“Si tengo una hija que se desnuda en Soho, la mato”

“Si tengo una hija que se desnuda en Soho, la mato”

16 de Octubre del 2013

Salud Hernández sabe lo difícil que es conseguir una buena entrevista, por eso brinda entrevistas sin poner oposición. Advierte que no quiere que le tomemos fotos a su apartamento, al que describe como pequeño. No es cierto, no es pequeño, y tiene una ventana enorme que mira hacia uno de esos parques mágicos de la zona más privilegiada de Bogotá. Le da pena hablar de temas personales y es muy poco lo que revela sobre su vida privada. Sabemos que tiene una hermana a la que llamaron Dolores, que siempre ha padecido diversos males que no la hacen tan saludable como Salud. Aún se pone un par de pantalones que compró en 1987 y como la incomoda un poco el encierro, ha llegado a subir hasta 22 pisos por las escaleras. Después de casi 16 años en Colombia, para ella no existen grandes diferencias entre un español y un colombiano. Dice que es muy ordenada, pero confiesa que cuando era niña en el colegio le preguntaban: ¿has traído la cabeza? Tiene una risa muy divertida, contagiosa. Pasa de las carcajadas a la ira y luego vuelve a calmarse.

–¿De dónde nace tu interés por Colombia?

–La gente de mi generación en España estuvo siempre muy interesada en Iberoamérica. La estrategia del gobierno era mirar hacia acá. Yo estaba apartada del periodismo pues llevaba años trabajando en asesoría de comunicaciones. Quería volver al periodismo activo pero por fuera. Nunca he pensado en nada que supusiera estar en una redacción. Yo soy de la calle. Mi empresa, gringa, tenía empresas en todas partes del mundo. Pedí Paquistán pero me dijeron que no, entonces pedí el país más convulso: Colombia.

–¿Has hecho enemigos en Colombia?

–Sí, muchos. Desgraciadamente eso es una cosa inevitable.

–¿Cómo podemos arreglar Colombia?

–No tiene arreglo. Mejorará porque todo mejora en la vida, de a poquitos, pero no tiene arreglo. Los grandes problemas del país no los quieren solucionar, y mientras no soluciones los problemas de raíz, los más graves, pues nada. Mejoran las ciudades que van creciendo.

–¿Como española, qué tanta atención le pones a las reglas de la RAE?

–A las reglas nuevas, a eso nada. Ahora resulta que whisky, ¿cómo se escribe? Yo no puedo escribir güisqui con g. Inmundo, es que no me sale. Hay palabras que son sonoras y visuales, o que te saben a algo, y el whisky con G no sabe a whisky, sabe inmundo.

–¿Le rindes pleitesía a la realeza española?

–¿Yo? ¿Pero de dónde? No, no, no, pero jamás. Pienso que el rey ha sido positivo para España, pero yo no soy monárquica en absoluto, a mí me parece anacrónica la monarquía.

–¿Cuál es el mayor insulto que has recibido en Colombia?

–Lambona. Lambona de los Santos. Me lo dijeron en Hora 20 y tuve que salirme del estudio porque casi lo mato al que me lo dijo. Luego me calmé y volví.

–¿Y por qué no eres lambona de los Santos?

–Yo es que no soy lambona de nadie, por fortuna. He tenido la suerte de no tener que serlo, y no me nace. Lambonearía si tuviera a 8 hijos colgándome de la falda sin nada que comer. Pero yo, ni por carácter ni por necesidad.

–¿Me equivoco al afirmar que eres la protegida de los Santos?

–Pero, totalmente. Primero porque los Santos no son y nunca han sido clan, como es evidente. La única persona con la que yo he tenido relación a fondo es con Pacho, porque soy íntima amiga de su mujer, no por otra cosa. Como soy íntima amiga de su mujer, soy muy amiga de Pacho Santos. Y por Pacho soy amiga de alguno de su familia. Pero los veo muy de vez en cuando. Yo no soy protegida de los Santos, ¡ojalá me protegiera alguien! No, yo estoy en la cuerda floja como todo el mundo. Yo no soy de ninguna rosca, mis amigos somos todos empleados.

Salud Hernández, Kienyke

Salud Hernández sabe que al hablar de la gente, hablarán de ella, y es algo que la tiene sin cuidado.

–¿Qué tipo de autocensura tiene Salud Hernández?

–La autocensura que tenemos todos, la justa. Con la mafia uno tiene cuidado de escribir más de una vez. Hay que esperar un poquito. Con los poderes económicos uno también se cuida un poquito.

–¿Por qué crees que Colombia sea tan pretenciosa?

–No lo he entendido nunca pero lo es. Es decir, mira por encima del hombro a Nicaragua. Desprecia a los venezolanos. Ignora a los ecuatorianos y además Bogotá se considera la Atenas de América Latina. Una de dos, o es provincianismo puro y duro, o es un exceso de optimismo que yo envidio.

–¿Qué opinas del desnudo que hizo Yidis Medina para el texto de Soho que tú escribiste?

–Yo la entrevisto un martes, y le digo, sin saber que se iba a desnudar pero teniendo el rumor: “Yidis, no será cierto que te vas a desnudar. Es una locura, “¡te vas a terminar de hundir!” Y ella me dijo: “No, ¿cómo se te ocurre?” El viernes se desnudó. Yo eso nunca lo entendí.

–¿Qué opinas de las mujeres que se desnudan en Soho?

–No lo entiendo. La gente joven es como de un exhibicionista desaforado. Si Yidis se desnudó no tengo ni idea qué cable se le cruzó. Pero es que hacen fila, para ellas es un orgullo, como subir un peldaño. Yo no tengo hijos y a esa juventud no la entiendo. Me parece un error, si tengo una hija que se desnuda, pues la mato, o le doy bofetadas de aquí a China. Si me pide consejo, se lo prohíbo.

–¿Por qué, qué le hace eso a una mujer?

–Es fomentar el que somos siempre objeto, que a las mujeres se nos tiene que mirar porque tenemos senos, no por el cerebro. Es fomentar eso. Ese tipo de comportamientos lo que hacen es fortalecer el espíritu machista.

–¿Tú eres feminista?

–No soy activista, pero me crié en una casa donde éramos iguales, e incluso por encima las mujeres. El machismo lo detesto, lo detesto. Este es un país machista a muerte.

–¿Cómo combatimos el machismo en este país?

–¡Mandando las mujeres! Los medios jugamos un papel muy importante, los medios lo fomentamos. Si hiciéramos un esfuerzo podríamos empezar nosotros, podríamos arreglar eso. Sin hacer todos los días el mismo chiste fácil y estúpido. Qué gran noticia y qué gran éxito que fulanita colombiana se desnudó en no sé dónde. Todo el mundo se muere de la risa de los tantos hijos reconocidos y no reconocidos de Escalona, por ejemplo. Decir que fue un gran compositor pero qué lástima que no fuera una persona que tuviera responsabilidad. Poniendo las cosas en su medida.

–¿Qué le falta y qué le sobra al periodismo en Colombia?

–Le falta mucha reportería, más atención al trabajo de los corresponsales de provincia. Falta reportería en todo el país, falta meterle dinero a eso. Se reportea demasiado por teléfono. Al periodista colombiano le sobra recursividad, es recursivo a morir. Consigue lo que sea como sea. No le sobra, podría regalar de eso.

–¿A qué mujer admiras en Colombia y por qué?

–Yo siempre he admirado a las vendedoras ambulantes de los semáforos. Me imagino que tienen cuatro niños en el sur, sur, sur. Trabajando en el norte, norte, norte. Salen de allí y tienen que ir al sur, a cocinar lo que hayan conseguido, y al día siguiente a limpiar y volver a salir. A ellas.

Salud Hernández, Kienyke

Hernández niega haber sido amiga personal de Carlos Castaño.

¿Te afecta lo que digan de ti?

No. Yo soy consciente de cuando he metido la pata. Si la gente me hace una crítica sin insultarme, yo sí lo valoro. Pero es normal que si uno dice una opinión la mitad de la gente diga que soy una impresentable. Yo creo que en la vida uno no puede dejar de hacer las cosas por si acaso te pasa algo. Uno tiene que opinar sabiendo que te va a odiar la mitad de la humanidad, y lo lógico es que como tú ya sabías, pues no duele, yo me lo he buscado. Tampoco soy inocente, yo sabía lo que hacía. Si yo digo cosas terribles de la gente, pues que la gente diga cosas terribles de mí, qué hacemos… A mí que un hampón me insulte me crece, me enorgullece, y si me amenaza, pues peor le va.

–¿Qué le produce miedo a Salud Hernández?

–Nunca le doy pistas a mis enemigos.

–Casi 16 años después de tu llegada a Colombia, ¿cómo estamos, mejor, igual o peor?

–Estamos mejor, obviamente, en Bogotá al menos hay andenes. Pero el cambio, comparado con otros países como España y Chile, es mínimo, no supone un salto grande. Además siempre es: un paso para adelante, dos para atrás, dos pasos para adelante, uno para atrás. Eso es lo que veo.

–¿Pacho Santos presidente?

–Aunque mucha gente no lo cree, Pacho sería un buen presidente. Yo no voy a votar por él ni por nadie, voy a votar en blanco, porque me gusta Pacho pero no me gusta el uribismo. Y ¿por qué Pacho? Es una buena persona, es una persona decente, es un hombre muy preparado. Aunque la gente no lo sepa, él lee muchísimo, estudia, tiene experiencia, pero no me gusta el uribismo, pero como persona me parece que hay pocos aspirantes que sean tan decentes como él.

–¿Cuál es una idea errónea que se tenga en Colombia sobre ti?

–Pues que soy súper seria y que no tengo sentido del humor. Pero, vamos, porque es cierto que soy malgeniada. Y tampoco sé qué idea tienen de mí. Me gustaría que la gente que me lee o me escucha me respetara y al menos piensen que soy una persona honesta. Lo que digan, bien o mal, lo hago con honestidad. Si me equivoco nunca fue por intereses ocultos. Por idiota o por bruta, pero no por deshonesta.

–¿Algo positivo y algo negativo de vivir en Colombia?

–Positivo, que este es un país de un optimismo feroz que contagia. Es una gente hospitalaria y muy cariñosa. También que te ponen los pies en la tierra, uno cambia cuando vive en un país como este, porque no es lo mismo ir en un BMW en Madrid, que ir en un BMW aquí. A mí aquí me daría vergüenza ir en un BMW descapotable, en España nunca me lo habría planteado, me parecería chévere. No es que solo aquí exista la pobreza, pero se nota más. ¿Algo negativo? Lo único negativo es que mi familia queda a 8.000 y pico kilómetros.

–¿Eres valiente o temeraria?

–No soy valiente porque no tengo miedo. El valiente es el que vence el miedo, yo no lo tengo.

–¿Eso te hace temeraria?

Sí. Yo soy la dura del parche, si me provocan: peor.

–¿Qué haces cuando te equivocas, te queda fácil pedir perdón?

Sí. Me he pasado la vida mandando disculpas. Lo hago encantada. He tenido que rectificar algo alguna vez, pero algo mínimo que he dicho que no era. He metido la pata dos veces de bruta, por bruta. Hasta pena me da. De bruta, no por señalar a alguien que me haya equivocado, por ignorante y bruta, y me da vergüenza.

–¿Una mujer que acusa sin miedo a diestra y siniestra, no se vuelve un poco inalcanzable y solitaria?

–No, para nada. Ten en cuenta que yo tengo unos amigos que no tienen nada que ver con ese mundo, yo no me muevo entre hampones. Yo no voy a nada, no soy de sociedad. Si algún día alguien me ve en un coctel, es porque lo hace un íntimo amigo y no me ha quedado de otra. Yo tengo muy buenos amigos. Y Pacho Santos es una persona súper abierta que acepta que yo les dé palo.

–¿Por qué no vas a nada, qué estás evitando?

–Yo no tengo ni ropa para ir. No me interesa para nada, eso me aburre a morir. Coctel, una boda, me parece una pesadilla. Me parece jartísimo, qué pereza. Todas esas cosas me parecen horribles.

–¿Qué te pone a pensar que se refieran a ti como Satanás? Me refiero a lo que dijo Abdón Espinosa Valderrama.

–Me hizo gracia esa columna. Pero como es mayor, respetémoslo un poco. Yo acepto que la gente diga de mí hasta de qué me voy a morir. Lo acepto. Me reí de esa columna, me hizo gracia. Pero lo respeto, él pensará que soy lo peor.

–¿Piensas todo lo que dices antes de hablar, qué tan impulsiva eres?

–Uno cuando es así, no piensa, habla, y luego piensa. En la radio primero hablo y luego pienso. Cuando escribo no, ahí pienso.

–Si tu voz se apagara, ¿quién consideras que sería un buen remplazo?

–Hay mucha gente, no soy la única. Nadie es imprescindible. Por eso somos tan vulnerables. Si uno fuera Sánchez Cristo, que le lleva a la emisora no sé cuántos millones, no sería vulnerable. Pero uno no es nadie, es una ficha, un insecto. Yo creo que hay gente joven muy buena. Me gusta mucho Espinoza, de RCN. Aunque es más de ciudad, tendría que ser más reportero. En provincia hay gente: Francisco Arguello, un chico joven echado pa’lante, es buenísimo.

Salud Hernández, Kienyke

Cuando se vino a vivir a Colombia sus amigos le regalaron un chaleco antibalas.

–Te voy a dar unos nombres para que me digas lo primero que se te venga a la cabeza:

Mario Conde: Una oportunidad perdida, es decir, poca gente tan inteligente y preparada y se lo tiró todo por la soberbia y la vanidad. Un tipo fuera de serie pero le pudo la soberbia.

Pacho Santos: Es una excelente persona y creo que un buen dirigente, un gran dirigente podría ser.

Carlos Castaño: Un criminal.

Juan Manuel Santos: Es un paquete chileno. Una decepción.

Álvaro Uribe Vélez: Otra decepción pero peor. Es el presidente más carismático que ha tenido Colombia. Que pudo revolucionar el país y solamente se ocupó de la seguridad, pero pudo darle un vuelvo a este país y acabar con la corrupción, pero solo se ocupó de la seguridad y por reelegirse.

–¿Quién te presentó a Carlos Castaño?

–Tardé año y pico en conseguir una entrevista, como siempre. Uno va con uno, con otro, y otro, y otro hasta que me concedió una entrevista en un campamento en Santander, por la zona de Santa Rosa.

–¿Es verdad que te volviste amiga de él?

–No. Yo nunca he sido amiga de mis fuentes, y menos de los criminales, nunca. He tenido buenas relaciones con criminales de todos los signos, y con hampones de todos los signos. Y tengo buena relación profesional con hampones. Yo nunca he mezclado la profesión con los temas profesionales. Jamás. Siempre he sabido muy bien dónde estaba. Yo comprendo que el que no cubra estas cosas no sabe cómo son las relaciones. Yo comprendo que un Vladdo no tenga ni idea cómo se hace la reportería, porque, pues, él es dibujante y director de un periódico, pero no es reportero. Entonces tiene que ir a la escuela, y es muy difícil que la gente vaya a la escuela y entienda cómo son las cosas.

–Tú redactas y firmas el prólogo del libro Mi confesión, sobre Castaño. Ahí hay algo más que una relación en la que él solo sea tu fuente, porque ya tú te estás prestando para ello. ¿Qué análisis haces tú de esto?

–Es mucho más sencillo: Mauricio Rodríguez es el autor del libro, yo estuve en una entrevista con Carlos Castaño, no me acuerdo dónde, y conozco en ese momento a Mauricio que estaba con Castaño haciéndole una entrevista y estuvo con él mucho tiempo, varias veces. Lo conozco, quedamos genial y él me ayudaba con contactos. Nos tomamos un café y me contó que estaba escribiendo un libro con la editorial Oveja Negra. Entonces me llamó Kataraín, el dueño de la editorial, ya habíamos hecho algo antes, no me acuerdo. El caso es que me llamó y me dijo: “Hemos pensado que tú eres la persona para escribir el prólogo”. Se lo habían pedido  a cuatro personas, entre ellas a Pacho Santos, y todo el mundo lo había rechazado. Ya estaban en cierre. Me lo mandaron un sábado por la mañana y el prólogo tuve que mandarlo el lunes. Lo hice como un favor a Mauricio Rodríguez. Castaño no tenía ni puta idea de quién iba a escribir el prólogo. Si yo no conozco a Mauricio en esa entrevista, jamás hubieran pensado en mí. Si no dicen que no todos los anteriores, jamás lo hubiera escrito yo. Me enferma este idiota de Vladdo, o cualquiera de estos que no tienen ni puta idea de cómo son las cosas.

–¿Te arrepientes?

–¡No! ¿Qué me voy a arrepentir? Lo volvería a hacer mañana mismo. Es que no le veo nada malo, al contrario. El libro no es favorable a Castaño, tú puedes ver que es una bestia. Hay autores que tienen un poco el síndrome de Estocolmo, entonces hay partes del libro que son un poco demasiado favorables, de pronto el enfoque. Eso me da una piedra cada vez que pienso… Como (cuando me referí a él como) “Estimado Comandante”, yo quisiera que todos los reporteros del mundo que fueron mis compañeros dijeran cómo se referían a los comandantes cuando escribían un correo. A ver, ¿cómo me refería yo a Iván Ríos? ¿Hijo de puta Iván? Yo procuraba siempre dar la mano, pero el colombiano no da la mano, ¡el colombiano siempre te da un beso! ¿Yo qué hacía? ¿Qué hace uno? Comandante, pues sí, le llamábamos comandante porque era más cómodo. ¡Llamarlo por el primer nombre es una cercanía que uno no podía! La gente no entiende… Por eso me enferma. Me enferma. Por mi trabajo en País Libre yo era la única que tenía acceso a los paramilitares. Y aquí, a diferencia de como lo hacen los periodistas en EE.UU., sí rompemos esa barrera. Ibas al Caguán y llevabas razones de gente, una carta de alguien que tenía un hijo secuestrado, por ejemplo. Lo hacíamos todos, no todo el tiempo, pero lo hacíamos, y yo que estaba en País Libre, mil veces más. Teníamos dos casos de dos personas para que nos devolvieran sus restos, que dábamos por hecho que estaban muertos pero la familia siempre espera. Todo era por internet, me pasaron de un lado al otro, pasaban semanas y nadie los tenía. Me pusieron una cita el 7 de febrero que se me juntaba con una entrevista que buscaba hacía mucho en el Caguán, y no sabía qué hacer, entonces al final le puse que esto era más importante que la entrevista y que yo estaría allí. Lo hicimos a través de la Cruz Roja Internacional. Siempre le decía “estimado comandante”, entonces olvídate que el día que me va a devolver los restos le voy a decir “hijo de puta”. Obviamente a uno le viene bien tener una buena fuente.

Salud Hernández, Kienyke

Cuando era niña la mandaron a estudiar interna a un colegio de curas irlandeses en Irlanda.

–Hay una parte del prólogo en el que dices: “…con otro Estado, otros dirigentes y sin guerrilla (Castaño) no hubiera formado las AUC”. ¿Estás justificando sus crímenes?

–No, no, no. Lo único que digo es que si el Estado hubiera estado donde tenía que estar, no hubiera habido paramilitares en muchas partes de Colombia. Hay gente que te dice que los paracos no son un grupo anti-insurgencia, sino un grupo narco. Pero luego los paracos resulta que estaban todo el día matando guerrilla, enfrentándose por territorio o lo que fuera. Yo vi cómo las poblaciones los buscaban creyendo que eran los salvadores. ¡A la gente no le gusta pagar vacuna! Mi única tesis es: Si hay Estado no habría paramilitares, como no habría habido guerrilla en primer lugar. Pues claro que sí, lo sostengo hasta el último día: si no hubiera habido guerrilla, no hubiera habido paramilitares.

–Por defender tanto a Pacho Santos, la gente puede asumir que eres uribista.

–Ya lo sé. Pero en el momento en que yo me meto con el proceso de paz es que soy uribista. Yo ya he asumido, e intento que no me enfade, que soy paraca y soy uribista. Intento que no me enfade. Ya lo tengo que asumir. Yo no me quito el San Benito. Yo no voté por Uribe, yo voté por los verdes, defendí a Mockus, pero nadie se lo cree. Soy uribista y no hay nada que hacer, no puedo remediarlo. A Pacho Santos lo defiendo porque sé la excelente persona que es y sé que vale mucho más de lo que mucha gente cree, pero no soy uribista.

–¿Sigues siendo persona no grata en Pereira?

–Todavía me lo recuerdan. To-da-ví-a. Un error de las pereiranas es hacer la marcha que hicieron hace poco. ¿A qué viene resucitar ellas mismas algo que ya está medio olvidado?

–Ernesto Samper no fue condenado por la justicia y fue absuelto socialmente. ¿Por qué insistes en atacarlo, es algo personal?

–No es personal. Es que yo creo que ese es uno de los problemas de Colombia, que todo se perdona. A nadie le importa, nunca cierras la puerta. Puedes tener una gran fortuna porque ya lavaste tu dinero: no importa. Si tú desde arriba no das ejemplo, no pretendas que los de abajo actúen bien. Mientras tú sigas abriéndole un micrófono a un tipo que no pagó por lo que hizo, que fue aliado de la mafia, pues, yo creo que el país nunca va a cambiar de verdad. Hay cosas que no se deben olvidar, hay cosas que un país no debería permitir. Punto. Esa es de las cosas que más enemigos me ha ganado, es que es un tipo increíble y miedosamente poderoso.

–Tú no tienes pelos en la lengua. Vas atacando y sacando gente del clóset, y sin embargo, de tu vida privada no se conoce nada. No se te conoce marido, mujer, hijos, de ti no se sabe nada.

–Mi vida privada es privada. Soy soltera. Normal. Pero no me gusta tener que decir qué es mi vida. Soy una persona normal.

–¿Eres heterosexual?

–Sí.

–¿Completamente?

–Absolutamente.

–¿Eres solitaria?

–No, yo tengo muchos amigos. Lo que pasa es que vivo sola. La gente que tiene mal genio debería vivir sola, yo vivo sola hace muchos años. Sinceramente, por el bien de la humanidad.

–¿Nunca soñaste con casarte y tener hijos?

–No, nunca. Ni tener hijos. Para hacer lo que me diera la gana. Tengo 17 sobrinos, suficiente, ya he cumplido.

–¿Cómo te ha ido mejor, como española en España, o como colombiana en Colombia?

–Yo creo que me fue bien en España y creo que aquí me va bien. La verdad es que no me puedo quejar, yo he tenido mucha suerte, la verdad.

–¿Es verdad que te aceleraron el proceso para volverte colombiana?

–¿Eso también dicen? Es mentira, yo cumplí los cinco años y luego me puse en una fila, pero no había fila, ¿vale? Estamos hablando del año 2002, no había fila. Nadie pedía ser colombiano, era la época en que todos se iban de Colombia. Fui la primera de la fila. Vamos, no me hubiera importado tener una palanca para ser colombiana, la hubiera cogido encantada.

–¿Qué te hace pensar el termino Paraperiodismo?

–Me da una piedra… En Twitter, cuando me dicen paramilitar, los bloqueo.

@Virginia_Mayer