El drama detrás del tráfico de animales

El drama detrás del tráfico de animales

8 de noviembre del 2017

La gente usa las redes sociales para compartir información, buscar amigos, otras más arriesgados tratan de encontrar pareja. Daniel Stiles, sin embargo, no las usó para ninguna de esas cosas: él estaba buscando fotos de simios. Tenía una sola idea en mente: salvarlos del terrible tráfico de animales.

Durante semanas, Stiles, que se ha llamado a sí mismo ‘detective de tráfico de monos’, estuvo buscando información en Facebook, Instagram y WhatsApp. Finalmente encontró una cuenta en Instagram en la que aparecían animales exóticos en venta. Muchos de ellos eran monos vestidos como niños. “La manera en que negocian, hace que los mafiosos parezcan novatos”, le dijo al New York Times.

Tan pronto encontró las fotos se comunicó con el responsable. Le pidieron 15 mil dólares por dos orangutanes bebés. ‘Tom’ se hizo llamar el comerciante, que con seguridad sabía el destino que le esperaba a los animales: un zoológico de mala muerte o un coleccionista privado.

El tráfico de animales

Cómo el de personas, el tráfico de animales también es un crimen espantoso que mueve miles de millones de dólares al año. Un solo ejemplar de orangután bebé, por ejemplo, podría estar costando cerca de u$250.000. Técnicamente, el comercio de animales a escala internacional está regulado por la Convención internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Salvajes (Cites por sus siglas en inglés).

El objetivo de la Cites es controlar el tráfico indiscriminado de especies animales y vegetales. Se adoptó en 1973 luego de una reunión de la Unión Internacional para la conservación de la naturaleza. 

Explica el convenio que “el comercio es muy diverso, desde los animales y plantas vivas hasta una vasta gama de productos de vida silvestre derivados de los mismos, como los productos alimentarios, los artículos de cuero de animales exóticos, los instrumentos musicales fabricados con madera, la madera, los artículos de recuerdo para los turistas y las medicinas. Los niveles de explotación de algunos animales y plantas son elevados y su comercio, junto con otros factores, como la destrucción del hábitat, es capaz de mermar considerablemente sus poblaciones e incluso hacer que algunas especies estén al borde de la extinción. Muchas de las especies objeto de comercio no están en peligro, pero la existencia de un acuerdo encaminado a garantizar la sustentabilidad del comercio es esencial con miras a preservar esos recursos para las generaciones venideras”.

 El comercio ilegal de animales es un problema de corte global, y que en el mediano y corto plazo afectará gravemente el medio ambiente. Eso incluye la inminente desaparición de varias especies. Para el 2015, el Cites registró que se había registrado más de un millón doscientas mil transacciones. Para lo que la gente compra más animales es para distintos niveles de consumo –carne, pieles, cuernos, dientes–, seguido de entretenimiento –circos y zoológicos–, y como mascotas. Casi siempre el trato hacía ellos es cruel, y sin contemplaciones se les trata como mercancía y no como seres vivos.

Los elefantes, a quienes cazan por el marfil de sus cuernos; los rinocerontes, que son buscados por lo mismo, los grandes felinos, tigres, jaguares, leones; aves, usadas como ornamento o mascotas, y los simios son algunas de las especies más amenazadas.

El caso de Colombia

Colombia es un país afortunado: es uno de los lugares del mundo con mayor biodiversidad. Eso la convierte, también, en un ‘manjar’ para los traficantes de animales. Se estima, según el Instituto Von Humboldt que hay cerca de 250 especies amenazadas.

Por tráfico, la primera es la tortuga hicotea, que es cazada por su carne y sus huevos. Además, su hábitat se ve constantemente afectado por la contaminación. Para el 2017 se habían decomisado más de 54 mil ejemplares. En la lista sigue la tortuga Morrocoy, el caimán, la iguana, el periquito bronceado, el loro y el mico titi y las ranas venenosas.

A pesar de que las autoridades han hecho esfuerzos importantes por contrarrestar el delito, la poca consideración que tienen las personas, compradores y traficantes, ha hecho que sea muy difícil. En ese sentido, la Policía Nacional realiza constantes decomisos de toda clase de animales, muchos de ellos en grave estado. La conclusión es preocupante: no hay suficiente consciencia medioambiental en Colombia. 

El operativo del detective de los monos

Daniel Stiles viajó a Bangkok. Por unos días estuvo intercambiando mensajes de texto con Tom, el traficante al que iba a cazar. Entonces Stiles se puso en contacto con la fundación Freeland, un grupo de animalistas asentado en Tailandia, que operaba de incognito, y que con la ayuda de la policía planearon el operativo para dar con Tom.

Un par de días después de la comunicación, las autoridades montaron un completo operativo que incluía policías de incognito y toda la parafernalia de un golpe a una poderosa red de traficantes. De pronto llegó un taxi, de inmediato los agentes lo intersectaron el vehículo y rescataron a dos chimpancés bebés que ahora están en un refugio. El conductor fue detenido. No era Tom. Stiles lo seguirá buscando; a él y a otros que hagan lo mismo.