La ‘pesadilla americana’ de una colombiana

Ilustración: Samuel Villalobos.

La ‘pesadilla americana’ de una colombiana

26 de octubre del 2017

Sufrió por años, durante bastantes, el maltrato de las personas que en tierras extranjeras le pagaban el salario. Aunque llegó legalmente a Estados unidos, con permiso temporal para trabajar por unos cuantos meses como empleada doméstica, patrocinada por la familia que la empleó, cuando la legalidad se le acabó, empezó su calvario.

Ella, como muchos latinos, vio en el país del Tío Sam la posibilidad de un futuro mejor. Vio en el sueño americano una luz de esperanza y por eso, dejando dos hijos pequeños en Colombia, agarró una maleta que estaba más llena de ilusiones que de ropa y arrancó.

Después de que su permiso de permanencia en Estados Unidos expirara, la familia para la que trabajaba la empujó para que se quedara en la ilegalidad y después, dice ella, a través de abogados que sin cobrarle un solo peso la están ayudando, la ultrajaron y abusaron de su miedo y de su causa y de su ser.

Le pagaban unos 45 dólares por un día de servicio en el que tenía que trabajar al menos 15 horas, cuando el pago por día laboral, de ocho horas, costaba casi tres veces ese valor. No tenía una habitación donde dormir, narró que tenía que acostarse en una pequeña colchoneta botada en el piso, en el rincón del apartamento en el que servía.

Sus patrones la amenazaron con denunciarla a inmigración si contaba la realidad de sus condiciones laborales. La amenazaron con mandarla a la cárcel y deportarla a Colombia sin nada en los bolsillos. La amenazaron con hacerle su vida un infierno. Tal como ocurrió.

A finales de octubre de 2016 venció su miedo, tomó sus pocas cosas y se marchó. Cuenta el portal El Nuevo Herald, medio que conoció y contó la historia, que la mujer denunció ante las autoridades federales a sus patronos por abusos laborales.

La colombiana creyó que haber salido de esa vivienda, donde se sentía maltratada y humillada era el fin de una etapa triste en su vida. Pero no fue así.

Meses después de haber salido de aquel apartamento las autoridades de inmigración la capturaron y desde el pasado mes de junio está tras las rejas en Broward Transitional Center, un centro de detención de inmigrantes, ubicado en Pompano Beach.

Jennifer Hill, del bufete Advocacy Partners Team, abogada de asuntos laborales, que sin ánimo de lucro tiene el caso la colombiana protagonista de esta historia le dijo al Nuevo Herald que el caso de la mujer es incongruente, porque el Departamento del Trabajo la considerada como una víctima de tráfico humano que necesita protección y por otro lado está detenida bajo la custodia por la policía de inmigración.

Los patronos de la mujer han complicado su salida de la cárcel, días después de haber salido de allá la denunciaron por robo ante la policía de Miami, acusación que la colombiana niega rotundamente.

Esta semana un juez de inmigración le otorgó una fianza de 5.000 dólares para que pueda salir de la cárcel, pero si la fianza se mantiene en esa cifra o en cualquier otra, ella seguirá tras las rejas porque no tiene plata para pagarla, ya que su sueño americano no le dio dinero y se derrumbó en el mismo momento en el que pisó los Estados Unidos.