La mejor sexóloga del mundo es una abuela de 100 años

La mejor sexóloga del mundo es una abuela de 100 años

10 de octubre del 2014

Shirley Zussman es discípula del matrimonio entre William Masters y Virginia Johnson, pioneros del estudio de la sexualidad humana. Tiene más de 50 años de experiencia y ha sido testigo de las revoluciones sexuales.

Vivió el auge de los encuentros casuales de los años sesenta, la legalización de la píldora anticonceptiva, la epidemia de sida y la popularización de la pornografía gracias al internet. Ahora critica cómo la tecnología y el exceso de trabajo han dañado las relaciones humanas. Además, del afán por ser bueno en la cama.

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Zussman comenzó su carrera como psicoterapeuta pero después de una conferencia inspiradora de los esposos Masters y Johnson se hizo experta en terapias sexuales. Trabajó junto a su fallecido esposo, un famoso ginecólogo de apellido Leon, quien practicó los primero abortos legales en Nueva York.

La mujer que nació en 1914, año en que inició la primera Guerra Mundial, continúa dando consejos a quienes tienen problemas en la intimidad. Shirley atiende a la semana doce consultas en la ciudad de Nueva York  y sus pacientes son de todas las edades, incluso jóvenes de 20 años. Asesora a hombres que no logran eyacular, mujeres que han perdido el deseo sexual y parejas con problemas psicológicos. Ella es una veterana experta en sexo.

Sexologa Shirley Zussman

Estas son las mejores lecciones que Shirley ha dado sobre la sexualidad:

Ser un buen amante es ser un buen compañero

No es todo placer y glamur. Según Shirley para que el sexo funcione, se tiene que tener complicidad entre la pareja. Pero lo más importante es aprender a ser un buen compañero. De aquí radica la importancia de la comunicación, la especialista no solo se refiere a las conversaciones sino también a las caricias y  besos.

En un video publicado por la revista Time, Shirley hace énfasis en que todos debemos estar cerca de alguien.

El trabajo en exceso está arruinando nuestra vida sexual

La experta asegura que los tiempos han cambiado de manera radical. En la actualidad la gente está ocupada todo el tiempo. “Existe un límite en la cantidad de energía, deseo y tiempo que puedes darle a una persona cuando estás presionado para ganar más dinero, convertirte en CEO y comprar una casa de verano. La gente quiere más y más, pero el deseo requiere energía”.

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Dice que las consultas de sus pacientes también han cambiado. Hace unos años las mujeres acudían con frecuencia a cuestionar cómo lograban llegar al orgasmo. Pero ahora los problemas sexuales son otros, todavía más preocupantes: la falta de deseo e interés.

“Tuve una paciente que me dijo: ‘Quiero a mi marido y me encanta hacer el amor con él, pero cuando llego a casa de trabajar y he estado rodeada de gente todo el día, lo único que quiero es dormir’”.

Hombre trabajando noche

Es muy común en esta sociedad que las personas se agoten. La gente lleva una vida muy exigente ahora. Pero las parejas necesitan de alguna manera estar juntos. No siempre tiene que ser en el aspecto físico del sexo. Hay alternativas como un paseo juntos por el parque o tomar un baño. Consiste en tener interés en el otro y dedicarle tiempo.

La tecnología ha dañado las relaciones humanas

Aunque la sexóloga tiene Iphone y hace citas por allí con sus amigos, dice que la tecnología nos ha perjudicado. Le preocupa ver la falta de conexión entre personas por culpa de los teléfonos. Hay mucho menos contacto físico. Las personas ya casi no se tocan ni conversan. Tampoco se abrazan y miran como antes.

“Tenemos que tocarnos para sentirnos queridos y amados. Esta generación carece de eso. No entiendo por qué no lo hacen”.

La preocupación del éxito en el sexo

Las parejas de hoy en día suelen tener el mismo problema. Existe una necesidad de éxito en las relaciones sexuales, de la forma en que se entiende el éxito en el trabajo o los estudios. El sexo se ha convertido en una competición. Tienes que ser bueno en la cama. Esta necesidad provoca tensión y ansiedad, y no nos deja sentir. La gente ve el sexo como un coito no como una amplia gama de experiencias. La gente orienta el sexo al cumplimiento de un objetivo.