Se destapa el estilista Humberto Quevedo: “No me hizo falta la ley para adoptar a mi hijo”

Humberto Quevedo

Se destapa el estilista Humberto Quevedo: “No me hizo falta la ley para adoptar a mi hijo”

12 de agosto del 2012

Llegué a la peluquería de Humberto Quevedo habiendo cuadrado una entrevista con su hijo Nicolás. Apenas nos sentamos y le planteé mi intención, sin pensarlo ni un segundo, me dijo que no le interesaba el tema y en su lugar me presentó a su papá. En medio de los intentos de la comunidad LGBT por adquirir los mismos derechos que tienen los heterosexuales, me pareció interesante conversar con Nicolás para que me contara cómo fue haber sido criado por un hombre gay.

Hoy en día, Humberto y Nicolás Quevedo ya no ven la necesidad de seguir tocando el tema, ni de ver leyes o de crearlas. Para Humberto, Colombia es un país con una sociedad muy flexible en su forma de ver las cosas, aunque parezca lo contrario. No necesitaron ni necesitan ahora una ley que los respete. Sí se puede tener un hijo y se puede crear un ser sin la creación de leyes. Ninguna ley le aseguró poder heredarle sus bienes a su hijo o le reforzó el ego de padre para poder decir: Tengo un hijo.

En 1967, Humberto escapó al yugo que fue ser tildado, perseguido y casi apedreado en una plaza de Palmira y se fue a vivir a Europa, en donde se desarrolló como un ser libre, y después de viajar durante casi un mes en un barco de inmigrantes llegó a la España de Franco, a Barcelona, donde se dio cuenta de que allí estaban aún peor que en Colombia. Se fue entonces para Grecia, donde acababa de caer la monarquía y ser gay no era mal visto. Era la época del hipismo, donde todo era paz y amor. Humberto aprendió a aceptarse, entendió que no necesitaba la aprobación de nadie y supo que podía hacer lo que quisiera hacer. En 1973 volvió a Colombia a vivir en Cali. Ya había cambiado su mentalidad y se había sacudido al provinciano, lo que a la sociedad caleña le cayó muy bien y lo aceptaron como uno más.

Nicolás llegó a su vida de casualidad, en un momento en que Humberto se había propuesto demostrarle a Colombia que sí se podía vivir siendo quien él era, y que él mismo se aceptaba completamente a sí mismo.

Humberto Quevedo

“Mi casa era un burdel”, dice Humberto Quevedo. Nicolás creció en medio de tríos y orgías entre homosexuales, bisexuales y heterosexuales, el ambiente propio de una comuna hippie.  En su casa siempre vivieron todos los amantes y examantes de su padre. Y a pesar de haber sido criado en medio de tanto libertinaje, Nicolás ha resultado ser un hombre muy conservador y al mismo tiempo de una mente muy abierta. Llegó a la casa de Humberto cuando su mamá estaba embarazada, su papá biológico era un hombre de Palmira, muy buen amigo de Humberto. El niño siempre supo quiénes eran sus papás biológicos y cuando se decidió que sería Humberto quien lo criaría, lo tomó con total naturalidad.

Bienestar Familiar estuvo empeñado, durante muchos años, en quitarle al niño diciéndole que la sociedad jamás iba a aprobar que él lo criara con una pareja del mismo género. Le dieron la tutela de Nicolás a sus padres y luego a los padres de su pareja, y lo pusieron a recoger firmas de la gente para demostrar que sí lo aceptaban. Cuando la última amenaza fue que la Iglesia jamás aprobaría la adopción, Humberto, quien ya se había convertido en una celebridad y contaba con el apoyo de mucha gente, alguna muy poderosa, amenazó con seguir haciendo ruido con sus teorías sobre la iglesia católica. Mientras Bienestar Familiar creía que Nicolás crecía criado por sus abuelos, quienes criaron al niño fueron Humberto y su pareja, hasta que un día la mamá de Humberto les dijo que ya no estaba dispuesta a seguir mintiendo y pretendiendo que Nicolás vivía con ella, y decidió ir a Bienestar Familiar a decirles la verdad y demostrarles que el niño estaba creciendo sano en un ambiente al que ellos no consideraban el adecuado.

Con el gobierno del presidente Gaviria, y Ana Milena Muñoz como directora de Bienestar Familiar, ella ofreció ayudarlos pero para ese entonces Nicolás ya era mayor de edad y lo único que el joven quiso fue ponerse el apellido de su papá, pero jamás fue adoptado. Para Humberto fue muy importante que Nicolás decidiera por sí mismo, en lugar de imponerle un apellido antes de que el joven estuviera en capacidad de decidir si quería llevarlo o no. Era muy importante que quien decidiera fuera Nicolás, y así fue que se dieron las cosas.

“Nada fue al azar. La vida fue mandándolo todo de una forma muy organizada y después de casi 40 años que tiene Nicolás, no me arrepiento de ninguno de los pasos que dimos. Han sido muy productivos para Nicolás, para mí y la colonia gay del mundo. Cuando uno esta convencido de lo que quiere no necesita aprobación ni leyes de dioses ni de religiones ni de nadie que tenga que interferir en tu decisión. Para dar amor no es necesaria la aprobación de nadie. Se puede tener, crear, ayudar y darte el gusto, complacer tu ego de ser padre sin tener que estar amparado por ninguna ley”.

Humberto Quevedo

Para Humberto Quevedo no existe el hecho de que una pareja del mismo género críe a un niño y le pasen sus tendencias sexuales. Cuando en el pasado lo acusaban de eso mismo, Humberto contestaba que el niño y el tiempo mostrarían en qué tipo de hombre se convertiría. Nicolás Quevedo se educó en Europa, habla cuatro idiomas, es uno de los fotógrafos más importantes de la industria de la moda, es el fundador y director de la revista TRENDY y tiene una niña chiquita que vive en España.  La sociedad, ni la iglesia, ni las leyes determinaron el tipo de hombre en que se convertiría Nicolás, y es gracias a su crianza que es un hombre muy seguro de sí mismo y tan exitoso como es.

Humberto Quevedo asegura que no se necesitan leyes para hacer lo que uno quiera hacer, y en lugar de ello da los instrumentos para poder salir adelante sin el apoyo de la ley. No cree ya en el concepto de familia, dice que las familias ya no existen. Las sociedades se están volviendo más individualistas y las familias han dejado de ser importantes como lo eran. Dice que los hijos son prestados, y que hay que olvidarse de ese sentido de pertenencia.

“Llegamos a un momento de felicidad en que el ser humano puede hacer lo que quiera. Cuando uno es un individuo y sabe lo que quiere, no necesita que la ley lo ampare para poder realizarse como persona, pues la inquisición ya se acabó”, dice Humberto. Es necesario sacudirse la religión y la familia. No me arrepiento de nada, si volviera a nacer lo volvería a hacer todo igual. Me considero un ser totalmente realizado y estoy muy orgulloso de lo que hice con Nicolás”.