Sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y vive en Bogotá fabricando juguetes

Sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y vive en Bogotá fabricando juguetes

17 de julio del 2016

El color reina en los carritos, trenes, casas, tableros y caballitos que se venden en Juguetes Damme. Los transeúntes que pasan por allí se detienen curiosos a observar por unos minutos. Tal vez se les hace raro que en Bogotá aún exista una modesta fábrica para adquirir juguetes elaborados en madera.

Lo que menos se imaginarán quienes caminan por el barrio Floresta, al occidente de Bogotá, es que detrás del olor a pintura y a madera que se percibe, hay una historia de superación y amor que lucha por preservar una tradición.

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Por una equivocación, Horst Damme llegó a Colombia cuando tenía cinco años. Su familia huyó de la Segunda Guerra Mundial y salió de su natal Berlín con el objetivo de refugiarse en Brasil, pero la embarcación en la que viajaban llegó al Pacífico colombiano.

Luego decidieron instalarse en la capital de la República, donde lo que parecía un pasatiempo se convirtió en su destino.

“Nunca tuve juguetes. Cuando llegué a Bogotá lo primero que hice fue un carro para mí a los siete años y una vecina que lo vio me encargó que le hiciera cuatro juguetes a sus hijos y quedó muy contenta. Empezaron a encargarme otras personas”, recuerda.

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En medio de suspiros entrecortados este alemán de 87 años agacha la cabeza para pensar y contar cómo llegó a construir su tienda.

Aleman de la segunda guerra-02

Pese a su ceguera y a una discapacidad auditiva que lo aqueja desde hace años, dice con orgullo lo valioso que pueden ser los caballos de madera para los niños. No sabe con exactitud cuántos ha vendido, pero recuerda que el primero lo entregó a cambio de 6 pesos con 50 centavos.

“Es muy úitl este caballo para los niños, sobre todo por el balanceo, porque según estudios hechos en Francia, el movimiento de la cabeza así es muy bueno para los niños, se acomoda el cerebro, eso es lo que dicen”.

Un disparo casi acaba con el sueño 

La fábrica inició con un empleado y cuando estaba en su mejor época, eran 30 personas trabajando para producir los mejores juguetes hechos a mano, pero un hecho triste opacó la buena racha.

Su esposa, Yolanda Pedraza, habla por ‘Don Horst’, como le dice por cariño y respeto, cuando a él le faltan las palabras. Es 20 años menor que él y durante décadas se ha dedicado a cuidarlo, en especial ahora, cuando camina con dificultad y siente los síntomas de la vejez.

Aleman de la segunda guerra-01

Al cuestionarlo por la forma en que perdió la visión, ella es quien responde.

“A él lo entristece mucho…Un vecino le dio un disparo porque no le vendió este predio, todos creemos que fue pura venganza”, manifiesta.

Esa agresión llevó a la depresión a Horst. Pero la alegría que le da a niños y niñas con su trabajo lo impulsó a seguir.

“Fue muy pero muy duro. ¡Uy, que dolor!. Hubiera tenido un revólver me hubiera pegado un tiro, eso fue muy duro perder la vista”, resalta.

Aunque en sus ojos hubo oscuridad, su actual esposa le dio color a sus días. Luego de que enviudó de su primera compañera, ella llegó a trabajar para él y terminó enamorándolo.

“Con Yolanda pasó una cosa muy rara. Cuando estaban pintando los juguetes, ella subió una caja de cartón a una estantería y se le subió la falda muy arriba, y yo dije, esa pierna debe ser para mí, y eso se cumplió. El señor metió la mano al subir la falda. Fue un buen resultado”, contó entre risas a KienyKe.com con su voz grave, dura y seria que deja percibir sus raíces alemanas.

El negocio está en buenas manos

En la actualidad Juguetes Damme solo tiene tres empleados, en diciembre es la mejor época y varias personas llevan los productos al exterior. Sin embargo, Yolanda dice que las ventas se han visto impactadas, puesto que las familias modernas prefieren regalarles tecnología a los más pequeños.

“Esto ha sido una tradición, de las personas que aman el arte, el hacer las cosas a mano, que no es una cosa que todo el mundo tiene”, manifiesta.

Aunque el panorama no es del todo alentador, y a veces solo alcanza para pagar impuestos y el diario, los caballitos de ‘Don Horst’ existirán mientras él viva. Sería entonces decisión de alguno de los siete hijos de este berlinés continuar con el proyecto de su padre.  Mientras tanto, él confía en la mujer que no lo ha dejado solo.

“El negocio ya está en manos de Yolanda, ya no me preocupo porque estoy bastante desubicado. Confío en Yolanda, ella hace las cosas muy bien”, enfatiza Horst Damme, quien ama la comida y la música de Colombia, pero al oírlo hablar, se nota que su país natal es otro.

Ella, por su parte, no espera llenarse de dinero ni cambiar de sustento. Su motivación, es una sonrisa en un rostro inocente.

“Trabajamos porque los niños tengan un juguete y una alegría, porque llenarnos de plata es imposible. Una de las grandes alegrías es ver que un niño es feliz, juega y corre mientras que con un celular no se mueve y no habla”, finaliza.