Todo lo del rico es robado: Godofredo

Todo lo del rico es robado: Godofredo

27 de septiembre del 2012

¿Cómo se le puede ocurrir a la lagarta de la Noemí Sanín apoyar la bestialidad de devolver dos estrellas de Millonarios dizque por tener lustre traqueto?

Eso equivale a perratear de manera oportunista la gloriosa época del Ballet Azul, dirigido por los sabios consejos del maestro “Cheque” García, y financiada su nómina por un inversionista de las calidades humanas e intelectuales del finado don José Gonzalo Rodríguez Gacha.

A ese paso y sabiendo que este es un país que se pega de manera imantada a las modas y demás frivolidades propias de la falta de catecismo, nos van a pedir que devolvamos tantas cosas que se han logrado en la febril batalla del progreso, contra los vientos del moralismo comunista y contra las mareas del ateísmo cachiporro.

Después dicen que yo soy el ultra godo. Si lo que propongo es que el progreso siga, que no miremos al pasado, que esas vainas teóricas e inconvenientes de la tal “memoria histórica” (una nemotecnia propia de materialistas históricos y demás filo-terroristas) se queden bien sepultas y extrema-ungidas en el olvido, para garantía del futuro, del Estado de Opinión y de esta República del Hartón.

Soy enemigo del retrovisor, sobre todo cuando enfoca aquellos beneméritos tiempos en los cuales el flujo de capital y la especulación necesaria, eran –esa sí y no la chatarra del Santos– la locomotora del tren narco-bananero, cuando la dialéctica del avión era el paradigma nacional y el país entero crecía y la economía se movía al ritmo de las rancheras y las cananas del Mexicano, nuestro Vicente Fernández, hasta cuando cometió el error de bajarse con Pablo un jet de Avianca, que en lugar de objetivo ha debido entenderlo como vehículo de exportaciones.

En este país lo único que hay que devolver es la columna de mi alumno aventajado José Obdulio Gaviria (faro de verdades y manso puerto de sabiduría) a quien el atrabiliario del Roberto Pombo, director de El Tiempo, en acto de censura previa, le arrebató la pluma y lo condenó al silencio de los inocentes.

Bueno, y también que nos devuelvan la casta Constitución de Núñez en 1886, que harta falta no está haciendo para poner en Estado de Sitio a Piedad Córdoba.

¿O es que, acaso, los benefactores del Norte, en ese orden de ideas, nos tendrían que devolver a Panamá, departamentico miserable, que en los albores del siglo XX tuvieron a bien protegerlo del subdesarrollo?

¿Devolver? Claro, como todo lo del rico es robado…

A ese paso querrán que devolvamos todas las tierras que, enhorabuena, los únicos conocedores del campo santo, los gloriosos auto defensores, lograron consolidar en territorios donde pasta el cebú, en linda paz armada, hombres sinceros “de donde crece la palma” como dice la canción aquella, único acierto del pre castrista y seudo poeta del José Martí, que hasta aeropuerto tiene en la capital del terrorismo.

Querrán que devolvamos las sagradas escrituras en virtud de las cuales se logró la legalización de tantos terrenos baldíos a nombre del sector privado, que si ha sabido llenar ese monte de agro industria y hasta logró correr la frontera agrícola, acorralando a la despreciable indiada y a los invasores africanos en la manigua, al lado de las otras víboras.

Querrán que devolvamos las impecables concesiones mineras que con esfuerzo le arrebatamos a los usurpadores. ¡Viva la prolongación del contrato con Cerro Matoso! ¡Viva la minería a gran escala, viva la explotación ilegal! Saquen todas las vainas que hay en el subsuelo y a cielo abierto. ¿O es que van a querer que también los amos meridionales nos devuelvan el petróleo que se llevaron para beneficio del mundo entero?

Este país existe desde 1492. Antes aquí no había nada distinto a una chusma ebria, a una gente inculta y primaria, cuyos espurios descendientes pretenden hasta que les den títulos de minería, como a los indios mendigos, a los tales Embera Katíos del alto Andágueda.

¿Querrán que tantos miles o millones de colombianos devolvamos lo que a pulso y durante tantas décadas le hemos logrado sacar al Estado (institución hecha para el beneficio de la gente hábil y con visión empresarial) en lo que el terrorismo llama “corrupción”?

Por ejemplo, que algunos concejales de Bogotá, ¿devuelvan la platica que le han cobrado a los empleados por mantenerlos en los puestos? ¡Cuál clientelismo! Eso es, ni más ni menos, que un avance notable en el camino al pleno empleo.

¿Querrán que se devuelva lo de Invercolsa? Mentecatos. ¿O que los financistas Nule y líderes de la talla de los Moreno, devuelvan el usufructo de su inteligencia y de su habilidad?

Aquí ahora resulta que es malo saberse las vainas, aprovechar las papayas, buscarle la comba al palo de lo legal. Mejor dicho, hacer negocios en el más amplio sentido del término

¿Querrán que las generosas empresas de la salud devuelvan la plata que le han sacado al vulgo, para aspirinarlo debidamente?

¿Querrán que se devuelvan las reservas naturales, los parques, los ríos que se han logrado privatizar con tanto sudor, lágrimas y tiros? ¡Farucos, elenos!

Van a querer estos chisgarabises que se devuelva la historia misma de éste país, llena de magnas epopeyas en las cuales se logró que todo lo perversamente público, cayera en manos de lo privado de conciencia. ¡No!

En cualquier momento nos piden no solo estrellas, sino que devolvamos los millones de votos que tanta plata nos costaron, que devolvamos las elecciones de su eminencia Alejandro Ordóñez, que devolvamos la plata del Plan Colombia, que devolvamos todo lo que nos hemos tragado para nutrir nuestro nunca saciable sistema digestivo. Van a querer hasta que devolvamos los años maravillosos de Uribe, dizque porque lo apoyaron las rectas Autodefensas.

Nada de raro tiene que quieran que les devolvamos hasta el perfecto Frente Nacional, la maquinaria, la exclusión, los auxilios parlamentarios, al Mono Jojoy, la dictadura de Rojas, el cercado del Zipa Tisquesusa, el pagano templo del Sol de Sogamoso, todo el fútbol, las apuestas, que devolvamos a los muy necesarios esclavos a su África de hambre, que les devolvamos el arrullador tiempo de la Colonia. ¡Carajo! ¡Van a querer que les devolvamos el país, nuestro país!

¡NPP! Lo dicho: solo conservar, nada de devolver.

Por eso es necesario que desde ya, por sustracción de materia, vayamos impulsando la candidatura de Enrique Peñalosa para el 2014, a la presidencia por el Puro Centro Democrático. Para que le eche asfalto y le ponga losas cuarteadas a todo ese pasado, que debe quedarse en la tumba del olvido, en el cementerio de lo improbable.

Y si se trata de devolver, pues que Millonarios devuelva a Noemí, estrellita enana apagada, sol extinto.

Corolario: Mi homenaje al pulcrísimo periodista Herbin hoyos, quien en buena hora reveló que en el caso de los niños de Arauca, dizque violados y asesinados por un pundonoroso oficial de nuestro ejército, solo se produjo una seducción de la menor y que fueron las Farc quienes los mataron para encochinar a la Fuerza Pública. Estos periodistas son los llamados a la refundación de la ética. Ojalá que Herbin, y a falta de Obdulio, encuentre en algún medio sensato, su columna de opinión, para que siga haciendo luz con sus verdades, hasta hoy secuestradas.