Un café con sobrevivientes de ataques con ácido

Foto: Facebook/ Sheroes Hangout

Un café con sobrevivientes de ataques con ácido

5 de Marzo del 2017

A pocas cuadras del Taj Mahal hay un café que está rompiendo estereotipos en la India. Día a día es visitado por ciudadanos y turistas que, más que tomar el café o beber algo, quieren conocer a las valientes mujeres que dirigen el lugar. Así, poco a poco, este lugar está enriqueciendo más a la antigua ciudad de Agra y dándole un ejemplo de valor y fuerza al mundo.

Reshma llevaba 15 años de matrimonio, tenía cinco hijas y esperaba a su sexto hijo, cuando su marido, en medio de un acto brutal, cambio totalmente el rumbo de su vida.

La Oficina Nacional de Registro de Delitos habla de hasta mil casos al año.

Él y su familia querían un hijo varón y ella se negó a realizarse un examen para conocer su sexo.

Ese 24 de julio de 2013 volvieron a discutir y él la golpeó, como usualmente hacía, así que, en medio del dolor físico ya usual, no pensó que fuera a pasar nada más cuando su esposo se fue. El hombre no tardó mucho en regresar a su casa y sin darle una señal que la preparara para todo el horror que iba a experimentar, le lanzó ácido en su cara y su cuerpo.

Reshma se convirtió en una más de las miles de mujeres que han sufrido ataques con ácido en India. Uno de los países con más alto índice de esta forma de violencia en el mundo, y donde el 72% de las víctimas son mujeres. Cualquier razón parece ser suficiente para que se realicen estos infames actos: disputas familiares, celos, crímenes sexuales, un rechazo a la intención amorosa de alguien e identidad equivocada, entre otras.

Conseguir ácido no es difícil en India, se pueden comprar desde 50 centavos. Los usan para las cocinas y baños. La facilidad de acceso lo hace ser más sencillo de usar como arma. Las cifras no son consolidadas, es difícil hacerlo cuando muchas familias y mujeres callan debido a la vergüenza. Algunas indican que se han presentado 802 casos de 2011 a 2015; otras hablan de 500 casos solo en el año 2015; otras, como la Oficina Nacional de Registro de Delitos, presentan un panorama más desalentador, hasta mil casos al año.

Reshma es una de esas víctimas de ataques con ácido; sin embargo, esta experiencia no acabó con su vida de ninguna manera. Por un tiempo, mientras permanecía en el hospital, sí perdió la esperanza. Sin embargo, recibió una visita inesperada que le devolvió el sentido de la vida.

Así fue como Reshma conoció la fundación Stop Acid Atacks y se vinculó al proyecto Sheroes (she+heroes). Un proyecto, un lugar, un hogar que les devuelve la vida a las mujeres víctimas de ataques con ácido.

Un café atendido por mujeres sobrevivientes de ataques con ácido

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Foto: Facebook/Sheroes Hangout

“Me encanta recibir a los clientes con alegría para que sepan que estamos bien”, dice Neetu Mahor, una de las trabajadoras del café, quien quedó casi ciega luego del ataque. Ahora toma clases de canto y trabaja en Sheroes Hangout.

Todo el café está lleno de color. Hay diferentes ilustraciones en diferentes paredes y, en otras, fotos de mujeres. Las mesas son de madera oscura y vidrio. Se pueden encontrar plantas y dibujos de hojas y flores por todo el lugar.

Como en cualquier café, sirven Chai y comida, bebidas de diferentes tipos y hay wi-fi gratuito. También tienen una librería y venden artesanías hechas por las mujeres que trabajan en el lugar. Además, hay un lugar para presentaciones y realizar talleres.

El café no tiene precios establecidos. Su política de cobro es que el cliente decide cuánto dinero paga por el servicio. Las ganancias de este lugar son encaminadas para el tratamiento de las víctimas, quienes también tienen la oportunidad al trabajar allí.

Alrededor de 80 clientes tiene el local en un día normal. Los visitantes vienen de todas partes del mundo, después de haber escuchado de ellas en algún lugar, y al llegar, quieren conocer la vida de las mujeres, sus historias.

“Estaba eufórica la primera vez que un grupo de turistas indios visitó el café y me dijeron lo mucho que me apreciaban”, cuenta Rupa, otra de las trabajadoras.

Foto: Facebook/Sheroes Hangout

Foto: Facebook/Sheroes Hangout

Todos los roles que cumplen las mujeres las ayudan a recuperar la confianza en sí mismas y su apariencia, una de las principales metas del proyecto. Ninguno de los trabajos les da la oportunidad de esconderse, sino que les ayuda a interactuar con el público. Después de todo lo que han pasado, los resultados se notan, las mujeres se muestran cómodas entre sus clientes, se toman fotos con ellos y charlan con naturalidad. Han dejado de esconderse en su casa para evitar mostrar su rostro.

Una segunda oportunidad

Neetu Mahor, Ritu Saini y Rupa trabajan en el café luego de haber vivido aisladas en sus casas durante años, producto del dolor físico y espiritual que les dejó el ataque, como les suele pasar a las sobrevivientes de estos ataques.

“Aprendí a vivir con el dolor físico, pero lo que más me dolió fue el modo en que reaccionó la sociedad. Mis propios familiares dejaron de verme, y mis amigos también. No salí de mi casa en ocho años”, escribió Laxmi Saa, cofundadora de la campaña Stop Acid Attacks.

La sociedad india suele asumir que ellas mismas son las causantes de las agresiones. Sus oportunidades de trabajo son casi inexistentes, puesto que no quieren contratar a víctimas de ataques con ácido por su aspecto. “La gente se asustará cuando te vea” solían decirle a una mujer sobreviviente.

“Las vidas de las víctimas de ataques con ácido se vuelven mucho más traumáticas cuando enfrentan el rechazo de la sociedad por sus rostros desfigurados. Necesitan a alguien que las tome de la mano y les devuelva su autoconfianza”, afirmó en una entrevista a los medios  Alok Dixit, uno de los fundadores de SAA.

Neetu, Rupa y Ritu son tan solo tres de esas mujeres a las que este proyecto ha ayudado a reconstruir su vida.

Ahora Neetu, de 24 años, es aspirante a cheff después de que su padre le arrojara ácido a la cara y la dejara ciega. Trabaja junto a su madre, de 46 años. Rupa, tiene 24 años, casi muere por las lesiones del ataque de su madrastra cuando dormía y hoy diseña vestidos que se presentan en Sheroes Hangouts.

Por su parte, Ritu, de 20 años, solía ser jugadora de voleibol en el equipo estatal cuando a los 17 años le arrojaron ácido a la cara. Ahora lleva las cuentas del local y quiere volver a la escuela y a las canchas.

Dolly, la más joven del grupo, 16 años, también es parte del proyecto y ahora se ha recuperado, se niega a esconderse en su casa o detrás de un velo y tampoco le gusta considerarse como víctima.

Foto: Facebook/Sheroes Hangout

Foto: Facebook/Sheroes Hangout

“Tú quemaste mi rostro, pero no mis ganas de vivir. No puedes arrojar ácido sobre eso”, afirma.

Estas son solo algunas de las mujeres que han podido reconstruir su vida desde 2014, año en que se abrió el primer café en Agra. Debido a su gran éxito y buenos resultados, Stop Acid Atacks, ha inaugurado dos cafés más en dos ciudades diferentes: Lucknow (marzo de 2016) y Udaipur (septiembre de 2016).

Las 20 mujeres que han reconstruido su vida en Sheroes Hangout no sólo tienen la oportunidad de trabajar y de recibir apoyo para sus tratamientos, sino que pueden participar en talleres de tecnología, redes sociales y estudios de género y cultura. Además, desafían la concepción de belleza de su cultura, y con ello a sus agresores que buscaban arrebatarles su vida. Ellas luchan por evitar que se sigan presentando casos como los suyos.

Al final, como ellas afirman, “No pueden matar nuestra búsqueda por felicidad, por nuestros sueños. Ahora nos hemos convertido en luchadoras, no víctimas”.