Suzano, la ciudad brasileña que sigue traumatizada

15 de septiembre del 2019

Un lugar que aún intenta reponerse del trauma que dejó aquella matanza

Brasil, Suzano, masacre

(Dario Oliveira - Agencia Anadolu)

Seis meses después de la masacre que dejó ocho muertos en una escuela pública de Suzano, zona metropolitana de Sao Paulo, la ciudad aún intenta reponerse del trauma que dejó aquella matanza.

El pánico que dejaron dos antiguos alumnos del colegio aún sigue latente entre estudiantes, profesores y padres. Eran alrededor de las nueve de la mañana de aquel 13 de marzo de este año. Los agresores, uno de 17 y otro de 25 años, ingresaron a las instalaciones del centro educativo encapuchados y armados con revólver calibre 38, una ballesta, un arco y flechas. Antes de suicidarse lograron herir a más de 20 personas.

La matanza en la escuela Raul Brasil, inspirada en sucesos similares como los de Estados Unidos en Columbine no se ha olvidado en las calles de Suzano. “La escuela se ha convertido casi en un cementerio, con la gente que viene a conocerla y a rezar por los que fallecieron desde la acera”, dice un vecino del colegio, quien quiso mantener su identidad bajo anonimato.

Los que han vuelto a la escuela intentan reconstruirla y luchan para alejarla del estigma que dejó la masacre. Cerca de 13 padres de familiar han creado un grupo para pedir al Gobierno que provea más y mejores medidas de seguridad en la institución, así como atención psicológica para sus hijos. Muchos alumnos han tenido crisis de pánico, dificultad para dormir y hasta han desarrollado enfermedades debido al trauma que les dejó aquel suceso.

Como primeras medidas cosméticas, el Gobierno del estado de Sao Paulo cambió el piso del patio, famoso con los videos que fueron divulgados ese día, además de cambiar el color de las paredes.

Se contrataron tres guardias, instalaron nueve portones automáticos y un sistema de vigilancia 24 horas. La nueva estructura, poco común en las escuelas públicas de Suzano, intenta ahora ofrecer una sensación de mayor seguridad.

Sin embargo, los cambios no han sido suficientes para que todos se sientan seguros, por lo que el Gobierno local ha prometido hacer una reforma más amplia, aunque no ha dado muchos detalles. Sin embargo, es difícil calmar los recuerdos que vivieron los sobrevivientes.

Desde aquella fatídica fecha la profesora Jussara Melo no ha conseguido volver a la escuela, donde llevaba 18 años dando clases de español.

Melo estaba en el Centro de Idiomas que funciona en el colegio cuando escuchó los primeros disparos. Tardó unos minutos en reaccionar y darse cuenta de que se trataba de un atentado, luego lo entendió por los gritos que escuchaba.

Melo arrastró la mesa para cerrar la puerta del aula, ya que las salas no tenían llaves, apagó la luz y orientó a sus siete alumnos para que se tumbaran en el piso y se quedaran callados.

Jussara vio cuando uno de los estudiantes armados pasó cerca de su ventana. “Hoy vas a morir”, gritaba, mientras intentaba abrir la puerta. El asesino solo consiguió abrir una grieta y entonces desistió. En este momento, Jussara solo rezaba: “Dios, si salimos vivos de aquí, no miro hacia atrás”, recuerda en conversación con la Agencia Anadolu. La puerta solo logró ser abierta por los policías.

“No volví a la escuela, no pude hacerlo. No participé ni siquiera en los homenajes a los que fallecieron porque no estaba bien, tuve estrés pos trauma”, cuenta Jussara, quien había sido profesora de dos de los alumnos que asesinaron aquel día.

Desde entonces, la docente asiste a terapia con una psicóloga particular que no le cobra las citas. En las últimas semanas Jussara ha conseguido acercarse a la calle donde está la escuela Raul Brasil, pero prefiere no salir de su carro.

“Cuando estoy en casa, me siento bien, pero mi vida nunca ha vuelto a ser como era antes. Tengo dificultad de estar en sitios donde hay mucha gente. Desde aquel día no voy a un centro comercial o al cine”, dice.

Jussara, que ya llevaba 30 años como académica, obtuvo su jubilación, y ahora, por recomendación de la psicóloga, se dedica a hacer artesanías y a la traducción de textos.

Aunque siempre le dio prioridad a su profesión, no piensa volver a las aulas. “No consigo volver después de lo que me ha pasado. No me gusta que mi última clase haya sido la de una masacre, pero le prometí a Dios que si salía viva no iba a mirar hacia atrás”, dice. “Los que han vuelto son muy fuertes, los admiro mucho”, añade.

La alumna Winnie Sally de Oliveira, de 16 años, también estaba en el centro educativo aquel día. Esperaba a un amigo en el centro de idiomas para compartir un pastel que había llevado.

Escuchó los primeros disparos y creyó que se trataba de una broma de los compañeros. No se movió en un primer instante. Solo echó a correr cuando vio dos alumnos heridos. Uno de los autores del ataque llegó a apuntarle con el arma. Winnie logró correr en busca de una salida, en el trayecto se encontró con dos cuerpos.

Al salir de Raul Brasil corrió todo lo que pudo, hasta que se metió en una tienda. Logró salir ilesa, pero solo físicamente. Winnie no puede dormir sin la ayuda de medicamentos y todos los días necesita de un gran esfuerzo para no pensar en las escenas de la matanza.

Su madre, Liliane de Oliveira, cuenta que Winnie se despertaba gritado de madrugada en los primeros días. La adolescente también empezó a presentar heridas en la cabeza, que el médico interpretó como secuelas del trauma psicológico.

Después del ataque desarrolló una gastritis crónica y cualquier situación de estrés todavía la hace vomitar, una reacción que la avergüenza y que le hizo dejar el curso de peluquería que cursaba con mucho esfuerzo, vendiendo dulces en el mismo colegio.

Winnie volvió a la escuela una semana después del ataque y todavía intenta adaptarse con el apoyo de los profesores. “Tener a alguien con quien hablar sobre lo que siento me ayudaría mucho”, dice. Su madre lleva seis meses intentando que se le dé la atención psicológica prometida por el Gobierno. Hace tres semanas consiguió una primera cita y ahora está a la espera de que las contacten para que las terapias en el psicólogo sean constantes.

“Ella no quiere hacer el tratamiento en grupo. La unidad de salud cerca de mi casa solo tiene un psicólogo, que trabaja durante la mañana. Mi hija lo necesita por la tarde, porque estudia todas las mañanas”, explica su madre.

Hace dos meses el Ayuntamiento de Suzano informó que 1.380 víctimas directas o indirectas de la tragedia aún esperan recibir atención psicológica. Desde entonces, el Gobierno del Estado de Sao Paulo ha contratado otros 31 psicólogos para auxiliar la ciudad.

Según el Ayuntamiento, hoy no hay colas para la atención psicológica. Actualmente, en la escuela Raul Brasil tres profesionales de la salud mental trabajan directamente. Para los casos de nuevas demandas por problemas de salud mental se han articulado con la red de atención pública.

La Secretaría de Educación de Sao Paulo informa que el equipo directivo de la escuela Raul Brasil se ha mantenido en contacto con las familias para apoyar, dar la bienvenida y hacer seguimiento a las actividades que hagan en la institución.

Las víctimas de la tragedia también reciben atención gratuita de psicólogos de la Asociación Brasileña de EMDR (desensibilización y reprocesamiento a través de los movimientos oculares), una terapia para personas que han sufrido estrese pos trauma, reconocido por la Organización Mundial de Salud y que trabaja para activar mecanismos de creatividad del cerebro en busca del equilibrio emocional.

El grupo consta de 150 psicólogos que empezó este ayuda desde julio y continuará hasta diciembre.

La presidente de la entidad, la psicóloga Ana Lúcia Castello, cuenta que se encontraron con una ciudad traumatizada. “La ciudad se detuvo en ese momento y muchas personas no fueron tratadas. Hay una terrible parálisis sobre volver a la vida cotidiana”, cuenta.

Sin embargo, Ana Lúcia dice haber atendido adolescentes con síntomas muy negativos, que no conseguían regresar a su vida normal, pero meses después del hecho, afirma, se empieza a ver alguna mejoría en la gente.

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