Juan David Aristizábal y su fórmula para cambiar el mundo

5 de septiembre del 2018

En una de esas tardes típicas de la capital en las que por momentos hace sol y de repente comienza a llover. Estaba él, un hombre que con apenas 29 años ha tenido el privilegio de estar en la lista de 30 emprendedores menores de 30 años que están cambiando el mundo según la Revista […]

Juan David Aristizábal y su fórmula para cambiar el mundo

Foto: Fabio Matheus

En una de esas tardes típicas de la capital en las que por momentos hace sol y de repente comienza a llover. Estaba él, un hombre que con apenas 29 años ha tenido el privilegio de estar en la lista de 30 emprendedores menores de 30 años que están cambiando el mundo según la Revista Forbes. ‘Paisa’ de pura cepa, criado entre cafetales y desde temprana sintió la necesidad de cambiar el mundo con pequeñas acciones, Juan David Aristizábal encontró entre Bogotá, Pereira y Manizales su lugar en el mundo.

Con una enorme sonrisa dibujada en el rostro, y algo de nerviosismo debido a que las miradas de decenas de personas estarían sobre él por la presentación de su libro ‘Todos podemos cambiar el mundo’, en el que por medio de su experiencia explica cómo se puede transformar el planeta teniendo como premisa el enamorarse de los problemas.

“El libro es un manual de cómo se puede cambiar el mundo, en él se pueden encontrar preguntas, una playlist que lo puede inspirar mientras lo lee y sobre todo es una invitación a que las personas trabajen por su entorno por medio de pequeñas tribus”, cuenta Juan David a KienyKe.com en el marco de la presentación de su libro.

Foto: Fabio Matheus

Mientras unas tímidas gotas de lluvia caían sobre el Parque de la 93, este emprendedor confiesa cómo fue descubriendo cada una de sus habilidades. Sus primeros meses de vida no fueron nada sencillos, pasó varios años en la cama de un hospital debido a una difícil enfermedad respiratoria que gracias a la capacidad de resiliencia que desarrolló desde temprana edad pudo superar. Allí se enamoró del cine, pasión que no quiso abordar desde la academia, pero que de manera aficionada ha dedicado gran cantidad de horas que incluso se ven reflejadas en las constantes comparaciones que realiza entre su cotidianidad y el cine.

“El cine le permite a uno soñar, imaginar mundos distintos, ayudar a construir narrativas, construir cultura y por eso me apasiona tanto. La invitación de una película es que hay un protagonista que puede ser el héroe, uno tiene la responsabilidad en la vida de ser el héroe de su propia película”.

Esos años en el hospital lo hacían pensar constantemente en la muerte. Esa comparación con el cine lo llevaba a plantearse una pregunta: “¿Cuál será el capítulo final de mi historia?”, un dilema bastante existencial pero que le permitió prepararse para los momentos difíciles y cómo afrontarlos para plantearse el cuestionamiento final: “¿Cómo quiero que me recuerden?”.

A pesar de los momentos difíciles, crecer en el seno de una familia tradicional en la que siempre contó con el apoyo de sus padres le permitió desarrollar una coraza de acero. Todo el mundo lo ve sonriente, no le niega un saludo a nadie ni mucho un consejo a todo aquel que lo busca con deseos de emprender.

El día más feliz de su vida

Para una persona que está acostumbrada al reconocimiento público y a recibir todo tipo de distinciones individuales se podría pensar que uno de los momentos más felices de su vida podría estar relacionado con alguno de ellos, como el día que empezó a estudiar administración de empresas o cuando se ganó una beca para estudiar relaciones internacionales y periodismo en la Universidad de Columbia, para Juan David este se remite a sus primeros años de vida.

Foto: Fabio Matheus

Varios meses en la cama de un hospital, sin poder compartir con otros niños lo llevaron a sentir impotencia en ciertos momentos. Por esto, el día que tuvo la oportunidad de abandonar el centro clínico y regresar a clases lo recuerda tal y como si fuera ayer.

“Recuerdo que cuando era pequeño estaba de moda la película de Pocahontas. Ese año me quería disfrazar del perro que aparece en la cinta pero no pude hacerlo, cuando llegué al colegio en el primer día vi que mis compañeros organizaron una fiesta de disfraces y justamente la temática era sobre la película, verlos a todos con sus disfraces me hizo sumamente feliz”, expresa Juan David visiblemente emocionado por aquel día.

De aquel niño con problemas de salud y que pasaba gran cantidad de horas en el hospital queda poco. Hoy con 29 años y después de haber liderado gran cantidad de proyectos invita a los jóvenes a no dejar de soñar, a creer en esos proyectos que muchos suelen enterrar y a defenderlos con argumentos.

Por: Andrés Romero Cuesta

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