El puesto de comidas más popular de la Central Mayorista

Foto: Susana Lancheros

El puesto de comidas más popular de la Central Mayorista

6 de julio del 2017

“El que quiera sopa me va pidiendo que está muy buena”, “¿Le remojo el arrocito con un poquito de caldo o tintica de fríjol?”, “Papi tengo arroz ‘pegao’, si quiere”, “Le echo los chicharroncitos aquí pa’ que se le remojen?”.

A todos los trata bien, les da cariño, les adivina el gusto y el aguante, les encima y al que no tiene plata, le regala la comida. Cuando pasa alguien mirando indeciso, ella le dice “venga mi amor, que yo le digo qué quiere”.

La Churris es la definición perfecta de lo que en Antioquia se conoce como ‘una queridura’. Casi que con un puchero atiende amorosamente a cada uno de sus clientes, que se aglomeran alrededor de su puesto de comidas tal como lo hacen las palomas a las que, de tanto en tanto, les regala un plato de arroz.

Posta sudada; lengua; carne molida, desmechada, de sancocho, asada de cerdo y de res, pechuga; sobrebarriga; picada de asadura de res, de oreja; tortas de róbalo; albóndigas, es lo que ofrece en su negocio, y los precios van desde 2.000 hasta 7.000 pesos, de ahí en adelante las adiciones van sumando, sin embargo, sirve tantas pequeñas porciones de todo, que es difícil saber qué es lo que cobra y qué es lo que regala, pues al final resulta increíblemente barato.

Ensueño Arias, mejor conocida como La Churris, se levanta diariamente a las 4:30 de la mañana para preparar deliciosamente todos estos platillos que sirve al medio día, en la Central Mayorista, en más de 300 almuerzos.

La Churris

Taxistas, camioneros, coteros, comerciantes y demás, asisten diariamente a su encuentro a las 12:30 que llega a la plaza. “Papi, muñeco, mi amor, mi bebé, la princesa, mi negra, mijito, mi vida”, así los llama ella mientras les sirve la comida, y ellos dicen y aparentan sentirse en su casa.

Javier Solís es taxista y hace 14 años almuerza allí, va tres veces por semana y además de la atención, le encanta la sazón y la abundancia con que le sirven. “¿Entonces cómo no va a venir uno si lo atienden como en la casa?”.

No hay protocolos ni menú del día, cada quien pide un poco de lo que se antoje, haciendo cualquier combinación o comiendo mucho de una sola cosa.

“¿Donde La Churris? Vengo todos los días y me gusta todo, pero prefiero la oreja y la carne molida, entonces casi siempre pido oreja con molida. Esta gente es muy amplia, aquí sí queda uno lleno”, dice Alexander Holguín, cotero de la plaza.

Foto: Susana Lancheros

Foto: Susana Lancheros

Pero no solo acuden trabajadores de la Mayorista, muchos vienen después de haber visto la sugerencia de este lugar que hizo Tulio Recomienda; el crítico gastronómico, que hace famosos a negocios de barrio en Medellín y Bogotá por medio de su canal de Youtube y redes sociales.

Carlos Orozco y Sandra Giraldo conocieron así a La Churris y en su visita comieron posta con fríjoles, lengua, oreja, tajadas de plátano, chicharrón y, por supuesto, la sopa que La Churris le regala a todo el que quiera. Se fueron, no solo satisfechos, sino con una encima que les hizo: “un plato de chicharrones pa’ que quebranten la dieta”.

Ensueño, comenzó vendiendo tinto, café con leche, cigarrillos y tortas de pescado en la Mayorista. “Ya después, yo dije: ehh…con el precio que les vale una torta de pescado, una empanada o un buñuelo, les voy a inventar frijolitos con huevito y les va a alimentar más, y así empecé”. Pasó de un kilo de arroz y uno de fríjoles a 2o kilos de arroz y siete de fríjoles, y ya lleva más de 30 años en la plaza.

Su esposo Carlos Alberto Orozco, la acompaña hace 18 años diariamente en el negocio y es igual de amable y trabajador que ella. Él se encarga de hacer los jugos y las ensaladas; mientras su hijo, que es chef, es el principal asistente de cocina de doña Churris.

Le pusieron así porque, anteriormente cuando vendía otro tipo de comida, llamaba a sus clientes diciéndoles “oigan mis churrisitos, vengan coman mis amores que ya está muy tarde, vengan mis churritos”. Y con su sobrenombre ya incorporado decidió que, si algún día tenía un negocio, le llamaría La Churris.

Hoy en su puesto de comidas, Sazón La Churris, cuelgan enmarcados varios artículos periodísticos que exaltan su sazón y su ‘don de gentes’, pues más que un negocio, pareciera un lugar de caridad por la generosidad de doña Churris, que no deja ir a nadie sin tomarse siquiera una sopa de cuenta de ella.

Foto: Susana Lancheros.

Foto: Susana Lancheros.

La experiencia de comer ahí es parecida a ir a la casa de la tía más querida que uno tenga y comerse las cantidades solo servidas por la abuelita. Comer ahí y ser atendido por ella y su marido, deja esa sensación de culpa que se tiene cuando alguien es demasiado bueno y uno no sabe cómo agradecerle.