Venezuela: una esperanza que renace

24 de enero del 2019

Miguel es colombiano, lleva más de 40 años en Venezuela y aguantará hasta que el país vea la luz.

Venezuela: una esperanza que renace

Miguel Herrera nació Villeta (Cundinamarca), en Colombia, hace 74 años. Aunque ama a su madre patria, legalmente y de corazón es más venezolano que colombiano, hace 44 vive en Venezuela y hoy, desde una de las calles del estado Barquisimeto, como millones de personas, salió a protestar en contra de Nicolás Maduro.

Este miércoles Miguel salió con su esposa, también colombiana, a las calles de Barquisimeto a marchar, a gritar, a sumar. No se puede quedar en casa sin hacer nada. “En las calles es desde donde se le debe hacer la revolución a la revolución”.

Hace 20 años él votó por Hugo Chávez a la presidencia de la República. Creyó que el militar era el cambio que Venezuela necesitaba para salir de la corrupción y las fallas políticas y administrativas de los gobiernos de derecha que habían dirigido a Venezuela hasta esa fecha. Hoy, en medio de las lágrimas, se arrepiente de ello. “La cura fue peor que la enfermedad. Ese hijodeputa nos jodió”.

Miguel, después de un matrimonio fracasado y de estar viviendo una vida sin gracia, con 30 años encima, empacó en una vieja maleta un poco de ropa y arrancó hacia Cúcuta. Su objetivo era llegar a Venezuela. A mediados de los años 70 en este vecino país había dinero, oportunidades de trabajo, lo que se traducía en una mejor calidad de vida.

Recuerda haber cruzado a pie el puente internacional Simón Bolívar, que divide los dos países, con miedo, con mucho miedo. Estaba solo y punto de iniciar un camino incierto y desconocido. Pero ya no había vuelta atrás. Al otro lado, ya en tierra extranjera, abordó un bus hacia Caracas, la capital, donde había una persona que conocía. No la encontró.

Sin ningún título bajo el brazo, sin recomendaciones, empezó a buscar trabajo. A los pocos días empezó a trabajar como ayudante de zapatería, luego fue portero de una discoteca; hasta que halló en la carpintería, sin saber clavar siquiera una puntilla, el oficio que le daría un rumbo en Venezuela.

Conoció a Stella, una compatriota que al igual que él buscaba en Venezuela el futuro y estabilidad que le fue esquiva en Colombia. Al poco tiempo estaban haciendo vida juntos. Arrendaron apartamento, compraron carro y tuvieron un hijo. Eran felices en un país que aunque no era el de ellos, los acogió como tal. Todo estaba, dentro lo básico, bien.

Venezuela vivía para la época, años 90, la abundancia económica, pero en materia política sufría del mal de una oligarquía perpetua. Los gobiernos que habían comandado al país, según lo recuerda Miguel, eran corruptos, burgueses y estaban a su parecer, desangrando las arcas de la nación, un país boyante que obtenía sus riquezas de una de las reservas más grandes de petróleo del mundo. Necesitaban un cambio. Hugo Chávez se mostró como el salvador y casi toda Venezuela le creyó.

Chávez lleva a Venezuela a un estado socialista. Quiere hacer del país una segunda Cuba, y pretende quedarse en el poder indefinidamente. La crisis económica empieza a sentirse, la muerte del líder político profundiza la crisis, el país en manos de Nicolás Maduro se va a pique.

Hoy en Venezuela no hay comida, no hay medicinas, no hay comercio, no hay trabajo, pero la esperanzas la están levantando. Así lo asegura Miguel, quien cuenta, desde su casa en Barquisimeto, que aunque no se come bien, se duerme con inseguridad y se llore en silencio, para que sus nietos no sientan el dolor, hay que seguir en la lucha para llevar a Venezuela a ser el país que merece ser.

La marcha de este 23 de enero levantó las esperanzas de millones de Venezolanos, quienes ven en Juan Guaidó, el presidente del parlamento, quien se proclamó como mandatario interino del país, una ficha caída del cielo, para comandar una multitud que pide a gritos y lágrimas un verdadero cambio.

“A este hombre, que es poco conocido, pero que demostró que tiene las pelotas bien puestas hay que apoyarlo. Tiene el respaldo de importantes gobiernos y de la ONU. Lo que podemos hacer nosotros como pueblo es salir a las calles. Es peligroso, yo lo sé. Han matado a decenas de manifestantes, también lo sé. Pero hoy Venezuela, el país que nos ha dado lo que tenemos, nos necesita y vamos a echarle bola. La esperanza está renanciendo y esto va a cambiar, no es fácil, no será fácil pero este mal no será eterno”, dice Miguel, quien asegura que aunque tiene familia en Colombia se quedará en Venezuela, cuidando de los suyos, de la casa que levantó con esfuerzo, y ayudando, así sea exponiendo su vida, a que Venezuela vuelva a ver la luz.

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