Lo que nos faltaba. En un nuevo concierto para delinquir orquestado bajo la influencia directa de Satanás, andan proponiendo no sólo la legalización del consumo de la droga, sino su cultivo, fabricación y exportación.
Eso que despectivamente llaman ‘bareta’ o ‘perica’, si fueran legales, serían inmoralidades que sí atentarían contra los fundamentos de la sociedad y, lo más grave, serían los perjuicios económicos que ello causaría. Acabarían de un tajo con una tradicional parte de nuestra economía que implica todas las áreas del precioso capitalismo.
Sería un golpe mortal contra los emprendedores empresarios que han instalado con lujo de tecnología, en condiciones adversas, una gran capacidad industrial, con millonarias inversiones nacionales y extranjeras en centenares de laboratorios donde se procesa la coca.
¿Quién le va a pagar a estos digamos… industriales… el final del negocio? Si se legalizara esa vaina, el kilito de cocaína bajaría a precios insospechados, destruyendo la cadena del negocio y dejando en la calle al empresariado que han dado en mal llamar narcos o traquetos, cuando solo han sido, en las últimas décadas, ingentes comerciantes que han aportado cifras inconmensurables al crecimiento económico de nuestra patria. Además, uno se pregunta: ¿O es que todo el mundo no tiene cambalaches con ellos?
¿De qué vivirían tantos policías, militares y agentes del Estado en general que tiene bajos salarios, si no pudieran rebuscar otros ingresos con el impuesto privado y directo al distribuidor y al consumidor?
La otra etapa del negocio que se vería horriblemente afectada sería la de la distribución y exportación del alcaloide, en la cual se ha invertido mucha plata. ¿Quién va a pagar el lucro cesante de tantos aviones, lanchas y submarinos metidos en este delicado comercio? Y el horror económico no sólo se daría en Colombia, sino en México y los propios Estados Unidos. ¡No al TLC si al THC!
Desde el punto de vista del empleo, sería catastrófico, ¿Cuántos miles de trabajadores directos de la industria y el comercio del bendito alcaloide perderían su salario? ¿Y cuántas miles de familias quedarían en el desamparo?
Loor y gloria a castas magníficas como las de los Ochoa, Escobar y Rodríguez Orejuela, visionarios que pusieron al país en la modernidad y que no sólo sostuvieron y desarrollaron nuestra economía, sino que generaron una nueva moral, una nueva “doctrina” que permitió, entre otras grandes cosas, la creación de autodefensas, convivires, estatutos de seguridad y seguridades democráticas, que son la vanguardia ilustrada de nuestra filosofía y bases éticas del Gran Negocio.
¿Cómo se hubiera podido arrebatarle las tierras al ignaro campesinado que las sub utilizaba y generar así maravillas económicas como el banano, el ganado y la palma africana, si no se diera, como se dio, la magna gesta del mal llamado narcotráfico, que además permitió la gran lucha anti subversiva? Me dirán ustedes que estoy mamando gallo, pero si algo generó seguridad en todos los sentidos, desde la alimentaria hasta la de las grandes celadurías, como lo son hoy los paramilitares, fue eso que llamaron ‘el narco’.
Tan bueno ha sido el narcotráfico que le ha dado de comer hasta a las Farc. Y hay que decir las vainas como son. Si las FARC no se hubieran dedicado también al negocio, hasta nos habrían ganado la guerra. Se dieron cuenta de la importancia ecuménica y eucarística de los Rolex, de las 4x4 y gracias al infatigable trabajo de la droga ilegal, logramos permearlos para que se nutran ¡oh paradoja! esos comunistas del mayor negocio del capitalismo ¿Qué es plata sucia? ¡Y a quién le importa!
Legalizada la coca sería tan poco productivo el negocio como sembrar maíz y hacer arepas. Y además, se terminaría la guerra de las bandas, las Farc y demás, lo cual sería negativísimo para la industria misma que convive con su hermano, el tráfico de armas. Y ¿quién le daría empleo a los centenares de miles de policías y militares metidos en la guerra o en el negocio mismo? Sin hablar de los pundonorosos hombres de las mal llamadas Bacrim (Batallones Apostólicos Camuflados Rubicundos Impertérritos y Metastásicos), que cuidan éste, el negocio del siglo.
En cuanto a los labriegos y cultivadores, pues nada cambiaría. Seguirían recibiendo los mismos pesitos por hacer su trabajo. Para esos son peones a quienes solo les interesa la cerveza y la ignominiosa promiscuidad.
De tal modo que toda la economía colombiana se resentiría. La droga legalizada, esa sí es dañina, barata y no es negocio. La droga ilegal es ética, da plata, y hasta los gringos nos dan millones de dólares para mantener la sana guerra que es el telón de fondo del negocio.
Eso de empezar a ventilar la cochinada, el cuesco de la legalización de la droguita bendita, (que el Arcángel Sanmiguel me la proteja) son vainas de santistas ricos y de izquierdistas que nos les gusta la plata. Propongo ilegalizar el tabaco, el café, el chontaduro, la pepitoria, la mazamorra y hasta el salchichón y la gaseosa para que el país de una vez progrese. No sean brutos: ¡entre más ilegal todo, más negocio!
De otro lado grito a voz en cuello ¡fuera el Beatle ese mugriento del Macarne de Colombia!
Es intolerable que en la casta capital, civilizada y piadosa, nos estén invadiendo con bochornosos espectáculos paganos y promiscuos detrás de los cuales se esconde el pecado de la carne, y los demás pecados, verbigracia, capitales. Me refiero, claro está, a la presencia en Santa Fe del ex Beatle ese del Paul Macarne en la cancha del Campín, con sus canciones decadentes y su apología del crimen.
¿Es que acaso se les olvida que ese hippie marxista y guerrillero junto con los otros tres desharrapados y malolientes mechudos, fue quien destruyó la apacible civilización judeo-cristiana?
Hasta cuando en 1962 surgieron esos animales protervos y detestables en Liverpool, el mundo era recogido, pio, temeroso de Dios y virginal. Pero fueron ellos y con este Paul a la cabeza quienes se inventaron el amor libre y las horripilantes consignas de paz y amor. Y convirtieron el sexo en un jolgorio de bestias amancebadas, en lugar de respetar el gustico, como dice mi amo Uribe, solo para la necesaria reproducción.
Este tipejo junto con el otro, el Rasputín inglés ese del John Lennon, se inventó que el sexo debe ser placentero, que la juventud debe ser libre y demás barbaridades.
Y lo peor ¡carajo! Crearon esos melenudos decadentes la cosa más nauseabunda del siglo XX. El rock and rollo, música de aquelarres, de círculos infernales y de marxistas. Nos quitaron las mieles del bambuco y la guabina y nos reemplazaron la bandola eterna por la chillona guitarra eléctrica.
Esos bufeos le metieron al mundo su mariguana y sus ácidos y acabaron con la fe y la dignidad.
Claro: tenía que ser el alcalde gamín del Petro quien lo trajera junto con el luciferino empresario de la decadencia, el tal Fernán Martínez. Y lo peor, el 19 de abril, seguramente para celebrar la fecha infausta del M-19. A ese paso el Petro nos va a traer el Coro del Ejército Soviético o sus chirimías caucanas guerrilleras
¡Saquemos al satánico sacerdote Macarne a patadas de Bogotá!
