“TransmiGirl”: librando una nueva batalla contra el delito

5 de agosto del 2019

La mujer que ha atrapado ladrones en Trasnmilenio se lanza al Concejo de Bogotá.

“TransmiGirl”: librando una nueva batalla contra el delito

Cortesía Armando Martí

Haber nacido en Bogotá, la ilustre capital de Colombia, es algo que me inspira y emociona todavía en mi presente, a pesar de todo.

Salir a caminar por sus calles y encontrarse con diversas personas de otras regiones de Colombia, así como también, con turistas de m

Múltiples culturas y países, que entusiasmados observan los contrastes arquitectónicos de la ciudad entre lo colonial y lo moderno, y complacidos degustan los variados y deliciosos platos típicos de la cocina santafereña, es algo que siempre me sorprenderá en la vida.

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El nombre de Bogotá se origina de la palabra chibcha Bacatá, que para algunos estudiosos significa “La dama de los Andes”. Un poético nombre, quizás inspirado en las bellas montañas de color verde que se elevan imponentes y son parte de la cordillera de los Andes sobre el Oriente de la ciudad. En esta maravillosa urbe llena de eternos misterios, convergen todo lo bueno y también tristemente todas las vibraciones adversas de Colombia.

La otra cara de nuestra querida capital no es para nada amable, sobre todo en los temas de seguridad ciudadana, la cual durante los últimos años ha sido debilitada de forma inclemente y sistemática por la delincuencia común y organizada, generando un caos que está afectando gravemente a la ciudadanía.

Cortesía Armando Martí

Cada mañana, al comenzar el día, recibimos angustiantes noticias que nos llegan a través de los diferentes medios de comunicación, los cuales de forma responsable, cumplen con su deber de mantener informada a la opinión pública de los delitos que en forma alarmante crecen hora tras hora, tales como los que ocurren en Transmilenio y el transporte público, que van desde homicidios a lesiones personales, hurtos de celulares y a personas, hasta delitos sexuales; y en las calles, saqueo a residencias y robo de automotores, motocicletas y bicicletas; venta y distribución de narcóticos, violencia intrafamiliar, riñas y alteración del orden público, entre otros.

El miedo ciudadano

El miedo es una sensación agobiante y en ocasiones paralizante, provocada por la presencia de un peligro real o imaginario.

Cuando estamos sometidos a estos altos grados de inseguridad que ocurren diariamente, y además pocas veces denunciamos, y cuando lo hacemos, el mismo sistema policial y de justicia se encarga de desanimarnos, se produce entonces como resultado de algunos trámites ineficientes y engorrosos, una marcada disminución de la confianza en el ciudadano frente a los diferentes estamentos de seguridad, lo que genera en las víctimas directas o indirectas de los delitos, un estrés post-traumático que se multiplica en cada persona disgregando el tejido social.

Cortesía: Luisa Umaña

Lo anterior se ve reflejado en la gran indiferencia e indolencia por parte de la mayoría de los ciudadanos. Esta actitud de “sobrevivencia” en donde la persona se aísla y desconecta de su principal valor social y moral, en este caso el de ayudar y apoyar a sus semejantes, hace que crezca la impunidad y sigamos siendo sometidos y flagelados de forma dramática e inhumana por las sombras de los delincuentes, que están tomando inusitada fuerza para controlar la tranquilidad, la paz y la seguridad de los bogotanos.

Este erróneo comportamiento de “dejar pasar por alto”, una situación que a todos nos afecta, quizás anestesie por momentos nuestros temores pero a la larga, la culpa y la vergüenza, nos harán sentir muy mal con nosotros mismos, pues la conciencia humana no está diseñada para ser domesticada, y tarde o temprano, nos sentimos a punto de estallar y decir ¡No más! Pero no lo hacemos.

Por el contrario, desde una cómoda pero insana posición reprimimos este impulso justo y liberador, que podría aportar soluciones constructivas para unirnos sin violencia ni insensatez y poder protegernos en comunidad. En lugar de estas opciones positivas, aparece entonces la frustración y con ella, los sentimientos internos agresivos y temerosos, que enferman y neurotizan a muchos miembros de nuestra sociedad.

El fenómeno social de la “TransmiGirl”

El pasado viernes 12 de julio, la joven Luisa Umaña, de 28 años y estudiante de Ingeniería Comercial, abordó uno de los articulados del sistema integrado de transporte Transmilenio, para dirigirse a una entrevista de trabajo.

Sobre las inmediaciones de la estación del Campín, observó cómo un individuo de aspecto “agresivo”, robaba el celular de una usuaria de este servicio. Sintiendo una extraña fuerza y un incontenible impulso, le rapó de las manos al sujeto el dispositivo electrónico y empezó a gritar: “¿De quién es este celular?” Al tiempo que le grababa el rostro.

Cortesía: Luisa Umaña

Este hombre (como está registrado en el video subido a las redes sociales a través del Facebook de Luisa), intentó agredirla e intimidarla, pero ella, por el contrario, siguió grabando los hechos, y descubrió que había otras tres personas cómplices de estos actos delictivos.

Dicha grabación se volvió viral en cuestión de horas, y este acto heroico fue registrado por algunos medios de comunicación nacionales, generando el apoyo de la ciudadanía y el deseo de incentivar estas valientes acciones, que sin invitar al desborde y a la violencia, sirven para mitigar la angustia en la que viven los miles de usuarios de TransMilenio.

Aquella unánime actitud fue reforzada, quince días después, el 24 de Julio, cuando nuevamente esta decidida mujer, logró frustrar otro robo protagonizado por un inmigrante venezolano que intentó escaparse hacia la Carrera 30, acción que fue impedida por la nueva solidaridad ciudadana. A partir de estos hechos, Luisa Umaña, fue bautizada en las redes sociales como la “TransmiGirl”.

Reflexivo y cuestionado con esta proeza, decidí contactarme con Luisa Umaña e invitarla a una entrevista para conocer las razones que la impulsaron a realizar este inusual comportamiento social, y también los motivos para lanzarse al Concejo de Bogotá con el aval del partido Cambio Radical.

Cortesía Armando Martí

Armando Martí durante la entrevista con Luisa Umaña la “TransmiGirl”

Armando Martí: Luisa ¿qué la motivo a tomar la decisión de enfrentarse cara a cara con el peligro, exponiendo su vida para ayudar a otros?

Luisa Umaña: Toda mi vida he sido una persona que reacciona. Uno no sabe cómo va a reaccionar ante una situación, hasta que tiene que vivirla. Hay personas que se quedan en shock y es entendible, no todos reaccionamos de la misma manera, pues somos diferentes.

Pero ese día puntualmente, el 12 de julio, por supuesto fue Él (Dios), quien me dio la audacia y la tenacidad para reaccionar. Él estuvo ahí respaldándome, es decir, no era uno, no eran dos … eran cuatro, era toda una banda. Yo siento que debía estar ahí, en ese momento, para ayudar.

A.M: ¿Eso quiere decir, que la ausencia de miedo no provino de una mente entrenada por algún sistema de autocontrol como la meditación o las artes marciales, sino en su caso, de una fuerza espiritual?

L.U: Sí, Él me dio la fuerza para reaccionar, pues aún cuando yo estaba temblando, seguía firme y sin miedo. No sentía rabia ni mucho menos violencia o deseos de venganza, lo podría definir como una calma interna, que me hacia ser muy consciente de mis acciones, y afirmaba mi deseo de ayudar a estas víctimas.

Lo más bonito del desenlace, es que ese día tuve la oportunidad de conocer a dos personas maravillosas: la señora que iban a robar y su hija, a quienes acompañé a poner el respectivo denuncio ante las autoridades por este hecho. Yo les decía que toda esta situación tenía un fin más profundo, es decir, espiritual.

A.M: ¿Usted cree que este fenómeno de la “TransmiGirl” se puede sostener en el tiempo, y no es simplemente un furor más, como ha pasado con las campañas en TransMilenio contra el abuso sexual, los colados y la seguridad?

L.U: Pienso exactamente lo mismo. En estos días mis papás han tenido mucho temor por mi vida y me decían: “¡Luisa, no más! No más medios de comunicación, nos está exponiendo y se está exponiendo”.

Y les respondí: “Tranquilos, Dios me está usando con un fin, ¿cuál es? No tengo ni idea. Yo voy con los ojos vendados porque su voluntad es mi camino. Que me use hasta donde Él quiera llegar con esto”. También a Dios le digo: “Llévame Señor hasta donde tú quieras. Hazme invisible a los enemigos. Siento que este es un plan tuyo perfecto para el bien de muchos colombianos”.

Cortesía Armando Martí

A.M: Luisa, ¿estos actos protagonizados por usted, son parte de una especie de cruzada espiritual contra la delincuencia de la capital?

L.U: Sin lugar a dudas, es una batalla espiritual contra el delito. Hoy les habló directamente a todos los que transgreden la ley en Bogotá, al igual que aquellas personas egocéntricas, orgullosas y de corazón duro, que hacen el mal de otros formas: este momento es su oportunidad para que participen de una nueva sociedad y aprovechen las segundas oportunidades que Dios les da en la vida, con el propósito de hacer las cosas bien sin dañar a sus semejantes.

A.M: Al parecer hay gente que piensa que usted es una “oportunista”, que incluso contrato a algunos actores para que fingieran ser los ladrones a quienes usted denunció, y de esta forma generar un movimiento social en esta época de elecciones, con el fin de oficializar su candidatura al Concejo de Bogotá aprovechando el “boom” figurativo, ¿qué tiene que decir al respecto?

L.U: Yo no soy nadie para juzgar, y entiendo que la política está muy mal vista en este país, hasta me he llegado a preguntar: ¿dónde corro más peligro al interior de un Transmilenio, o en el mismo Concejo de Bogotá?

A.M: ¿Por qué lo dice?

L.U: Hay muchas personas que ocupan estos cargos políticos y se han dejado corromper sin cumplir sus funciones. Ahora bien, si llega una persona como yo, con estos valores, principios y una base espiritual, pienso que podría ser una piedra en el camino para algunos que tienen guardados oscuros secretos, y están cegados por la ambición y el poder.

A.M: Entonces según usted, ¿algunas personas que están o aspiran al poder, pueden ser más peligrosas para la comunidad que los mismos delincuente de la calle?

L.U: Completamente, pero yo voy de la mano con el Señor. Ni siquiera la gente me ha dado la oportunidad de escucharme hablar y ya me están juzgando, como buscando un punto de quiebre. Yo sólo les digo que nada va a cambiar en este país y en la ciudad, si seguimos eligiendo a las mismas personas.

Armando, sinceramente yo tenía dos opciones: seguir en mi vida pero temerosa de que algo me sucediera como venganza, o continuar ayudando a los ciudadanos para que se haga justicia, en este caso como concejal y de forma masiva. Por supuesto, elegí la segunda.

A.M: ¿Esta decisión fue suya o también estuvo inspirada por alguna misión que Dios le encomendó a usted y a su Iglesia?

L.U: Yo le pedí señales a Dios y le dije: “Señor si esto es para mí y si es tu voluntad, por favor mándame señales. Si ves que es el enemigo queriendo confundirme, pon trabas”. Y Él me envió señales muy contundentes de seguir en el camino.

Por eso entiendo a las personas que piensan de esa manera, y sólo puedo decirles que la victoria me la da Dios. Asimismo, les pregunto a ustedes: ¿aprovecharían una oportunidad así o la dejarían pasar?

A.M: Creo que algunas personas que descubren en su camino una oportunidad para encontrar el sentido de la existencia, podrían aprovecharla y más, si están reforzadas por una conexión espiritual.

Recordemos que el vacío existencial es la enfermedad del siglo XXI, por eso hoy entiendo a través del claro-oscuro de su acción, que usted encontró un sentido no sólo para Luisa (la “TransmiGirl”) sino también una motivación, con el fin de prestar un servicio a la sociedad.

L.U: Todo lo que estoy viviendo, es un proceso transformativo que se realiza paso a paso, en donde estoy reconociendo qué es lo que quiero y cuál es el sentido de mi vida, porque soy un ser humano común y corriente. Pero definitivamente, tengo que seguir preparándome en muchos aspectos, pues es lo mejor que puedo hacer por mí, por mis hijos y por los demás.

Servir a la sociedad es un compromiso personal. Hace poco hablaba con mi mamá y le decía: “si los ciudadanos me dieran la oportunidad de ser concejala, más allá del prestigio y el dinero, que va y viene, yo quiero donar parte de mi sueldo para ayudar a fundaciones y barrios vulnerables de Bogotá, porque yo no vine a este mundo a llenarme de cosas materiales”. Estoy a disposición de lo que quiera Dios para mi vida, y siento que me está guiando a lo que yo le he pedido desde pequeña.

A.M: Al estar su imagen tan identificada en las redes sociales y amenazada por los delincuentes, ¿alguna autoridad le ha suministrado un plan de seguridad personal?

L.U: Hasta ahora no, pero no me preocupa pues Dios es el capitán de mi vida, y desde el sentido común debo cuidarme de volver a montar en TransMilenio. Además, tengo que seguir mis instintos, puesto que venezolanos y colombianos me han reconocido y pueden llegar a buscar peligrosas retaliaciones. Sin embargo, yo camino por la calle tranquila, porque sé que puedo estar con el enemigo al lado y Dios me hace invisible o manda ángeles para cuidarme. De eso estoy segura.

A.M: Luisa, ¿cuáles serían algunas de sus propuestas en el evento de salir elegida como concejal de Bogotá?

L.U: Realmente, yo no estudié para hacer política. Soy consciente de que tengo que prepararme y lo voy a hacer, y lo estoy haciendo desde mi experiencia directa como ciudadana del común.

La seguridad es el fuerte de mi campaña. Sé que las personas no se sienten tranquilas cuando salen a la calle, y eso tiene un trasfondo en sus vidas personales. Por ejemplo el hecho de no poder salir a hacer las diligencias, porque le pueden quitar a uno lo que trabaja con el sudor de la frente, o la zozobra de una madre en su casa esperando a que llegue bien su hijo.

También quiero trabajar en aportar al medio ambiente. Bogotá es nuestra casa grande, aquí es donde vivimos, y si no hacemos nada para generar cultura ciudadana y erradicar los malos hábitos como tirar la basura en las calles, ser agresivos el uno con el otro, y sobre todo compadecernos del sufrimiento ajeno, se nos puede derrumbar esta casa que en realidad es de todos.

Cortesía Armando Martí

A.M: ¿Una de las guías de su campaña sería la de transformar una sociedad fría e indolente, en una comunidad humanística, firme y compasiva?

L.U: La transformación de la cultura ciudadana hacia una nueva y renovada fuerza interior y espiritual, es un tema fuerte en mi campaña, pues debemos aprender a tener más compasión y firmeza en el carácter, para tomar decisiones y poner límites a las situaciones que nos perjudican.

Hoy vemos cómo la migración de los venezolanos nos afecta y agobia, pero algo bueno tiene que pasar con ellos, es decir, somos seres humanos y tenemos que apoyarnos. Pero también debemos recordarles, que no se están comportando de la mejor manera y dejan muy mal el nombre de Venezuela.

Si vienen a robar a Colombia, las autoridades están en el derecho y la obligación de defendernos, y si es el caso, deportarlos. Nosotros no podemos asumir los platos rotos por las malas decisiones y acciones de ellos.

A.M: Finalmente Luisa, ¿quisiera dar un mensaje a los lectores?

L.U: Si mis palabras tocaron sus corazones, pueden escribirme para contarme alguna situación similar, o simplemente porque sintieron curiosidad por mis experiencias espirituales. Mi iglesia y yo, estamos dispuestos a acompañarlos, guiarlos y escucharlos si tienen alguna opinión. Todo suma. Yo no estoy sola en esto, somos un equipo y quiero trabajar con la ciudadanía.

Los invito a que dejemos la indiferencia, a que nos solidaricemos y empecemos a agradecer más. A las señoras que nos sirven a la mesa, gracias. A los señores que nos ayudan en el aseo, gracias. A los que nos colaboran con la seguridad, gracias.

Agradecimiento total, por existir y soñar con una sociedad unida en una paz firme pero sin violencia ni egoísmo; desde las mejores intenciones para hacer las cosas bien y que florezca en el corazón, amor y satisfacción por el deseo de ayudarnos los unos a los otros.

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