmó en un libro que lleva como título ‘Acaba Colombia’, que vio la luz en 2018. Un libro crítico que nació de recordar la historia de un amigo cercano que en su primer empleo salió a trabajar a una zona rural donde fue amenazado por paramilitares. “Me pareció que la pregunta de cómo acabar con Colombia de una manera no violenta necesitaba una respuesta más elaborada”.

En el libro, del que dice es un “elogio de la crítica destructiva”, expone que Colombia tiene que acabarse porque es un país inviable política y socialmente. Entre las razones por las que propone un final para su país está que Colombia es un país de mentiras, un país de papel que tiene una bella Constitución Política que no funciona y que el ejemplo es darle una mirada a los municipios apartados de las capitales en los que las leyes no existen o están en manos de los paramilitares o guerrilleros.

“En un país como este es muy difícil vivir”, Santiago Rivas.

Otra de las razones es que es un país sin verdad, donde los medios de comunicación pertenecen a los grupos económicos o políticos más grandes que de una u otra forma censuran a los periodistas que trabajan en ellos. Otra más es que lo colombianos son, según él, serviles y lambones porque viven entre miedos, miedos a los hilos de poder que otros manejan.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

La censura

Publicó el libro a mediados de 2018 y meses después ocurrió un hecho mediático el cual le ratificó que no se equivocaba en querer el fin de Colombia. Fue el protagonista de un caso de censura, de mentiras y que involucró también un mal manejo del poder, varias de las razones por las que quiere acabar con el país.

El 6 de diciembre Rivas participó en un video de ‘La Pulla’, el formato multimedia de opinión de El Espectador, en el que se criticaba el proyecto de ley de convergencia, propuesto por el Gobierno del presidente Duque, que busca cambiar las reglas de los medios de comunicación públicos, proyecto que a los ojos de los críticos, entre ellos Rivas y muchísimos más, tiene grandes problemas que le harían un enorme daño a las producciones que se emiten en los medios públicos.

En horas de la la noche de ese mismo día, quien era el gerente de Radio Televisión Nacional de Colombia (Rtvc), la entidad de los medios de comunicación pública de Colombia, Juan Pablo Bieri, tomó la decisión de no emitir más los capítulos de ‘Los Puros Criollos’, lo que fue catalogado por algunos como censura, por la participación de Rivas en el video de ‘La Pulla’.

Aunque Bieri se defendió argumentando su decisión, un mes después se conoció un audio en el que el entonces gerente de Rtvc daba órdenes para “matar la producción” y criticaba la ‘patada a la lonchera’ que Santiago Rivas daba. A ojos de quien escribe este texto y de muchas personas más, fue un evidente caso de censura. Bieri renunció días después.

A Santiago Rivas le incomoda hablar del tema. Se molesta un poco, pero amablemente responde. Empieza diciendo que fue un episodio que lo dejó agotado, decepcionado y sobre todo, triste.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

“Cuando eso pasó en diciembre, yo no necesité audios para saber que esto estaba pasando (censura). Para mí era perfectamente evidente. Pero es muy raro y muy poco común tener una evidencia fehaciente de una acto de censura.

Oír las grabaciones y oír lo que se dice me hace sentir tremendamente decepcionado del país, no necesariamente sorprendido pero decepcionado sí”.

La pelea de Santiago nunca fue contra Bieri – así lo dice – él estaba y está  peleando contra un proyecto de ley que cree le hará un gran daño a la información pública. “No es la pelea que yo estaba planeando llevar. Yo estaba enfocado y sigo enfocado en los asuntos del proyecto de ley”.

Participó en el video de ‘La Pulla’ por convicción. Nunca pasó por su mente que eso traería las consecuencias que le siguieron. “Es una locura pensar que se tenía que contemplar que estos se van a enfurecer y me van a echar”.

La salida de Bieri no fue un triunfo para Santiago; sobre eso dice que fue sentar un precedente importante, pero que es algo que no tuvo que haberle pasado a nadie, porque nadie “necesita que le den un contrato en una entidad del Estado para saber que no puede censurar”.

“Oír las grabaciones y oír lo que se dice me hace sentir tremendamente decepcionado del país”

“El asunto está en el desconocimiento no solamente del mecanismo de lo público sino de su sentido. Alguien que no cree que la existencia de lo público tenga un propósito es alguien que va a usar lo público a su antojo y lo público no existe para antojo de nadie”.

¿Seguirá con Los Puros Criollos?

Por ahora no se sabe nada. La última temporada, la quinta, ya se había grabado y entregado. “Un contrato de temporada de Los Puros Criollos llega cada dos años; o sea que en dos años nos enteraremos si deciden si o no”, que Santiago siga en el equipo.

Pero… ¿le gustaría seguir?

“Yo no sé si alguien del equipo acceda a hacerlo sin mí, así como muy posiblemente yo no acceda a hacerlo sin alguien del equipo. Pues yo no sé, nunca nos habíamos planteado esta situación”.

Aunque Santiago Rivas tiene una mirada crítica del país, poco esperanzadora, así como de los hábitos y del actuar de algunos ciudadanos con los que comparte el territorio, y aunque quiere acabar con Colombia, hay varias cosas que lo llenan de buena vibra, por ejemplo la música, un buen libro, ver ganar a Santa Fe, su equipó del alma, del que se hizo hincha tal vez antes de nacer, porque todos los Rivas son hinchas del equipo rojo de la capital.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

El amor y el orgullo por su familia se le nota cuando habla de ellos, así como se le nota el amor que le tiene su novia, Viviana Londoño, una periodista con quien convive hace año y medio, y con quien todo ha sido “fantástico”.

A ‘Vivi’, como le dice, la conoció cayéndole a una de las mejores amigas de ella, pero que las cosas no se dieron, porque antes del comienzo ya sabían que eso no iba a funcionar. Con la periodista estuvieron buscándose por teléfono y ‘desencontrándose’ varias veces por asuntos laborales, hasta que lograron una cita en común y cupido, aunque él no cree en cupido, los flechó.

“Con ‘Vivi’ todo es una ‘chimba’. Desde el comienzo fue muy fácil la relación. Al encontrarme con ella todo fluyó y eso es lo que hace una gran relación. En occidente se tiene una concepción del amor imposible que es muy estúpida. En la facilidad en que pasen las vainas, en la fluidez está la verdad y con ‘Vivi’ ha sido así desde el comienzo. Y la vida juntos  ha sido un reflejo de eso”.

¿En qué anda?

“Entregando freelances viejos”, dice y sonríe. Cuenta que aunque lo han llamado varios amigos para proponerle proyectos, no hay nada en concreto y que está esperando a ver qué viene en estos días.

Pero sin importar qué pase, mientras consigue trabajo o mientras llega el final pacífico de Colombia, en medio de un malabarismo un poco loco, seguirá haciendo lo que lo pone buena onda: escuchar rock, ir los domingos al estadio a ver jugar a su santafecito, cuidar de sus dos gatas, estar enamorado de ‘Vivi’ y por encima de lo que pase seguir con los ojos puestos en el proyecto de ley Mintic que, según él y varios expertos, es un atentado a los medios de comunicación que son del pueblo.

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