La mujer que ha dedicado 37 años a la profesión más ingrata

20 de mayo del 2018

Esta es la historia de Elizabeth. Una mujer que nació con el don de educar.

La mujer que ha dedicado 37 años a la profesión más ingrata

El rostro de Elizabeth Cristina deja ver lo estresante que es dedicarse a la docencia por 37 años. Sus ojos lucen bastante cansados, pero la sonrisa, dibujada en sus labios, repara su expresión y asegura que “si una persona sin educación no vale nada, imagínese un país”.

Elizabeth es una mujer de 70 años que hoy en día es la directora del Centro Educativo Comunal Francisco de Paula Santander donde tiene la importante de misión de dirigir a 15 maestros y educar a 235 niños vulnerables de estratos 1 y 2 en Valledupar.

Desde muy pequeña supo que lo suyo era educar, enseñar y por supuesto aprender. La enseñanza impuesta en su infancia por unas monjas, incorporó en su mente una especie de chip maternal que le hizo preocuparse, en ocasiones, más por los demás que por ella misma.

Cuando terminó el colegio se dio cuenta que debía de transmitir al mundo lo que su corazón e instinto le decían: divulgar conocimiento.

Las monjas le enseñaron valores y a ser una mejor persona en aquella época. Una mujer dedicada al hogar y a buscar un objetivo.

Toda su educación fue pedagógica. Cada año que pasaba en el centro de estudios superiores la impulsó a querer, algún día, ser la directora de alguna entidad. Sueño que cumplió hace diez años.

El lenguaje es su pasatiempo favorito. Aprendió alemán, francés y hasta hizo cursos de griego, pero por cuestiones del destino, de Dios según ella, no pudo practicar más y quedaron en los libros de enseñanza.

El amor por la educación la llevó a ser madre de cinco hijos cuando conoció al hombre de su vida. “Tuvimos dos barones y tres hembras”.

— ¿Hembras? —Le pregunto.

— Sí, tres muchachitas.

A pesar de los más de 40 años que tienen sus hijos, los corrige. “También les pego, soy su madre y estoy en todo el derecho de hacerles notar lo que están haciendo mal”, dice entre risas. Los cinco han vivido toda su vida en Ecuador y la visitan esporádicamente.

 Les hace caer en cuenta que practiquen los idiomas que saben y que no les pase lo mismo que a su mamá. 

En el gremio de educadores, algunos son buenos con ella, otros no. Hay quienes han sido desagradecidos y groseros. No los juzga porque esta profesión, según ella, es así. La envidia como en cualquier otro empleo por un cargo más alto siempre va a existir. “No se imagina cómo es aquí”.

Para Elizabeth lo más difícil de esta profesión es la incomprensión de los estudiantes y de sus compañeros. Aún así no se arrepiente de su primer amor. La enseñanza.

“Aquí los puestos son peleados. Hay gente que dice que uno no se lo merece y es cuando se presenta la envidia. Si la sociedad se enterara de lo que se requiere para preparar una clase se daría cuenta que esto no es soplar y hacer botellas. Tenemos una gran responsabilidad”, aclara.

“Los egos entre maestros hay que saberlos sortear. Muchos aspiran a cargos altos cuando no saben lo esencial cuando se toman cursos pequeños de primaria. Es allí donde cogemos cancha, donde aprendemos los verdaderos valores, cátedra y principios que debe tener un maestro”.

Elizabeth nunca ha tenido un problema con un estudiante en todos estos años. Sin embargo, dice que es una de las profesiones más ingratas que existen.

Rescata haber vivido y entendido la transformación que tuvo la tecnología sobre los niños y que a pesar de que la estamos aplicando mal, es buena para incentivar la creatividad y despertar los sueños de cada joven.

 “Lo malo es que la mente creadora del ser humano se ha perdido con la llegada de la tecnología”. 

Elizabeth define la educación como lo más importante de un ser humano. Sin educación no valen nada. Es por que eso que a sus alumnos les da uno que otro “sermón” para que sus acciones sean buenas en un futuro. Lo de madre no se lo quita nadie. “La juventud está muy perdida”, dice para luego suspirar.

Sin embargo, a pesar de la llegada de las nuevas tecnologías como la televisión digital para todos al centro educativo que dirige, dice que es bastante agradable saber que lleguen este tipo de ayudas, que con una buena medida puede aportar grandes beneficios a la educación de los niños. “La televisión los hará en algún modo más creativos”.

Es por eso, que en este punto, seguirá con la rutina que ha llevado por más de 40 años. Despertando todos los días a las 4:30 a.m. pensando en un futuro próspero para quienes no son sus hijos, para educarlos desinteresadamente sin importar lo ingratos que puedan ser con ella.

La esperanza de esta mujer seguirá viva hasta el último día de su vida porque cuando fallezca estará tranquila de al menos haber cambiado la vida a uno de sus estudiantes.

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